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¡Leñe, que me caigo!

Una definición simple, y quizá anticuada, de Universo podría ser la región del espacio que tiene las mismas leyes físicas. Se ha podido demostrar que Hollywood es un Universo paralelo en el que rigen leyes físicas diferentes a las que tenemos en casa. Veamos un ejemplo.

Cuando un puente colgante de cuerdas se cae, tenemos un instante para correr o saltar desde la parte que aún no se ha caído.

Esto se lo hemos visto hacer muchas veces a Indiana Jones o a Rambo. El malo, vestido de negro reglamentario, corta la cuerda cuando el bueno, acompañado de la chica guapa obligatoria, está a punto de llegar al otro anclaje.

Para ver si esto es posible, vamos a simplificar el problema (este es un truco de físico para facilitar el razonamiento y la comprensión). Supongamos el puente colgante más simple que podemos imaginar: una plataforma de madera sujeta por una única cuerda. Si nos ponemos sobre la plataforma y un amigo graciosillo corta la cuerda. ¿Cuánto tiempo tenemos para saltar de la plataforma antes de que empiece a caer?... ¡Premio! ninguno. La plataforma entra en caída libre desde el mismo instante en que cortemos la cuerda. Nos la pegamos sin remedio.

Da igual que el puente tenga una, dos o cuatro cuerdas, que esté colgado de un punto, como el nuestro, o de dos, como el de Harrison Ford. En el instante en que se cortan las cuerdas de un lado, el puente entra en caída libre,y nosotros con él. Esto ocurre en todas partes, salvo en Hollywood, mundo en el que las leyes de la ciencia, la historia, la geografía, la lógica, la Ley… son diferentes al resto del Universo.

En abril del 2001 se produjo un socavón en la M-30 madrileña, justo en el momento en que pasaba un coche por encima. El conductor, al notar que el suelo se hundía bajo sus ruedas, aceleró y consiguió salir del hoyo, que se formó a su espalda.

Según lo que acabamos de explicar esto sería imposible y los periodistas nos estarían contando una milonga; pero analicemos el asunto más atentamente.

La caída de tierra compacta en un agujero que se forma bajo ella no tiene por qué ser instantánea, como ocurre al cortar una cuerda, ya que está sustentada en muchos puntos y tiene una consistencia que hay que vencer; la placa de la calzada sobre la que se desplaza el coche tiene que fracturarse al perder apoyo, lo que puede llevar un tiempo; pudo, por tanto, caer toda esa estructura en un tiempo apreciable, digamos en un segundo. Esto significa que durante este tiempo la calzada y el coche no estaban en caída libre.

Pero además de todo esto, hay otra cosa que no tenemos en el caso del puente, la inercia del automóvil, ya que el coche estaba lanzado, y lo más probable es que, en el momento del hundimiento las ruedas delanteras ya estuvieran en la parte firme del asfalto.

De modo que el secreto está en la caída libre: los saltos desde puentes en caída libre no son posibles, ni en Sigüenza, ni en Honolulú.