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Salud

¡Adelgazar puede ser perjudicial para la salud!

El adelgazamiento supone la reducción de peso o de masa corporal de nuestro organismo. En algunas ocasiones se produce de forma voluntaria, tras someterse a una dieta o a un programa de ejercicio físico, y en otras ocurre de forma involuntaria como consecuencia de enfermedades agudas o crónicas. Cuando un organismo pierde peso de forma rápida e importante, también pierde líquidos, grasa y masa muscular, lo que puede conllevar un gran riesgo para la salud del individuo si el proceso no es controlado de forma adecuada.

Engordar y adelgazar son parte del mismo proceso metabólico, un maravilloso mecanismo de defensa de muchos seres vivos, para asegurar la supervivencia de los individuos en situaciones de hambruna. Nuestro organismo ahorra energía, acumulándola en forma de depósitos de grasa, para utilizarlos cuando el gasto calórico sea mayor que el aporte proporcionado por la dieta. Sin embargo, una acumulación constante de grasa que no es utilizada, acabará por producir obesidad y un desequilibrio metabólico en nuestro organismo, dando lugar a enfermedades cardiovasculares como la hipertensión, la diabetes y arterioesclerosis.

Intentar adelgazar, conseguir una figura esbelta y mejorar nuestro aspecto físico se ha convertido en el objetivo e ilusión de muchas personas. Se buscan métodos fáciles, rápidos y efectivos para perder peso, como son las dietas milagro y las sesiones de ejercicio extenuante. En el mejor de los casos, bajamos unos kilos de peso gracias al sacrificio y a la fuerza de voluntad, aunque pasadas unas semanas, tras el abandono de la dieta, volvemos a recobrar nuestro peso anterior y algún regalito de más.

Todo plan de adelgazamiento debería ser consensuado y supervisado por un especialista de la salud (dietista, enfermera, nutricionista o médico), ya que la actividad física y la dieta deberán estar relacionadas con el estado de salud de cada persona, el sobrepeso, la edad, la constitución física y el ritmo metabólico individual. Adelgazar en poco tiempo, a través de la restricción de algunos alimentoso del número de calorías,mediante las llamadas dietas milagro, puede desencadenar problemas orgánicos y psicológicos posteriormente como pueden ser:

1. Descompensación metabólica. Las dietas muy bajas en calorías ayudan a bajar rápidamente de peso, pero no aportan suficientes  vitaminas, minerales o aminoácidos esenciales, poniendo en riesgo la salud. La falta de hierro, vitamina B12 o la falta de vitamina D, pueden dar lugar a anemia, problemas neurológicos y debilitación del sistema óseo.

2. Las dietas que producen pérdida rápida de peso pueden favorecer la formación de cálculos biliares, pues al disminuir el consumo de grasa la vesícula no necesita contraerse tantas veces como cuando se ingieren grasas y debe expulsar la bilis hacia el intestino, y por lo tanto se acumula  en forma de piedras en la vesícula (que producirán dolorosos cólicos y harán necesario su extirpación quirúrgica).

3. Algunas dietas bajas en calorías suelen restringir los hidratos de carbono y las grasas, siendo ricas en proteínas, lo que puede provocar una deshidratación ya que el cuerpo no es capaz de retener el agua y los minerales suficientes para para que las funciones vitales se desarrollen de forma correcta. La deshidratación puede conllevar problemas circulatorios, renales y cerebrales muy graves. La pérdida de minerales esenciales como el potasio y sodio puede provocar atrofia muscular y lesiones en el miocardio.

4. Las dietas muy restrictivas, que aportan sólo 1.200 calorías al día, ponen en riesgo la salud y puede llevar a la desnutrición. Al reducir de forma tan importante las calorías de los alimentos ingeridos, el cuerpo disminuye el metabolismo todo lo que puede (modo de emergencia), haciendo que todos los procesos vitales se realicen de forma muy lenta, intentando consumir la menor energía posible para almacenar todas las calorías consumidas. Cuando acabemos de hacer dieta habremos conseguido tener menos masa muscular y nuestro organismo habrá aprendido a sobrevivir con muy poco, por lo que se recuperará el peso perdido con gran rapidez en cuanto comencemos a comer con normalidad.

5. La sucesión de fracasos tras las distintas dietas da lugar a una frustración continua y a la falta de confianza en sí mismo para volver a plantearse la necesidad reducir el peso.

Nuestro peso y masa corporal suelen estar relacionados con algunos factores que podemos controlar (estado de salud y hábitos de vida), y otros que no lo son (herencia genética, edad y sexo). Conocer la forma en que intervienen unos y otros  sobre la dieta y cómo los podemos cambiar,será el objetivo del artículo del próximo mes.

Si siempre haces lo mismo, nada cambiará.

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