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El pequeño dragón

Vivimos en una sociedad que cada día se está volviendo más inculta e hipócrita en lo que se refiere a la convivencia con las demás especies animales y vegetales que habitan junto a nosotros en el planeta. Y, en lugar de aprender de la última pandemia, resulta que estamos siendo cada vez más destructores y egoístas. Estamos viendo noticias últimamente de masificaciones, falta de civismo y vandalismo en espacios naturales y como consecuencia se han tenido que prohibir el paso a numerosos lugares de gran belleza que son patrimonio inmaterial de todos. Por culpa de esos mezquinos, que este año han salido como hordas de orcos a la naturaleza, hemos visto como, sin alejarnos mucho de nuestra comarca, las autoridades competentes se han visto obligadas a cerrar, por ejemplo, la pasarela que en el Alto Tajo une la “Laguna de Taravilla” con el “Salto de Poveda”. Pero a decir verdad deberían haber prohibido o restringido el acceso a muchos más lugares, solamente hay que observar la cantidad de basura que se ha acumulado en muchos lugares del Pinar de Sigüenza por culpa de botellones, meriendas o paseantes incívicos o en el “Barranco del río Dulce”.

Salamanquesa en el pinar de Sigüenza

Tanta es la incultura sobre el medio natural que hasta la Guardia Civil a través de las redes sociales ha tenido que salir en defensa de uno de los reptiles más hermosos y beneficiosos que tenemos en nuestros ecosistemas. Es bien sabido que a muchas personas los reptiles le producen repulsión y miedo, una reacción irracional y ancestral debida al desconocimiento y a algunas tradiciones culturales. Ese ignorante temor a muchos les impide valorar el importantísimo papel que desempeñan los reptiles para el funcionamiento de los ecosistemas naturales controlando plagas de roedores e insectos.

Pero ciñámonos al caso nos atañe. El pasado 22 de agosto la Guardia Civil tuvo que salir en defensa de la salamanquesa, a través de twitter.

El twitt decía:

Os preguntareis porque en el twitt habla de escupir, pues la respuesta es porque existen falsas leyendas y creencias que decían que si una salamanquesa te escupía te quedabas calvo o ciego dependiendo del lugar donde se contara la creencia, pero lo más curioso de esto es que las salamanquesas fisiológicamente no pueden escupir, les es imposible. Ni tampoco pueden, como decían otras estúpidas creencias, introducirse por orificios del cuerpo para comerse el cerebro u otros órganos y matarte.

La salamanquesa (Tarentola mauritanica) es junto a las lagartijas el reptil más común en los pueblos y ciudades ya que le gusta buscar refugio en los edificios creados por los seres humanos. Desde tiempos remotos los habitantes de los pueblos de toda España han sido conscientes de la gran cantidad de insectos, arañas y polillas que consumen las salamanquesas y, por ese motivo, siempre han cuidado y protegido a estos pequeños reptiles que les ayudaban a librarse de insectos que muchas veces eran además de molestos, perjudiciales como es el caso de las polillas. La presencia de las salamanquesas servía para evitar que las polillas pusieran sus huevos entre la ropa para que al nacer sus larvas se alimentaran de esos tejidos destrozándolos. Pero la sociedad actual, más cosmopolita, ha perdido la cultura de la sociedad rural y sus importantes enseñanzas.

Describamos por encima a las salamanquesas para aquellos que no las conocen. Es un pequeño reptil de la familia Gekkonidae, que se cree que fueron introducidos en Europa a través del comercio de mercancías procedentes de África. Los adultos pueden llegar a medir de 5 a 15 cm de cuerpo, más una longitud similar para la cola. La parte superior está llena de bultos cónicos prominentes; su cuerpo es robusto y aplastado, la cabeza es grande, ancha y posee forma triangular. Cuando pierde su cola puede regenerarla, al igual que las lagartijas, aunque la nueva es más lisa y carece de bultos. Su color habitual es un gris pardo o marrón, con variaciones desde el gris blanquecino hasta el casi negro y con manchas más claras y oscuras; el vientre es blanquecino. Su boca es chata y sus enormes ojos presentan una espectacular pupila vertical y carecen de párpados, por lo que están casi siempre lamiéndoselos para limpiarlos e hidratárselos. Los dedos, cinco en cada extremidad, tienen protuberancias laminares laterales e inferiores que les proporcionan gran adherencia para trepar y desplazarse por superficies verticales, aunque estas sean lisas pulidas como cristales. Fue Aristóteles el primero en describir a las salamandras y su capacidad para escalar y correr cabeza abajo por todo tipo de superficies.

Salamanqusa en farola

Las salamanquesas son animales nocturnos, aunque en ocasiones se muestran activas en torno al crepúsculo o incluso durante el día, especialmente en los días soleados del comienzo de la primavera. En nuestra zona permanecen activas desde mediados de febrero hasta finales de octubre. Suelen ser territoriales y defienden su territorio de otros individuos. Permanece la mayor parte del día semioculta en cualquier recoveco, grieta o saliente, hasta que cae la noche. Entonces acude hacia lugares iluminados o que por otras razones atraigan a diferentes insectos, por eso les gustan tanto los lugares habitados por los humanos ya que solemos iluminar las calles y las casas y esas luces atraen a los insectos, y allí se quedan inmóviles, aguardando el momento preciso para abalanzarse por sorpresa sobre sus presas.

Se reproduce en primavera y verano, realizando una puesta de uno o dos huevos, que depositan en grietas, entre las paredes, piedras o bajo la corteza de los árboles. Crecen muy lentamente y viven entre 6 y 10 años.

Como curiosidad hace tiempo en Chiapas (Méjico), era costumbre regalar una salamanquesa a quienes se compraban un casa o piso nuevo.
En resumen, las salamanquesas no son venenosas y son muy beneficiosas para los seres humanos, motivo por el cual si tenemos alguna en casa deberíamos protegerla y cuidarla por el beneficio que nos aportan.

Texto y fotos:  Javier Munilla