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Entrevista

Entrevista a Pepe Oneto, periodista

Quedamos para charlar en la cafetería de un club deportivo cercano a su casa, aprovechando que ese día no tiene tertulia en la radio por la mañana. Con su inconfundible flequillo y con la ironía de siempre, Pepe Oneto va desgranando experiencias, a la vez que trata de explicar la encrucijada en la que actualmente se encuentra la profesión. Tras dejar claro que el periodismo actual ha perdido en parte la épica y la bohemia de los años 60 y 70, recuerda entonces se peleaba contra la censura, mientras que ahora se pelea contra la precariedad laboral, el paro y las deudas bancarias.

¿Cómo se ejercía el periodismo en las postrimerías de la dictadura?
En mi etapa de director de “Cambio 16”, principios de los setenta, todavía podías ir a la cárcel por publicar una noticia. Pero también había editores que hoy no existen. Los últimos grandes editores fueron Antonio Asensio, Jesús de Polanco y Juan Tomás de Salas. Los editores han desaparecido y los periódicos están en manos de los bancos.
Antes de “Cambio 16” trabajó en el “Diario Madrid” y en la agencia France Press.
Mi primer trabajo fue en una revista de Acción Católica que se llamaba “Signo”. Luego vino “Diario Madrid”, que lo cerraron, y de ahí pasé a France Press, donde me pagaban cinco pesetas por manifestación y el doble si había heridos.

¿Cómo consiguió colaborar en una agencia de prensa tan importante entonces?
Entré por una apuesta. La historia es algo larga, pero se la voy a contar. El director del “Diario Madrid”, Antonio Fontán, estaba en el círculo de amigos del Conde de Barcelona, y yo le conté al director de France Press en España que Franco iba a nombrar como sucesor al príncipe Juan Carlos, porque así se lo había dicho a Fontán el propio Conde de Barcelona. Michel me comentó luego que había hablado del tema con Fraga y que eso era un disparate. Entonces, hicimos la siguiente apuesta: si se confirma, das la noticia y me metes en la agencia. Efectivamente, se confirmó, aunque tuvimos que poner el titular en condicional: “Franco podría nombrar sucesor a título de Rey al príncipe Juan Carlos”.

¿Y qué tal le fue en France Press?
El trabajar en una agencia extranjera me permitió tener acceso a todas las fuentes de la oposición. Estaba en un sitio privilegiado. Tanto es así que cuando se creó Colpisa, con Manu Leguineche, yo les escribía una crónica diaria que se llamaba “Impresión del día”, donde se contaban cosas que no se contaban en ningún otro medio. Tenía acceso a información que luego filtraba, entre líneas, porque no se podía explicar con demasiado detalle. Recuerdo que fui el primero en publicar un breve discurso de Don Juan contra Franco. Lo conseguí durante una cena en Estoril, donde estaba exiliado. Le abrí el maletín al padre de Alfonso Ussía, Conde de los Gaitanes, y me quedé con una copia. Me salí del salón y lo dicté por teléfono. Después se reunió el Consejo de Ministros y se le prohibió la entrada en territorio nacional al padre del entonces príncipe Juan Carlos.

Pepe Oneto, en los tiempos de la transición

Ahora no hay censuras, pero sí presiones y controles de otro tipo.

Yo creo que ahora se guardan menos dosieres en los cajones, pero los periodistas estamos siendo más ninguneados y tenemos más miedo que antes. El periodista de ahora es muy dócil. Juan Luis Cebrián no puede dar lecciones porque ha hecho mucho daño a la profesión. Ha entrado en esa carrera donde hay que coger becarios que hagan de todo, mientras se prescinde de los periodistas senior y con experiencia.

Parece que le tiene ganas a Cebrián…
Hombre, yo creo que Juan Luis ha sido un gran director de periódico, un mal contador de historias y un pésimo gestor. Es el que se ha cargado el Grupo Prisa. Tienen una deuda que jamás conseguirán amortizar. El periódico está en manos de los bancos y de los fondos piratas.

Como periodista multimedia, ¿dónde se encuentra más cómodo?
Yo siempre digo que un periodista es un contador de historias. García Márquez ha sido el mejor periodista del mundo. Es más, los dos mejores contadores de historias son dos escritores que antes fueron reporteros y periodistas de France Press: Gabo García Márquez y Mario Vargas Llosa. Volviendo a su pregunta, a mí lo que más me gusta es escribir. La condición que puse, cuando me ofrecieron la dirección de “Cambio 16” y posteriormente la de “Tiempo”, es que yo seguiría escribiendo crónicas y reportajes. Yo quería seguir contando historias, como la agonía de Franco, el juicio del “23-F” o los viajes del Rey. Para ser director de un medio hay que ser organizado, tener sensibilidad a la hora de tratar con la gente, pero estas no son cosas exclusivas del periodismo.

¿Qué opina de la complicidad entre políticos y periodistas durante la transición?
La transición a la democracia fue para muchos profesionales de mi generación la aventura de nuestras vidas. No sólo hacíamos periodismo, sino que éramos conscientes de que estábamos participando en un proyecto histórico. Hubo un momento en el que nos dábamos cuenta de que habíamos entrado en el consenso de los partidos políticos. ¿Qué ha pasado luego? Pues que muchos se han resistido a volver a sus cuarteles de invierno y quieren seguir teniendo influencia política. Hay muchos ejemplos. Ahora los periodistas no tenemos que participar en la construcción de nada, sino limitarnos a contar lo que está pasando. El periodista es notario de la propia actualidad.

¿Quién fue su referente, su maestro?
Siempre admiré mucho a Manu Leguineche. Manu fue un gran director de agencia, pero sobre todo un gran contador de historias y un gran enviado especial. Era, por otro lado, un hombre de una gran calidad humana y ha sido el maestro de muchas generaciones de periodistas. También siento mucha admiración por profesionales de la radio —porque tienen facultades que yo carezco de ellas—, como Carlos Herrera o Carlos Alsina, el nuevo fenómeno radiofónico. En las entrevistas, Carlos Alsina saca petróleo de pozos en los que parece que es imposible sacar nada. En la televisión mi maestro siempre fue Jesús Hermida. Trabajé con él cuatro años en la dirección de Antena 3 TV y era un fenómeno.

¿Qué reflexión haría sobre Internet y las redes sociales?
Hoy en día no se puede funcionar sin Internet, lo que ocurre es que hay que utilizarlo como un instrumento y no como un fin. Los periódicos de ahora se hacen con becarios; becarios que por mil euros hacen de todo. Entonces no tienen tiempo de elaborar una buena crónica. Cogen Internet, cortan y pegan, más o menos brillantemente. Pero los culpables de esto son los editores: primero precarizan la profesión económicamente y luego son incapaces de especializar a los profesionales.

¿No corren demasiados bulos por las redes sociales?
Hay mucha falsedad, pero es inevitable. Sin embargo, todos los jefes de Estado tienen su cuenta de twitter. Que se lo digan a Donald Trump, que habla más desde twitter que desde la Casa Blanca.

¿Existe el periodismo de investigación o son filtraciones interesadas?
Eso de la investigación ya se ha acabado. Yo he creado los mejores equipos de investigación de este país —primero en “Cambio 16” y luego en “Tiempo”— pero fue hace casi cuarenta años. Un periodista de investigación no cobraba menos de 3.000 euros al mes. Dígame ¿qué periodista y en qué medio gana 3.000 euros en este momentos? Dejar a un redactor dos meses trabajando en un tema es ahora impensable.

¿Cómo se imagina el periodismo dentro de veinte años?
Soy incapaz de hacer un pronóstico. Esto está cambiando muy deprisa. Sin embargo, por mucho que se hable del periodismo ciudadano, el periodismo seguirá siendo periodismo.

Pese a todo, me da la sensación de que ha disfrutado mucho con su profesión…
Siempre digo que esta es la profesión en la que no se envejece inútilmente.  Yo he conocido a reyes, a presidentes de gobierno, he viajado por todo el mundo… Y, por supuesto, he pasado momentos inolvidables y también situaciones difíciles.

¿Hay demasiado partidismo, demasiado periodista alineado políticamente en nuestro país?
Esto es también consecuencia de la precariedad en la que se encuentran la profesión. Para hacer frente a la inseguridad, algunos compañeros intentan acercarse a un partido político para que éste los proteja. Entonces lo que haces es seguir su argumentario. En estos momentos te encuentras con jóvenes profesionales que están fascinados por Podemos. Y si Pablo Iglesias se sienta con sus compañeros en un círculo, los periodistas se sientan también. Saben que Podemos puede presionar a su editor para que fulanito o menganito no cubra la información de su partido. Y los editores tragan. Lo digo igual del PP y del PSOE.

¿Qué le sobra y qué le falta al periodismo?
Al periodismo le falta brillantez en el relato, le falta análisis y le faltan datos. Le sobra, muchas veces, opinión que no interesa. Por otro lado, estamos en una situación en la que manda el espectáculo.

¿Y qué le sobra o le falta al tertuliano?
El tertuliano tiene que dar información. La opinión debe estar relacionada con la información que ofrezcas y con la información que tengas. No se puede ir a una tertulia de campo y playa, sin haber siquiera profundizado en los periódicos. Yo estoy todo el día enganchado; enganchado al móvil, a Internet y veo a gente que está desconectada todo el día y que luego se conecta una hora antes de la tertulia. Claro que eso también se nota.

¿Qué noticia no le hubiera gustado dar nunca?
La crónica de la situación actual de Cataluña. Estamos resucitando de nuevo las dos Españas y a mí eso no me gusta nada. En vez de enterrar a Franco, como proclama la izquierda independentista, yo creo que los están resucitando.

¿A qué se debe el descrédito en el que han caído los políticos?
Eso es porque tenemos la peor clase política que haya habido nunca en nuestro país. Son incapaces de resolver los problemas.

Entrevista: Javier del Castillo

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