Paracuellos, una verdad incómoda

PARACUELLOS, UNA VERDAD INCÓMODA
Julius Ruiz
Espasa Calpe
De origen español, Julius Ruiz es otro más de los historiadores entusiastas de nuestra Historia Contemporánea, siguiendo los pasos de gente tan consagrada como Hugh Thomas, Gabriel Jackson, Raymond Carr o Paul Preston, todos ellos brillantes conocedores de nuestra reciente convulsa Historia. Publicó hace poco un texto sobre la violencia en Madrid durante la guerra civil,  y recientemente este estudio sobre uno de los acontecimientos más debatidos y, sin duda, más deplorables de aquella sanguinaria contienda: la matanza de prisioneros nacionales en Madrid entre los meses de septiembre y diciembre de 1936, que tuvieron como lugares principales de ejecución en las poblaciones de  Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz. Tal vez el hecho luctuoso más significativo de la guerra, y eso que por uno y otro bando hubo un auténtico e injustificado baño de sangre, como prueban los brutales sucesos tras las tomas de Badajoz o Cataluña por las tropas nacionales. El tema es sobradamente conocido por lo que tan sólo conviene recordar que, al huir el gobierno republicano a Valencia a primeros de noviembre y quedar Madrid gobernada por una Junta de Defensa bajo el mando del General José Miaja, con el ejército de Franco a las puertas de la capital en la Ciudad Universitaria y la Casa de Campo, la Junta decidió el traslado de los presos derechistas a otros establecimientos penitenciarios… a los que llegó tan solo una minoría de ellos, siendo el resto asesinados en las poblaciones mencionadas. El número de víctimas puede cifrarse entre 2.500 y 4.000 personas, sin que se haya podido llegar a un acuerdo entre quienes conocen el tema para establecer un número más aproximado. El asunto ya había tenido algunas estudios interesantes, como el del irlandés/español Ian Gibson, y ahora Ruiz aporta algunos datos y detalles de gran utilidad para conocer, dentro de lo que se puede hacer en un asunto del que todo el mundo reniega, incluso quienes lo llevaron a cabo que posteriormente negaron cualquier responsabilidad. (Conviene significar que el libro ha sido criticado tanto por la derecha como por la izquierda, por lo que habrá que convenir que algunas virtudes debe contener desde una mirada objetiva). Ruiz incide (y la documentación expuesta avala sus tesis) en la responsabilidad del gobierno republicano en la matanza, además de la intervención de la Junta de Defensa. Viene a aclarar que los asesinatos sistemáticos de enemigos (o sospechosos de serlo) realizados en Madrid comenzaron en octubre, antes de que el Gobierno abandonara la capital hacia Valencia y empezasen las sacas de Paracuellos; que la versión de que todo fue idea de los asesores soviéticos nació tras la contienda, influenciada, paradójicamente, por la intoxicación de la historiografía franquista, que durante la posguerra quería culpabilizar al comunismo de las atrocidades de la Guerra Civil, y que Carrillo tuvo responsabilidades, pero ni menos ni más que otros, y que en todo momento siguió órdenes de sus superiores.