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Dinero: El fantasma que nos lleva

El dinero de la hipoteca, el del préstamo del coche, el del crédito para los estudios no viene de ningún sitio, no existe; se crea -¡oh sorpresa!- en el momento de la firma mediante un mero apunte bancario; es decir, a partir de la generación de nuestra deuda con el banco y de la promesa de devolverla. Es un dinero meramente especulativo que los bancos comerciales crean por pura prestidigitación. Pero... ¿cómo es posible?…, ¿cómo hemos llegado a esto?

Ya en la Edad Media, los orfebres se ocupaban de custodiar no sólo el oro y los metales preciosos con que trabajaban sino también el de otras personas que se los confiaban. En principio no era más que un favor a buenos o a potenciales clientes; aunque más tarde comenzaron a reservarse una comisión sobre lo guardado. Pronto advirtieron el engorro que para los depositantes suponía tener que acudir al orfebre cada vez que tenían que realizar un pago o una transacción; por lo que comenzaron a emitir unos recibos con un sello personal del lugar donde se hallaban depositados los bienes. Con el tiempo estos pagarés se fueron admitiendo como moneda de cambio. Su uso se fue asentando y extendiendo, hasta el punto de que los propietarios de los depósitos ya no tenían necesidad de retirarlos cada vez para comerciar o pagar sus deudas. Les bastaba con sus documentos acreditativos.

Los orfebres se dieron cuenta de esta circunstancia y decidieron sacarle provecho haciendo préstamos a terceros y cobrando un interés por ello. Comenzaron así a especular con los depósitos, confiando en que no llegara el momento en que todos les fueran reclamados a la vez por sus propietarios. Tan sólo deberían reservar una parte del oro por si alguno venía a retirarlo. Pasado un tiempo, y ante el éxito del negocio, los depositantes reclamaron también su parte, so pena de retirar en masa sus bienes. De modo que los orfebres accedieron a recompensar con un interés aquello que les era confiado y que había pasado a formar parte de su modus vivendi. Estos depósitos ya no se restringían a los metales preciosos, sino que incluían los títulos de propiedad sobre ellos emitidos, que fueron adquiriendo valor por sí mismos y perdiendo su relación con los bienes que representaban. Estamos ante el nacimiento de una banca primigenia.

La manejabilidad del papel se impone, los pagarés comienzan a fraccionarse y a reemitirse por distintas cantidades como medio de pago circulando de un prestamista a otro...; y la gente, poco a poco, se va olvidando de los bienes a los que en realidad representan, que continúan en manos de los orfebres; quienes terminarán, inexorablemente, apropiándose de ellos. He aquí el germen de los actuales Bancos Centrales, en los que acabará residiendo el monopolio de la emisión de monedas y divisas, y donde se encuentran todas esas propiedades originarias. El Banco Central con mayor concentración de oro es la Reserva Federal Estadounidense, y ese oro no es otro el que depositado en su momento en las cajas fuertes de los orfebres. El terreno queda así abonado para el siguiente paso: la aparición del dinero anónimo.

Si hasta entonces los títulos de propiedad de los bienes eran nominales y reflejaban con pelos y señales su ubicación y procedencia, los orfebres devenidos en banqueros comienzan a emitir papel moneda con el único respaldo de su nombre o el de la institución creada por ellos. Los primeros billetes aparecieron en China en el siglo VII, pero en la moderna Europa fue Johan Palmstruch, fundador del Banco de Estocolmo, el primero en lanzar en 1661 los kreditivsedlar (papeles de crédito temporal), cuyos primeros ejemplares se escribíeron a mano; aunque entre 1662 y 1664 se hizo una segunda emisión, esta vez impresa. El caso es que Palmstruch acabó en la cárcel por poner en circulación más billetes de los que su banco podía avalar. ¿No les suena de algo…?

En Inglaterra, la maraña financiera y monetaria no cesa de crecer e intrincarse provocando crisis financieras cíclicas que afectaban a la economía, sobre todo a los precios del trigo, y que eran debidas a la libre emisión de papel moneda por parte de los bancos. “Cada vez que los bancos expanden el crédito sólo crean un valor ficticio, un dinero sin base real que genera una burbuja, que al explotar extiende la ruina por toda Inglaterra y perturba y desquicia todas las transacciones comerciales”, aseguraba hacia 1844 Sir Robert Peel, por entonces Primer Ministro de Inglaterra. El 19 de julio de 1844, Peel promulga la Peel´s Bank Act con la intención de poner fin a la libre emisión de papel moneda y “asentar a la banca inglesa sobre unos pilares sólidos”.

Esta ley exigía al sistema de banca fraccionaria un coeficiente de caja del cien por cien en oro y otorgaba al Banco de Inglaterra la exclusividad de la emisión de moneda. Sin embargo, Peel obvió, o se olvidó, de prohibir la libre emisión de depósitos. Lo que ha seguido permitiendo hasta hoy que los bancos creen “dinero de la nada”. Con el coeficiente de caja actual del uno por ciento, los bancos pueden transformar cien euros en un millón sin pestañear. De modo que los banqueros ingleses siguieron actuando igual que antes y las crisis financieras se siguen sucediendo sin solución de continuidad. Por si esto fuera poco, el 15 de agosto de 1971 Richard Nixon declaró la inconvertibilidad del dólar en oro, acabando de forma unilateral con el acuerdo de Bretton Woods y ampliando así las alas de la especulación bancaria y financiera.

A día de hoy la banca anda con la melena desatada, manejando a su antojo la economía con la aquiescencia de los políticos, y bajo la batuta de los grandes cárteles financieros... Atención a las palabras de Sir Josiah Stamp, director del Banco de Inglaterra, a finales de los años veinte: “El sistema bancario moderno fabrica el dinero de la nada. El proceso es tal vez el juego de manos más astuto que jamás haya sido creado. La banca fue concebida en la injusticia y nació en el pecado. Los banqueros poseen la Tierra. Si les desposeéis de ella pero les dejáis el poder de crear dinero, con el toque de una pluma crearán el suficiente para comprar todo de nuevo… Quitadles ese poder, y todas las grandes fortunas como la mía desaparecerán...; y deberían desaparecer para que este fuera un mundo mejor y más feliz en el que vivir… Pero si queréis seguir siendo esclavos de los banqueros y pagar el coste de vuestra propia esclavitud entonces dejad que sigan creando dinero y manteniendo el control sobre el crédito”.

Muchas son las voces que se alzan desde las entrañas mismas de la banca denunciando este estado de cosas y reclamando justicia y equidad. Desde la Asociación “Dinero Positivo” (www.dineropositivo.es), integrada en el Movimiento Internacional para la Reforma Monetaria (IMMR, en sus siglas en inglés), proponen tres cosas fundamentales:

1.– Arrebatar a la banca el poder de creación del dinero para convertirlo en un proceso democrático, transparente y que rinda cuentas. La banca crea mucho dinero en épocas de bonanza generando burbujas financieras; y demasiado poco en épocas malas agravando las recesiones y el paro. Invierten casi todo el dinero creado en burbujas inmobiliarias y especulación financiera y muy poco en las empresas de la economía real. Están diseñados para el beneficio a corto plazo, y eso es incompatible con algo tan esencial como la creación monetaria y la renovación de los recursos del planeta. La regulación se ha mostrado ineficaz; y tampoco se puede confiar en los políticos, ligados a veces muy estrechamente a los intereses de la gran banca y los cárteles financieros. Necesitamos un nuevo comité que determine si hay que crear dinero, cuánto y en qué momento. Este comité tendría que rendir cuentas al Parlamento y estar a salvo de los intereses creados.

2.– El dinero creado por este comité, el justo para que haya un equilibrio en la economía, estaría libre de deuda. Frente a la práctica de los bancos comerciales, que crean dinero a partir de la deuda (Casi todo el dinero que hay en la economía –en torno al 95 por ciento– es dinero prestado por los bancos); y por el cual tenemos que pagar un interés que sólo podrá salir de más “crecimiento económico” y, por ende, más esquilmación de recursos y más generación de deuda en una espiral sin fin. Si intentásemos pagar todas las deudas ese dinero desaparecería de la economía agravando la situación de los que siguen endeudados. El Estado podría crear dinero libre de deuda, y en lugar de prestarlo a través de hipotecas y créditos invertirlo en la economía real estimulándola y facilitando el pago de la deuda de los ciudadanos.

3.– El dinero ha de llegar a la economía real antes que a los mercados financieros y a las burbujas inmobiliarias. Ese dinero nuevo se utilizaría para financiar el gasto público o reducir los impuesto; sería un dinero anclado en la economía real, crearía empleo y apoyaría a las empresas en lugar de estimular los mercados financieros e inmobiliarios.

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