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El cáncer, más allá de la historia

El cáncer ha acompañado a la humanidad desde los inicios de la evolución  pero nunca con la frecuencia actual. Esta enfermedad se produce cuando algunas células del organismo comienzan a crecer de forma desordenada y arbitraria, invadiendo los tejidos vecinos o produciendo metástasis en lugares alejados de donde se inició. Hay evidencias de la presencia de este tipo de tumores en fósiles  de especies africanas antecesoras del homo sapiens, así como en el hombre de neardenthal. La referencia escrita más antigua de esta enfermedad se encuentra en un Papiro de Edwin Smith, en el antiguo Egipto (3000 A.C) donde se  hace alusión al posible tratamiento quirúrgico de las lesiones externas. Fue el médico griego Hipócrates (460-370 A.C) quien llamó a esta enfermedad  (karkinos), por la similitud de las lesiones con las patas del cangrejo, siendo introducido el término en el mundo latino como cáncer. Aunque el cáncer ha estado presente a lo largo de la historia del hombre, no fue tan frecuente como en la actualidad, siendo a partir del siglo XVIII cuando comienza el diagnóstico de este tipo de lesiones tanto internas como externas, algo obvio si tenemos en cuenta que fue en este siglo cuando comenzaron los estudios a través de las autopsias. También  es a partir de la Revolución Industrial y el hacinamiento en las grandes ciudades cuando esta enfermedad comienza a adquirir unas dimensiones alarmantes en el ser humano.

La presencia del cáncer en los organismos vivos parece ser la parte negativa de la Evolución. Nuestro planeta ha pasado por varias eras geológicas, durante las cuales  algunos  microorganismos fueron evolucionando hacia individuos de mayor complejidad. Las especies que sacaban provecho del medio ambiente que les rodeaba se mantuvieron, mientras que para aquellas especies  para las que el hábitat resultaba hostil fueron desapareciendo incapaces de adaptarse. Pero ningún cambio se hubiera producido desde los primitivos organismos vivos sin la capacidad de mutación del ADN. Una de las características fundamentales de este material hereditario es que se transmite con gran fidelidad a las siguientes generaciones, …¡pero no siempre!, ya que puede sufrir cambios llamados mutaciones que se transmiten a la descendencia. Estos cambios pueden ser beneficiosos, pueden ser neutros o pueden ser perjudiciales, según aumenten o disminuyan la capacidad de supervivencia del individuo.

La opinión de Mel Greaves, investigador internacional sobre el cáncer, es que “el cáncer es un depredador que aparece como resultado inevitable de la evolución”, ya que es el resultado de exposiciones a factores de riesgo que producen mutaciones genéticas,  y que son parte de la Naturaleza misma. Estos factores pueden ser naturales (físicos, químicos y biológicos) como las radiaciones que provienen del sol o de las mismas rocas,  sustancias químicas presentes en la naturaleza y también microorganismos como algunos virus. En los últimos siglos se ha detectado un gran aumento de los factores de riesgo de origen artificial de los que el hombre es el responsable, siendo el cáncer una de las patologías sobre las que  más investigaciones se están realizando en la actualidad .

En el siglo XXI la lucha contra el cáncer se basa en varios pilares fundamentales los cuales han de articularse para una mayor eficacia de la misma.

1. La investigación en todo el proceso de esta patología.

2. La prevención de aquellos tipos en los que puede ser posible.

3. Diagnóstico precoz.  

4. Tratamiento eficaz.

5. Rehabilitación .

Pero lo más fundamental y barato en la prevención del cáncer son los cambios de modos de vida poco saludables como el sedentarismo, la obesidad o el abuso del alcohol y tabaco. Hacer ejercicio al aire libre, dieta variada rica en vitamina C y vitamina D están al alcance de todos en el año 2015 que comienza.        

Ponte en marcha.