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El "cagamangos"

Con el protagonista de este mes terminamos la llamada trilogía de los pajaros reyes de la espesura; es posiblemente una de las aves que más acepta la presencia del ser humano y por ese motivo es conocida con muchos y diversos nombres, dependiendo de las distintas regiones de la Península Ibérica, como cagamangos, pipirroyo, txantxangorri, raitán, pichi, pelisque, paporrubio, etc., pero es conocida por todos los aficionados a las aves como petirrojo (Erithacus rubecula)
Joaquín Araujo en sus pequeños poemas llamados “Naturismos” nos describe a nuestro pequeño protagonista de la siguiente manera:

Pocas músicas como la suya,
capaz de calentar incluso el aire más frío.
En invierno estos pájaros crepitan.

El petirrojo es un pequeño pájaro de constitución rechoncha, en su plumaje destaca una amplia mancha anaranjada que se extiende por cara, garganta y pecho; en el resto del plumaje domina el color pardo del dorso y las alas junto con el color blanco sucio del vientre.

El petirrojo habitaba los bosques caducifolios húmedos europeos y con el paso del tiempo se ha adaptado de forma increíble a los cambios que el ser humano ha introducido en la naturaleza y, por este motivo, su hábitat se ha extendido a todo tipo de bosque, zonas cultivadas, parques y jardines; es decir, al igual que el gorrión común o la paloma cimarrona se ha acostumbrado a convivir con los seres humanos.

Petirrojo. Sigüenza.

Podemos observarlo habitualmente por el suelo en busca de insectos y en muchas ocasiones sube a las ramas altas de los árboles para emitir su canto.

Solemos observar a los petirrojos casi siempre solos, esto se debe a que ver a dos petirrojos juntos fuera de la época de celo, sólo puede ser motivo de una disputa inminente. De hecho, cuando finaliza la época de cría los miembros de la pareja se separan y tanto el macho como la hembra toman posesión de su territorio y lo defienden de forma muy agresiva de la que hasta hace poco era su pareja o sus crías. Por este motivo cuando llega el otoño son los petirrojos con sus cantos territoriales los que alegran los bosques, sotos y parques.

La fiereza con que defienden sus territorios es conocida desde tiempos remotos, ya en el siglo III a. C. el griego Zenódoto de Éfeso escribía: “Un único arbusto no alberga a dos petirrojos”, mostrando el carácter territorial de estas aves. Para comprobar este dicho el ornitólogo inglés David Lack realizo un experimento en el que construía un penacho de plumas rojas, lo sujetaba a un palo y lo acercaba a un lugar frecuentado por un petirrojo; el penacho sufría el ataque colérico del ave y el ataque no se detenía hasta acabar con el penacho desecho.

Muchos lectores os estaréis preguntando cómo si son tan territoriales pueden encontrar pareja para criar. Ocurre que para la formación de las parejas la hembra abandona su territorio y al principio permanece en el límite del territorio del macho, posada en algún arbusto o rama baja. En ese momento la hembra comienza a emitir un tímido gorgojeo, el macho contesta y realiza algunas posturas de intimidación, como haría con cualquier otro macho. Este proceso dura varios minutos, alternándose cantos y amenazas por parte de ambos, hasta que llega un momento en que el macho abandona su conducta agresiva y permite que la hembra entre en su territorio. Una vez que la pareja está formada, macho y hembra se desentienden el uno del otro durante varios días, en los que únicamente comparten territorio. Pasado esos días la hembra comienza a construir el nido y esa es la señal para iniciar las cópulas que continuaran hasta la puesta. Por lo general en nuestra comarca efectúan dos puestas, la incubación es exclusiva de la hembra y dura aproximadamente dos semanas. Durante todo el tiempo que la hembra permanece en el nido el macho alimenta a la hembra y a los pollos recién nacidos, ya que la hembra permanecerá en el nido un tiempo después de la eclosión para ofrecer protección y calor a sus crías recién nacidas. Pocos días después de la eclosión, ambos padres cuidan y alimentan a los pollos durante otras dos semanas. Es curioso que el macho sigue prestando atención a sus crías, aunque la hembra haya iniciado la segunda puesta.

Cría de petirrojo. Palazuelos.

Se trata de un ave típicamente insectívora, que consume hormigas, escarabajos y arañas. En otoño e invierno completa su dieta con frutos de zarza, saúcos, escaramujos, acebos, majuelos, etc., incluso puede alimentarse de bellotas partidas por trepadores azules, carboneros comunes o arrendajos. Como otras muchas especies insectívoras, este pájaro se está viendo afectado por la generalización de los tratamientos químicos en campos y huertos, así como por la deforestación.

Fue el naturalista sueco Carlos Linneo quien en el S. XVIII en su obra “Systema Naturae” lo definió como Motacilla rubecula, suponemos que por su forma de moverse, pero su clasificación definitiva llego en 1800 de la mano del naturalista francés George Cuvier que lo estableció dentro del género Erithacus dando lugar a su nombre actual, Erithacus rubecula. Su nombre latino proviene de Erithacus: “que mudan la forma y el color” y de Ruber: “rojo, bermejo, encendido”. Podemos por tanto decir que su nombre significa el que cambia de color al rojo, lo cual es cierto porque las crías son pardas moteadas y hasta la primera muda no aparece la conocida mancha anaranjada en el pecho de los petirrojos.

En Inglaterra, donde el petirrojo es considerado el pájaro nacional, es protagonista de un gran número de postales navideñas porque una tradición atávica entre las gentes marineras dice que cuando una persona veía un petirrojo cerca de su casa era señal de que en breve recibirían noticias de sus familiares embarcados allende los mares. Y por esta razón el petirrojo se convirtió en el “pájaro de las noticias” y quizás por este motivo los carteros británicos en la época victoriana llevaban un uniforme rojo y se los apodaba “Robin” que es el nombre del petirrojo en inglés.

El petirrojo es protagonista de una gran cantidad de leyendas de las cuales voy a destacar dos:

Entre los pueblos británicos existe la creencia de que el petirrojo es un pájaro piadoso porque cubre de hojas y musgo a los cadáveres no sepultados.

Y en Navarra existía la idea de que si en las noches de luna llena durante la época de cría del petirrojo, este se presentaba en la ventana de una casa era señal de que una desgracia iba a ocurrir a los miembros de esa casa o a sus familiares cercanos.

Pero supongo que alguno de los lectores se estará preguntando por que llaman al petirrojo “cagamangos”, la razón es porque como se ha acostumbrado a los humanos y frecuenta mucho los jardines y huertas normalmente toma como posadero los mangos de azadas, rastrillos y otras herramientas y como es normal en cualquier posadero estos mangos terminan manchados de los excrementos de estas graciosas avecillas.

Espero que disfrutéis de la presencia y el canto de este pequeño amigo tan próximo.

Texto y fotos: Javier Munilla