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El Planeta X

En 2015, el logro de la nave Nuevos Horizontes al alcanzar el último de los llamados “nueve planetas del Sistema Solar”, enviarnos imágenes y datos de él y de sus lunas (Caronte, Nix, Hidra, Cerbero y Estigia), ha hecho que se hable de Plutón incluso en las tabernas; sin embargo, Plutón ha estado siempre envuelto en malentendidos.

Falsa creencia. Las irregularidades en la órbita del planeta Urano se explicaron al descubrirse la existencia de Neptuno, y las de Neptuno al descubrirse Plutón.

En 1840 el matemático francés Urbain Le Verrier calculó la órbita de Urano, el séptimo planeta, y descubrió que sus posiciones en el cielo no se ajustaban a las predichas por las ecuaciones, por lo que pensó que debería de haber un planeta más allá que tirara ligeramente de Urano cuando se cruzaba con él.

Le Verrier pidió por carta al astrónomo alemán Johann Gottfried Galle que buscara “su planeta”. La misma noche del día en que recibió la carta, 23 de septiembre de 1846, apuntó su telescopio al lugar que indicaba Le Verrier, y un grado más allá encontró un pequeño disco en el cielo. El octavo planeta fue bautizado como Neptuno.

Sin embargo, las irregularidades de la órbita de Urano no se explicaban completamente con la introducción en las ecuaciones de la masa, el periodo y la distancia al Sol de Neptuno, por lo que varios astrónomos pensaron en la existencia de otro planeta gigante, el noveno, responsable de esas variaciones residuales.

El más conocido de estos astrónomos fue Percival Lowell, rico industrial estadounidense y astrónomo aficionado, famosísimo por defender la existencia de canales en Marte obra de una civilización marciana.

Lowell necesitaba un planeta de 7 masas terrestres, al que llamó El Planeta X, y creó el Observatorio Lowell (1894) solo para buscar al escurridizo planeta.

Lowell falleció sin ver el resultado de sus esfuerzos, pero su hermano George revivió el observatorio unos años después. El 18 de febrero de 1930 ClydeTombaugh, astrónomo aficionado que pasó de peón de granja en Texas a astrónomo de plantilla del observatorio, con solo 22 años de edad descubrió, comparando cientos de fotografías, un puntito luminoso que se deslizaba entre las estrellas del fondo.

Los astrónomos objetaron que era demasiado pequeño para ser el responsable de las irregularidades restantes de la órbita de Urano, ya que por su luminosidad y distancia al Sol se consideró que tenía una masa equivalente a la de la Tierra. Esta masa era incapaz de producir las irregularidades que no explicaba la presencia de Neptuno.

Pero entonces ¿qué produce el resto de las irregularidades de la órbita de Neptuno?

El Voyager 2, esa nave que ya se encuentra fuera del sistema solar, no pasó cerca de Plutón, pero sí de Neptuno, y los datos de su trayectoria permitieron recalcular con gigantesca exactitud la masa de Neptuno como unas 17 veces la masa terrestre.

Al introducir los nuevos datos en las viejas ecuaciones resultó que las misteriosas discrepancias desaparecieron, haciendo irrelevante la influencia de Plutón e imposible la existencia de un décimo planeta gigante.

Es decir, el descubrimiento de Plutón no se debe a un éxito de la matemática (como el descubrimiento de Neptuno), sino precisamente a un error matemático generado por un dato inexacto, lo que demuestra que la ciencia avanza incluso con los errores, porque espolean la investigación y la observación.

Luis Montalvo Guitart