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Esa noche, mientras se velaba el cadáver en la gallera, José
Arcadio Buendía entró en el dormitorio cuando su mujer se estaba poniendo el
pantalón de castidad. Blandiendo la lanza frente a ella, le ordenó: "Quítate
eso." Úrsula no puso en duda la decisión de su marido. "Tú serás responsable de
lo que pase", murmuró. José Arcadio Buendía clavó la lanza en el piso de tierra.
—Si has de parir iguanas, criaremos iguanas —dijo—. Pero no habrá más
muertos en este pueblo por culpa tuya.
Gabriel
García Márquez
Cien años de soledad
Ya en el siglo XVI los Gallos
Jerezanos fueron los primeros gallos españoles exportados a América
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