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Apertura del Año Jubilar de la catedral de Sigüenza

 Con la lectura de la Bula de Concesión del Jubileo, por parte del deán de la catedral, Jesús de las Heras, en una misa solemne a la que acudieron la mayor parte de los sacerdotes que ejercen su labor en Guadalajara, así como también personalidades civiles y militares locales, provinciales, regionales y nacionales, entre las que se contaron el alcalde de Sigüenza y presidente de la Diputación, José Manuel Latre, el subdelegado del Gobierno en Guadalajara, Juan Pablo Sánchez, el delegado de la Junta de Comunidades en Guadalajara, Alberto Rojo, o el alcalde de Guadalajara, Antonio Román, entre otros.

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El 19 de junio tuvo lugar la apertura del Año Jubilar de la Catedral del Sigüenza. El canto alegre de los vencejos sobrevolando la ciudad en uno de los primeros días de calor de este final de primavera subrayaba el tañido de las campanas que anunciaban la ceremonia.

Por ser 19 de junio, cientos de fieles se encaminaban hacia la Fortis Seguntina para conmemorar que, tal día como ayer, hace 850 años, y como consta en documentación escrita y en documentación epigráfica, el obispo Joscelmo consagró, o dedicó litúrgicamente para el culto divino, la catedral de Sigüenza. Su construcción había comenzado tras la reconquista de Sigüenza y la restauración de la diócesis, en 1124, por parte del obispo Bernardo de Agén

La prueba epigráfica de la consagración de la catedral es un crismón, esculpido en el dintel de la torre del Santísimo o del Gallo, al lado de la capilla del Doncel. En esta capilla, que poco después se dedicó al santo mártir británico del siglo XII Tomás Becket (el obispo Joscelmo era también inglés), pudo tener lugar la celebración de la consagración de la catedral seguntina. Desde entonces, como recoge el actual y renovado «Libro propio de la Misa de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara» (página 18), se celebra la efeméride, con rango de solemnidad en la catedral y de fiesta en el resto de la diócesis.

Desde ayer, con motivo de estos 850 años, la catedral de Sigüenza acoge y celebra Año Jubilar desde el 19 de junio de 2018 al 19 de junio de 2019. Esto significa que los 366 días que incluyen ambas fechas citadas del Jubileo de la catedral de Sigüenza, son días, cada una de ellas, con posibilidad de recibir las gracias jubilares otorgadas por el Vaticano: la indulgencia plenaria.

Muy puntual, como todo en la ciudad, a las seis de la tarde comenzaba el acto, incluido en una ceremonia religiosa, con una procesión inicial en la que, desde la Sacristía de las Cabezas, desfilaron por nave catedralicia cerca de un centenar de sacerdotes de la provincia, la gran mayoría de cuantos ejercen su labor en Guadalajara. Detrás de todos ellos, el obispo de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodriguez, con el incensario, con el que entronizó la insignia que simboliza la Catedral, antes de empezar la misa. VER PROCESION. Fue el obispo quien presidió la solemne eucaristía en el crucero de la catedral, llenó de fieles para la ocasión. Entre ellos se contaban el alcalde de Sigüenza, y presidente de la diputación, José Manuel Latre; el delegado de la Junta en Guadalajara, Alberto Rojo; el alcalde de Guadalajara, Antonio Román y el subdelegado del gobierno en Guadalajara, Juan Pablo Sánchez, entre otras personalidades civiles y militares locales, provinciales, regionales y nacionales.

El papa Francisco, a petición del obispo de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez, había concedido a la catedral de Sigüenza un Año Jubilar, con ocasión del 850 aniversario de su consagración o dedicación litúrgica. Se trata del primer año jubilar que la Santa Sede concede en la historia a la ciudad de Sigüenza y a la diócesis. Jesús de las Heras, deán de la catedral, dio lectura a la Bula de concesión del Jubileo, momento que se considera el inicio del año Jubilar. VER LA LECTURA.

A continuación tenía lugar la entronización del Cirio Jubilar y de la Cruz Jubilar, ambos decorados con motivo de esta especial ocasión. El Jubileo de la catedral de Sigüenza tiene un logo, una imagen institucional, que ha realizado el diseñador Carlos Aragón, inspirado en el crismón del dintel de la torre con el que fue consagrada la catedral de Sigüenza. La Cruz incluye la frase bíblica «Domus Dei, porta coeli» (Génesis, 28, 17), que significa «La Casa de Dios es la puerta del cielo», frase que tiene mucha resonancia en la historia de Sigüenza ya que su universidad (siglos XV a XIX) estuvo dedicada a san Antonio de Porta Coeli y este nombre es del actual colegio público de la ciudad y de una calle.

Después de la homilía, pronunciada por Atilano Rodriguez VER HOMILIA, en el Credo, como expresión de mayor solemnidad, se procedía a tomar la luz de Cirio Jubilar para repartirla en la Asamblea. Además, el Credo se cantó en latín, como hace 850 años. CREDO EN LATIN En los ritos finales, se dio lectura al decreto de las indulgencias. VER LECTURA DEL DECRETO.

En resumen, el beneficio espiritual del Año Santo o Jubilar es el perdón de los pecados. Para lograrlo, el cristiano debe alcanzar la indulgencia plenaria, viviendo activamente el Jubileo y cumpliendo las disposiciones establecidas por la Santa Sede. Como acontece siempre con las gracias jubilares y las indulgencias plenarias, también en este caso, el cristiano, el peregrino a la catedral de Sigüenza, podrá alcanzar la indulgencia plenaria, viviendo activamente el Jubileo y cumpliendo las disposiciones establecidas por la Santa Sede.

La belleza de los ritos la acompañó la música del gran órgano de tubos de la catedral, que una vez más interpretó sabiamente Juan Antonio Marco. Sonaron piezas como el 'Te Deum', de Charpentier, que fuera himno de Europa, como una acción de gracias por los 850 años, o el Ave María de Schubert, puesto que la catedral está dedicada a la advocación de la Virgen María, y 'La Misión', de Enio Morricone, que “invita a seguir la labor que tantas personas han llevado antes que nosotros”, decía el músico. Al término de la ceremonia, el alcalde de Sigüenza afirmó que “esperamos que a lo largo de todo este año, atraiga a quienes quieran venir a ganar el Jubileo, y al mismo tiempo, a conocer nuestra ciudad”. VER ALCALDE Después de la Apertura del Año Jubilar, la celebración se trasladó a la inauguración de la nueva sede de Cáritas Sigüenza, en la calle de El Peso, 22, que también protagonizó el obispo de Sigüenza. INAUGURACION DE LA NUEVA SEDE DE CARITAS EN SIGUENZA

 

 

 

Sigüenza recibirá el verano con la fiesta de los Arcos de San Juan

Los barrios seguntinos ya están pensando en hacer acopio de cantueso o “sanjuanera”, como le llaman a la planta, de romero y de tomillo, de ramas de chopo y de rosas para fabricar los Arcos de San Juan, y darle, con la celebración, la bienvenida al verano. 

Esta Fiesta de Interés Turístico Provincial, por su sentir colectivo y por la especial individualidad que adquiere en Sigüenza, es junto a la de San Vicente, en enero, una de las más esperadas y bellas del año, y sin duda la que más gusta a los mayores. Además, tradicionalmente todas las residencias de Sigüenza elaboran un arco cuya fabricación hace especial ilusión a los abuelos, al tiempo que también les motiva para llevar a cabo sus terapias ocupacionales.

Los barrios de Sigüenza, en el corazón de la ciudad medieval y también los nuevos, agrupan a sus vecinos en el propósito común de construir con sus manos el arco más bonito de la ciudad, que luego valora un jurado. La víspera de San Juan, con los mimbres referidos, una mesa con faldas de seda y un retrato del Bautista, cada barrio participante, suelen ser entre ocho y diez, hace su altarcillo, o Arco de San Juan. 

El día anterior, o el mismo temprano, se va al pinar a recolectar las sanjuaneras y otras hierbas aromáticas, cuando va cayendo la tarde, se cortan los chopos y, al abrigo de la noche, se roban las rosas, porque tienen que ser robadas, es lo que manda la tradición. Nadie sabe cuándo empezó, pero todos los vecinos recuerdan con cariño esa parte de su infancia donde se pasaban días pidiendo "una pesetilla" (ahora, con los euros, lo que se pide es "una limosnilla") para el Arco de San Juan. Con el dinero recogido, se organiza para todos un chocolate que se toma la noche de San Juan. Si sobra, se merienda al día siguiente. 

La chavalería se viste, ellas de sanjuaneras y ellos de lo que sea, pero con bigotes y patillas de carbón.  Las coplas y las jotas suenan hasta las tantas. Cada uno de los arcos es digno de visitar. Todos hechos del color y los olores de la primavera que se acaba. Siempre fue además la costumbre que esa noche las mozas recibieran rosas o cardos, según el criterio de los mozos. 

Los arcos son preciosos. Cuando baja el sol, se colocan las rosas que adornan los arcos. Al fondo, una colcha de ganchillo, sobre ella, la imagen de San Juan, y debajo un pequeño altar con un mantel sobre el que se depositan las limosnillas que consiguen los niños en la calle. Cuando está decorado, delante se ponen unos cardos enormes, de más de un metro, elemento recuperado de la tradición festiva, y se prepara una hoguera  con la que se alimenta el sol que anuncia la llegada del verano en el solsticio. Cuando pasa el jurado se le invita a limonada. Y cuando se marcha, se celebra la llegada del solsticio con una cena en la calle. El soniquete de la jota castellana anima a bailar a los seguntinos en plena calle. Algunos arcos tienen por costumbre tejer una alfombra de pétalos de rosa que representa al Bautista.  

En el registro del Ayuntamiento ya está abierto el plazo para presentar las candidaturas. En el concurso de Arcos pueden participar todos aquellos barrios que presenten su inscripción antes del día 22 de junio, viernes, a mediodía. Cada arco inscrito debe comunicar su ubicación para que el jurado pase a visitarlo en tiempo y forma.  Hay tres premios, tres tablas artesanales para los tres primeros arcos, y una gratificación para todos los barrios participantes de 60 euros. 

La visita de jurado, que componen miembros de diferentes asociaciones seguntinas, se realizará en la tarde del día 23 de junio, a partir de las 18:30 horas. El fallo y la entrega de premios esta prevista para ese mismo día, a partir de las 23:00 horas en la Plaza Mayor. A partir de las 23:00 horas está anunciada la actuación de la Rondalla Seguntina. Al término de los bailes y gala de entrega de premios, se prende la hoguera para ahuyentar a los malos espíritus. Los más valientes, la saltan. 

Se preparan las XXIX Jornadas Medievales de Sigüenza

Cada año en el mes de julio, la ciudad de Sigüenza vuelve a poner en valor su atractivo medieval con la celebración de las Jornadas Medievales, que en 2018 llegarán a su decimonovena edición. Las organiza la animosa Asociación Medieval de Sigüenza, con el patrocinio y el apoyo del Ayuntamiento, y la colaboración de numerosas empresas y de la Diputación Provincial de Guadalajara.

Curiosamente, las Jornadas Medievales comenzaron en el último año del siglo XX, asomándose al XXI, como una excelente manera de recrear la historia de la ciudad, para la que sus calles, plazas y piedras son el escenario perfecto. En todo este tiempo, y después de haber sido declaradas Fiesta de Interés Turístico Provincial, el afán de los seguntinos por subrayar la historia de la ciudad ha hecho crecer el número de visitantes que acuden a la ciudad, al reclamo de las decenas de actividades programadas, siempre subrayando los trágicos e impactantes hechos históricos recreados.

Porque desde su primera edición, las Jornadas Medievales se articularon en torno a un personaje real, doña Blanca de Borbón, que estuvo recluida en el Castillo de Sigüenza durante cuatro años por su marido, Pedro I El Cruel. “De alguna manera, y además de poner en valor nuestra historia, y algunos de los momentos en los que los sucesos acontecidos en Sigüenza resultaron cruciales en el devenir de la historia de España, había una sensibilidad latente en torno a este personaje, injustamente tratado, al que nuestra ciudad rinde sentido homenaje”, valora Sonsoles Arcones, concejala de Cultura del Ayuntamiento de Sigüenza. Tan es así, que incluso año tras año, los seguntinos recrean el asalto al Castillo para liberar a la reina, un hecho que, en realidad, nunca sucedió.

Alrededor de estos y otros personajes del siglo XIV, la ciudad vuelve a aquellos días de una manera más real que figurada, dado el realismo de las vestimentas, o la cuidada selección de puestos medievales, que en número de hasta 140 jalonan las más emblemáticas calles y plazas del casco histórico. Alimentación, orfebrería y bisutería, decoración, cuero y madera, juguetes… Todo vuelve a ser en la ciudad como fuera hace setecientos años, para deleite de los sentidos y la imaginación de propios y extraños.

Porque en la Edad Media peninsular, la presencia histórica de Sigüenza es indiscutible, tanto por ser la época en que se erigen sus monumentos más representativos, la S. I. Catedral Cisterciense, siglo XII, de cuya consagración pronto se cumplirán 850 años, y el Castillo Episcopal, este último, protagonista principal de las Jornadas Medievales, como por el hecho de que durante el Medioevo, el episcopado de Sigüenza está presente en la gran mayoría de avatares históricos, por medio de sus obispos titulares.

Doña Blanca de Borbón fue la esposa repudiada por Pedro I de Castilla y de León, en el Castillo episcopal. Este es el acontecimiento que da pie a las Jornadas Medievales de Sigüenza. La Asociación Medieval Seguntina toma como eje de actuación para su actividad de promoción medieval de la ciudad, la presencia de Doña Blanca en el Castillo seguntino, y desde unas profundas e indiscutibles raíces históricas que se hunden en una de las épocas más conflictivas de la historia española, se instrumenta año tras año, desde 1999, el discurrir de la actividad anual de la Asociación, lo que comprende no sólo las propias Jornadas Medievales, sino una serie de actos sociales siempre orientados a la exaltación de la Edad Media en la localidad.

Blanca de Borbón era hija del Duque de Borbón, cuñada del Delfín de Francia y sobrina en línea directa del propio rey de Francia, a la sazón Juan II El Bueno. A la edad de 18 años contrae matrimonio, por intereses de Estado, con Pedro I, rey de Castilla y de León, apodado «el cruel» o el «justiciero». Por aquel entonces, Pedro I, de la misma edad que Doña Blanca, ya se relacionaba con su concubina, María de Padilla.

La tramitación de los esponsales de Doña Blanca de Borbón con Pedro I fue accidentada, como era la época que les correspondió vivir: Guerra de los Cien años en Europa, Peste negra, Guerra entre Aragón y Castilla en España. Tras muchos circunstancias, por fin el 3 de junio de 1353, Pedro I y Blanca de Borbón se casan en la Iglesia de Santa María la Mayor en Valladolid, en presencia de Leonor de Aragón y Alonso de Alburquerque (valido de Pedro I) así como de los hermanos bastardos del rey, Enrique y Tello de Trastámara, siendo más tarde el primero de estos el protagonista del episodio final del reinado y muerte de Pedro I.

A la boda se supone que acudió el Obispo de Sigüenza, Pedro Gómez Barroso. A los tres días de la boda el Rey Pedro I abandona a su esposa, Blanca de Borbón, y se marcha a residir con María de Padilla, con quien acababa de tener una hija. Algunos historiadores justifican este abandono de su esposa por parte de Pedro I por el incumplimiento del rey de Francia de las capitulaciones matrimoniales. Sin embargo, el matrimonio entre Pedro I y Doña Blanca se dio siempre por válido, tanto en Francia como por el propio Pedro I, quien así lo cita en documentos posteriores sobre donaciones a favor de la madre de María de Padilla.

El primer refugio de Doña Blanca tras su azarosa boda, fue el Monasterio de Santa Clara en Tordesillas, para posteriormente pasar a Medina del Campo, en compañía de la reina madre, Doña Leonor. Posteriormente Doña Blanca se traslada a Toledo, a finales de 1354, por consejo de los obispos de Sigüenza y Segovia. En Toledo se refugia «en sagrado» en la propia Catedral, desde donde es llevada «en rebeldía» por el pueblo y el concejo toledano al Alcázar, como reina de Castilla. El 17 de marzo de 1355, el rey Pedro I toma Toledo, protagonizando junto con sus hermanos bastardos un sangriento episodio contra la población judía y los caballeros toledanos. Pedro I rehúsa llegar al Alcázar toledano, donde se encontraba Doña Blanca, y ordena que sea vigilada por la tía de María de Padilla, y también que, cuatro días después, sea llevada a Sigüenza, para lo que previamente hace prisionero a Pedro Gómez Barroso, obispo de Sigüenza, enviándole a Aguilar de Campoo. Aquí comienza la etapa final de la estancia de Doña Blanca de Borbón en el Reino de Castilla. Paradójicamente, no existe documentación escrita en los archivos seguntinos sobre la presencia de Doña Blanca en la ciudad de Sigüenza, según parece por las represalias dictadas por Enrique de Trastámara al asumir el Reino de Castilla y de León en su afán de silenciar todo lo referido al reinado de su hermano Pedro I. La historia seguntina de Doña Blanca ha de documentarse por los testimonios cruzados de diversos historiadores que vinieron a validar la leyenda popular.

La estancia de Doña Blanca de Borbón en el Castillo episcopal de Sigüenza duró cuatro años, estando en él como confinada o retenida, no como prisionera, acompañada de una pequeña Corte, formada por su secretario Ottobon de Oliva, su capellán Juan Oyuel y los caballeros que la custodiaban, Iñigo Ortiz de la Cueva y Ruy Pérez de Soto, y posiblemente su dama Leonor de Saldaña.

Doña Blanca habitó en el Castillo la torre que hoy lleva su nombre, si bien no exactamente la celda que se exhibe en el Parador en que hoy se ha convertido. Entonces, Doña Blanca tuvo que poder contemplar cómo se concluía la Catedral, y se iba levantando su almenada torre, así como escucharía y regiría su horario de rezos y comidas por las campanas de las cercanas iglesias románicas de San Vicente y de Santiago. Asimismo podría contemplar las travesañas y sus callejuelas que daban vida a la judería, en la que se irían pignorando las escasas joyas restantes de su ajuar, para sufragar los gastos de su mantenimiento en el supuesto cautiverio.

Desde Francia y desde la Corte de Avigñon de Inocencio VI se dirigieron misivas constantes que convencieran a Pedro I de que abandonase la persecución a Doña Blanca, actuaciones éstas que no sólo no consiguieron su intención, sino que provocaron en el Rey de Castilla y de León represalias contra los cortesanos españoles que residieran fuera de su Reino, que era desde donde se le estaba atosigando.

En la ciudad de Sigüenza y en su Castillo episcopal es donde Doña Blanca de Borbón más tiempo reside durante su estancia en España. Encerrada allí, perdió toda esperanza de que sus parientes la socorrieran, de que la intervención del papa fuera eficaz y de que su marido, apenas conocido por ella, la llevara a su lado.

Pedro I mantiene durante estos años una compleja guerra con los nobles castellanos y con su hermano bastardo Enrique de Trastámara durante la que una derrota en la batalla de Araviana le hace ver que peligra la «seguridad» de Doña Blanca en Sigüenza y ordena su traslado a Andalucía discurriendo el año 1359.

En plena discordia castellano-aragonesa Doña Blanca es trasladada a Jerez de la Frontera, al tiempo que el Castillo seguntino es ocupado por el nuevo Obispo de la Diócesis de Sigüenza, Don Juan Lucronio, Abad de Salas. En Jerez de la Frontera Doña Blanca de Borbón ocupa la denominada «Torre de Doña Blanca» en el Pago de Sidueña, en el camino hacia el Puerto de Santa María, para acabar residiendo en la también denominada «Torre de Doña Blanca» en Medina Sidonia, custodiada por Iñigo Ortiz. Esta sería su última residencia en España.

En 1361 muere Doña Blanca de Borbón en Medina Sidonia por causa desconocida, pero, con seguridad, no natural. Unos historiadores hablan de envenenamiento, mientras que otros citan su asaetamiento por el ballestero Juan Pérez de Rebolledo, por mandato de Pedro I. Fue sepultada en la Iglesia del Convento franciscano de Jerez de la Frontera, según consta en la lápida mandada situar por la Reina de Castilla, Doña Isabel La Católica, en la que consta que Doña Blanca de Barbón falleció a los 25 años de edad.

El III Duque de Borbón, hermano de Doña Blanca, quiso vengar su muerte, y en 1366 envía una tropa al mando de Du Guesclin para apoyar a Enrique de Trastámara en su lucha contra Pedro I de Castilla y de León, ambos hermanos bastardos. Este mismo Du Guesclin es quien posteriormente en otro episodio histórico, ayuda a Enrique de Trastámara en su duelo fratricida con Pedro I, causándole la muerte en Montiel en 1369, instaurándose así en Castilla la dinastía de los Trastámara. En este episodio es donde parece ser se pronuncia por Du Guesclin la célebre frase de «...ni quito ni pongo Rey, pero ayudo a mi Señor».

Y estos son los hechos históricos que, en su etapa seguntina, la Asociación Medieval de Sigüenza exalta y divulga en sus ya tradicionales Jornadas Medievales, con un programa de actos que cubre las distintas etapas de la historia de Doña Blanca de Borbón en la ciudad.

En la primera jornada, el viernes, la Asociación presenta a los protagonistas de la historia. En la segunda jornada, se produce el inventado asalto al castillo por caballeros fieles a Doña Blanca, la entrada del Rey Pedro I y las justas de Caballeros. En la tercera jornada, se produce el destierro de Doña Blanca, y la lucha de Pedro I con Enrique de Trastámara, con la intervención de Du Guesclin (aunque realmente se produjera en Montiel). Las Jornadas se completan con otras actividades que ambientan el lugar en el Medievo español, como actuaciones musicales y teatrales de la época, mercado medieval, noche embrujada; baile de las ánimas; exhibiciones de cetrería y de tiro con arco; desfiles de juglares y danzantes, todo ello planificado para los asistentes, adultos y niños, tanto la propia Sigüenza como turistas llegados a ella para disfrutar de estas agradables jornadas históricas. La ciudad se engalana con pendones y reposteros de la época, con la participación entusiasta y voluntaria de su población vestida con ropas medievales. El programa, con todo lujo de detalles, será comunicado próximamente.

 

 

Se celebró el II Festival Pantagruélico de Cuentos y otras Historias en Sigüenza

Los días 9 y 10 de junio tuvieron lugar en Sigüenza los actos de este festival, en el que hubo desde guiñoles y títeres, hasta lectura participativa y cuentacuentos, la lluvia respetó los actos que se desarrollaron con una notable participación sobre todo del público infantil.

Lectura participativa.

El sábado 9 le tocó el turno a los guiñoles y títeres que tuvieron como escenario la Alameda y la Plazuela de la Cárcel. El domingo 10 por la mañana el protagonismo fue para la lectura participativa en el patio del Ayuntamiento. Varios lectores leyeron en voz alta los “Cuentos de la Selva” del escritor latinoamericano Horacio Quiroga. A continuación en la Plaza Mayor la compañía A Cuentorropa congregó a un gran número de personas, niños y adultos, que siguieron con interés la lectura gestual y las evoluciones de los miembros de la peculiar compañía en un improvisado escenario. El colofón fue la actuación musical, también en el patio del Ayuntamiento, del grupo “Musicuentos” compuesto por varios componentes de la Banda de Música reforzados por antiguos componentes de la Escuela de Música local.

Actuación de A Cuentarropa.

Tras la entrega de premios del concurso de cuentos y microrrelatos que había sido convocado con anterioridad, los presentes pudieron degustar de un aperitivo en el que no faltó la cerveza artesanal Vulturis de DeSpelta, el vino blanco de Finca Río Negro y el agua de Font Vella. Además de estas empresas que ofrecieron sus productos también colaboraron en la organización otras varias empresas locales.

Actuación del grupo Musicuentos.

La dirección del festival estuvo a cargo de Elena del Valle Villalaín e Inés García Gutiérrez. El Ayuntamiento de Sigüenza patrocinó el evento, cediendo locales y contribuyendo económicamente a su realización.

Sigüenza acogió una muestra de coches clásicos

El Club de Clásicos de Sigüenza convocó el domingo 10 de junio la que ha sido su VIII Concentración de vehículos de época en la Ciudad del Doncel. Ayer domingo, fueron un centenar de coches y motos de otros tiempos los que quedaron expuestos a lo largo de la mañana en el Parque de La Alameda. Allí, propietarios y curiosos contaron con el espacio necesario para mostrarlos y verlos, respectivamente.

De la mano de la concentración, llegaban a la Ciudad del Doncel 250 personas, que además de experiencias, comentarios, contactos y charlas sobre mecánica, compartieron una bonita jornada turística en Sigüenza. Para todos ellos, el Club anfitrión había preparado un programa de actividades que incluyó una visita guiada a la ciudad, además de degustaciones gastronómicas.

Porsche, 1962.

Los dos modelos más antiguos fueron un Alvis, de 1931, y un Austin, de 1932. Además de estos, los que más miradas robaron fueron un Cadillac y un Porsche, ambos del año 1962. En cuanto a visitantes, han acudido integrantes de clubes de coches clásicos de Madrid y de Guadalajara,  del  Club Mini, y este año, también del  Club 205, entre otros. Entre los clásicos seguntinos, había varios modelos de Seat Seiscientos de los primeros años sesenta del siglo pasado, y un Volkswagen Beatle, igualmente del año 1962.

“Además de compartir nuestra afición por el olor a gasolina y a motor, desde el Club de Clásicos pensamos que este tipo de concentraciones son perfectas para la ciudad, y que son también una forma de hacer nuestra aportación para fomentar el Turismo hacia la ciudad”, valora José Antonio Arranz, presidente del Club de Clásicos de Sigüenza, algo en lo que coincide Julián Barrero, concejal de Deportes. “Nuestra ciudad tiene grandes atractivos, y es apta para la organización de cientos de actividades culturales y de ocio. Este tipo de concentraciones de vehículos clásicos son una de ellas, por lo que agradecemos la implicación y animosidad de los socios del club”. La concentración ha contado con el patrocinio de Font-Vella y también de BASF, y con la colaboración del Ayuntamiento de Sigüenza.

 

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