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La guerra de los mundos y la fórmula de Drake

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En 1938 el gran Orson Welles adaptó a formato de radio “La guerra de los mundos”, novela escrita cuarenta años antes por otro Wells, H.G. –el Julio Verne británico, precursor de la ciencia ficción. Y comenzó la primera emisión radiofónica con el anuncio de unas detonaciones observadas en Marte, seguido de testimonios en directo de una imparable invasión marciana en Nueva York …sin aclarar hasta el minuto cuarenta de la emisión que se trataba de una ficción. Para entonces, el pueblo americano ya había entrado en pánico.
En 1978 Jeff Wayne estrenaba su versión de “La guerra de los mundos”, un espectacular musical de rock sinfónico que llegó a contar con las narraciones de otras dos voces de oro del séptimo arte: Richard Burton y Anthony Quinn. Uno de sus estribillos más oídos decía: “La probabilidad de que existan marcianos y nos lleguen es de uno contra un millón”. ¿Es eso cierto? ¿Cuántas civilizaciones podrían comunicarse en nuestra galaxia? Para tratar de responder a estas preguntas, en 1961 Frank Drake hizo el siguiente cálculo aproximativo, conocido como fórmula de Drake.
Comenzaremos por hacer una estimación del ritmo anual de formación de estrellas “adecuadas” en la Vía Láctea, las de una masa intermedia, que no sean ni enanas marrones (demasiado pequeñas para producir luz propia y calor abundante) ni estrellas muy masivas (demasiado grandes, que agoten su combustible al poco de nacer): digamos unas 10 al año. Multiplicaremos este número por la fracción de estrellas que tienen planetas en su órbita: Drake calculó que un 50%, es decir multiplicamos por 0.5. Después multiplicó por 2, que es el número medio de planetas orbitando dentro de la ecosfera o franja habitable en torno a una estrella, es decir, en órbitas tan próximas a ésta como para ser demasiado calientes ni tan lejanas que sean demasiado frías para albergar vida. Si tenemos en cuenta ahora la fracción de planetas de la ecosfera en los que se ha desarrollado vida, que Drake pensaba eran el 100%, tenemos 10 x 0.5 x 2 x 1 = unos 10 planetas con vida formándose cada año en nuestra galaxia.
Introduzcamos ahora los siguientes factores: la fracción de esos planetas en los que se ha desarrollado vida inteligente, un 1%; la fracción de planetas con vida inteligente en los que se ha desarrollado una tecnología suficiente y que intentan comunicarse, otro 1% en opinión de Drake; y finalmente el lapso de tiempo durante el que una civilización inteligente con intención de comunicarse puede existir, unos 10000 años. ¿Resultado?: si Drake estaba en lo cierto, hay 10 x 0.01 x 0.01 x 10000 = 10 civilizaciones intentando ponerse en contacto con nosotros.
La ecuación de Drake no cuenta en la actualidad con datos fiables para sus diferentes factores pero es una valiosa herramienta estimativa e ilustra perfectamente el tipo de análisis –aproximativos o de orden de magnitud– que deberían enseñarnos a todos en la escuela para descomponer cualquier problema complejo en partes más pequeñas y sencillas de resolver.
Hay estimaciones que dan una civilización detectable cada 100 millones de años en nuestra galaxia. Este número, que parece insignificante, se torna grande cuando tenemos en cuenta el enorme número de galaxias del universo, dando unas 5000 civilizaciones buscando comunicarse en todo el universo observable. Otros cálculos dicen que en los últimos 7500 millones de años (la mitad de la edad del universo), en el universo observable han existido 100 000 millones de civilizaciones con tecnología muy parecida a la nuestra en torno a una estrella de tipo solar.
Hasta 1995, año en que Michel Mayor y Didier Queloz anunciaron la detección del primer planeta extrasolar, aún había gente que decía que todo esto eran pamplinas, que los únicos planetas existentes son los que orbitan alrededor de nuestro Sol. Pero sólo en los siguientes quince años se detectaron más de quinientos exoplanetas y la cuenta crece a ritmo de vértigo. En sólo dos años, la sonda Kepler, lanzada en 2009 por la NASA, ha encontrado más de mil candidatos.
Los planetas extrasolares ya no son sólo cosa del séptimo arte y la ciencia-ficción. Es hora de preguntarse, como ya lo hiciera el propio Johannes Kepler: ¿Quién vivirá en esos mundos si están habitados? ¿Somos nosotros o son ellos los Señores del Universo?
Javier Bussons Gordo