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José Manuel Caballero Bonald

“Detrás de la memoria hay una gran habitación vacía, donde se alojan cada noche las cosas olvidadas”. Hermosas palabras de José Caballero Bonald, jerezano de noventa y dos años, deslumbrante poeta y novelista, premio Cervantes 2012, sin duda un eminente emblema de la literatura española contemporánea. Un escritor rebelde y barroco, dueño de un lenguaje esmerado, a la par moderno y tradicional, considerado por muchos cómo el Luis de Góngora de nuestro tiempo.

Corren los días primaverales del año 1974. Caballero Bonald se refugia en su domicilio madrileño y se embebe en la redacción de su poética novela, Ágata ojo de gato, una sorprendente y trágica fábula, henchida de invenciones y ensueños, galardonada luego con los premios Barral y de la Crítica. Le esperan cinco largos meses de aislamiento, casi absoluto, dedicados a escribir febrilmente, de día y de noche, llegando a confundir “lo fidedigno con lo ilusorio”, como si en ello fuese a perder la vida. En algunos momentos — confiesa— “no sabía si estaba escribiendo un poema, más o menos descriptivo, o estaba narrando un hecho intercalado en la acción de una novela”.

Al final del verano, en el suave mes de septiembre de ese año, José Manuel Caballero Bonald decide acomodarse en Sigüenza, residir allí durante algunos meses en diligente descanso y, más aún, ultimar los capítulos de su inconclusa novela. En la apacible quietud de la ciudad mitrada, alejado de la gran metrópoli y de ciertas “espesuras intelectuales”, anhela encontrar el sosiego necesario para adentrase en los mil afanes de su escritura. La depurada prosa del escritor, siempre bella y comprometida, esculpe en uno de sus libros de memorias, por nombre La costumbre de vivir, el silencioso entorno del caserío seguntino.

Espiguemos entre sus recuerdos:

“Me agradó aquella ciudad adusta, poblada de hidalgos pobres, curas huraños y castellanos viejos, con una parda fortaleza cisterciense y un molino árabe como discoteca. Alquilamos una casa al pie de los pinares que casi llegan hasta Medinaceli, –en el popular paseo de los Arcos– un lugar discretamente bucólico donde las últimas noches de verano tenían el sabor y el olor de las de principios del invierno”.

Tras este preámbulo, Bonald recupera dos detalles que aletean al trasluz de sus evocaciones:

“En Sigüenza tenía muchos amigos –Pepe Esteban, Antonio Pérez, Máximo Robisco– pero solo coincidí, muy de pasada, con este último que era pintor. Mi casa era emparedada con la del juez Gómez Chaparro, titular entonces del Tribunal de Orden Público”.

Nada menos que el responsable de la severa instancia judicial, temida y poderosa, de aquellos meses finales del franquismo.

Muchas mañanas, Caballero Bonald, impenitente andariego, deambula al albur de sus pasos por calles y plazuelas. Así lo cuenta:

“Me gustaba callejear por el reducto antiguo de Sigüenza, esas costanillas que suben hacia el castillo, y en las que se aprecia, más que en otras zonas urbanas, el prestigio de las piedras devastadas por siglos de intemperie”.

En su caminar departe con algunos vecinos, y comenta, con guiño irónico, que aquellos “que no eran cazadores o canónigos, eran contadores de historias del conde de Romanones, seguntino honorario, o guías espontáneos para los santuarios de la gastronomía local”.

En este vagar paciente, el novelista coincide con otro afamado literato, igualmente afincado en Sigüenza:

“Por estos andurriales me encontré un día a Rafael Sánchez Ferlosio, quien me explicó que llevaba algún tiempo dedicado al estudio de la captura por parte del Henares de los afluentes de esta comarca y de la vecina raya de Soria. En principio, no me pareció que hubiese ninguna relación ecuánime entre un oficio tan especializado y literario, o gramatical, que ejercía a rachas Ferlosio. Además, me habló de esa ocupación con un sigilo por lo menos incongruente, rogándome, con las cautelas del correo del zar, no le dijese a nadie donde se alojaba, ya que quería hacer su trabajo sin ninguna clase de interferencias”.

Sabido es que Ferlosio siempre se mostró devoto de las más diversas cuestiones geográficas, en particular de las relacionadas con los ríos: el discurrir de las aguas, su caudal, el régimen de lluvias, las riadas habidas, las inundaciones y los desbordamientos. El Jarama es el título de su más conocida novela, premiada con el Nadal de 1955, y el curso del Henares, que ciñe al norte el centro histórico de Sigüenza, constituye uno de los ejes narrativos de su mágico ensayo novelístico Industrias y andanzas de Alfanhuí. En sus páginas, Ferlosio advierte al lector que el Henares “es un río terroso que baja por las tierras oscuras y viene de oscuras montañas; y está hecho con las sombras olvidadas por los vericuetos de la serranía”.

Sánchez Ferlosio, en sus visitas a Sigüenza, se alojaba en el antiguo Hotel Venancio, hoy cerrado, situado a la entrada de la calle de san Roque. “Una pensión medianamente decorosa”, –en el decir de Bonald– donde este había pernoctado, en compañía del poeta canario Luis Feria, “algún que otro fin de semana pasado por aquellos parajes, –Jadraque, Atienza o Palazuelos”– sin que les “moviera formalmente otro placer que el del esparcimiento”.

Los sosegados días seguntinos de Caballero Bonald terminan. Las tareas literarias previstas a su llegada –según manifiesta– han sido cumplidas satisfactoriamente:

“Un ambiente como el de Sigüenza, bien nutrido de hábitos provincianos, a más de los naturales atributos cinegéticos, levíticos, pastoriles, con su seminario diocesano y sus modestas infracciones tabernarias, me resultó especialmente idóneo para mi trabajo, hasta el punto que allí di por terminada la versión completa de Ágata ojo de gato, que fue la que publicó Barral, aunque tampoco sería la definitiva”.

El aura legendaria del Doncel de Sigüenza, eterno símbolo de la vieja ciudad, hilvana las ultimas reflexiones del esclarecido poeta:

“Con Pepe Esteban –el antidoncel de Sigüenza, ya lo dije– no coincidí en su pueblo durante aquella temporada, pero sí me acerqué a menudo a dialogar con el Doncel, imaginándome siempre qué libro estaría leyendo aquél apuesto muchacho muerto cuando peleaba contra los moros en la guerra de Granada”.

Vicente Aleixandre hacia 1932 en la pose del Doncel.

Al hilo de tan místicos diálogos, Caballero Bonald, siempre erudito, rememora:

“Hay una foto de Vicente Aleixandre –la que figura en la antología de Gerardo Diego de 1932– en que aparece recostado muy pulcramente en un pradillo y cuya postura reproduce con una curiosa precisión la del Doncel. A lo mejor –dice con humor– incluso leerían el mismo libro”.

Indudablemente, los mitos y los poetas viven eternamente en el reverberar de sus recuerdos.

Javier Davara
Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid

Estreno en Sigüenza del espectáculo "Tres Joyas"

Se desveló el misterio, las “Tres Joyas” son la voz, la danza y el piano. Una conjunción que se presenta por primera vez en España y que Sigüenza ha sido el lugar elegido para su estreno. Cuando la famosa Yolanda Gaviño (coreógrafa, actriz y bailarina) e Isabel Cantos (soprano, musicóloga y crítica de ópera) se conocieron hace año y medio, de inmediato se produjo un flechazo artístico que las llevó a unir sus disciplinas junto con el piano de Andrés Manuel Martínez (profesor, solista y repertorista). El programa de canto, danza y piano que presentan es un espectáculo único que incluso han registrado para evitar plagios pues su intención es llevarlo por todo el mundo. Se trata de un recorrido sobre grandes autores españoles o extranjeros relacionados con España, como Bizet o Rimski-Korsakov y centrado en el siglo XIX y XX. Durante todo el espectáculo el piano estuvo presente; como solista (muy buena interpretación de Granados y de Albéniz), acompañando a Yolanda danzando, por ejemplo las famosas Czardas de Monti, también ejecutando con las castañuelas el “Fandango” de Dña. Francisquita de A. Vives (una delicia) o acompañando a Isabel Cantos en la “Habanera” y la “Seguidilla” de Carmen de Bizet, también luego en dos piezas de Rimski-Korsakov muy hermosas o con “El Polo” de M. de Falla. Sin lugar a duda, la alternancia, la presentación con bellos cuadros de trajes y atrezo, fueron llenando de magia la sala y de los aplausos pasamos a los “bravos”. “Anda jaleo” de Lorca y “El vito” en la adaptación de Obradors fueron las dos propinas que cerraron el concierto. La danza de Yolanda, la voz de Isabel y el piano de Manuel logran este estupendo espectáculo. Deseamos muchos éxitos a este conjuntado trío de artistas. Gracias a los tres y a Bell’Arte.

Vuelvo a insistir: tras haber cumplido con creces sus primeros diez años de exhaustiva utilización, el Pósito requiere una reparación del suelo de su escenario, un telón que funcione, una ampliación de la escena, unas luces que no martiricen al público y un repaso general de butacas.

30 de marzo de 2019 en El Pósito de Sigüenza. Organiza: Bell' Arte Europa

Otras heridas en el casco histórico

El pasado mes de diciembre recordábamos en estas páginas los inicios de la Fundación Ciudad de Sigüenza y la firma con la Universidad de Alcalá para sacar adelante la Casa del Doncel. De esos inicios, también queremos recordar otras actuaciones en el casco histórico, con unas heridas que desde hacía muchos años estaban pidiendo una intervención. 

De estas heridas, y desde una oposición activa del Ayuntamiento a través de los concejales de Comunidad de Tierras Seguntinas, Jesús Canfrán y Tomás Martínez de Anca, daban fiel información, a través de unos boletines trimestrales en los que contaban y denunciaban la situación y necesidades del casco histórico de Sigüenza, filosofía que de alguna manera nos contagió, asumimos y quedó plasmada en los estatutos de la Fundación, que son trabajar por el patrimonio y la cultura de Sigüenza, y así se han cumplido en estos más de 20 años de existencia.


Una de las heridas llamativas era la iglesia de Santiago, después de su incendio en el año 1936, solo nos quedaba, para seguntinos y turistas que pasaban por la calle, el agujero de la cerradura, donde se paraba todo el mundo para ver el aspecto desolador de la ruina de la iglesia, un único arco apuntalado, escombros cubiertos por plantas y malezas, y al fondo el presbiterio cubierto, y en su centro un ventanal románico, esa era la visión de la iglesia desde hacía más de 60 años.


Siempre, y desde nuestros inicios en el año 1997, hay dos personas, dos seguntinos ilustres a los que recurrimos para su asesoramiento y consejo y que siempre creyeron en nosotros, D. Felipe Peces y D. Gerardo López; ese verano tuvimos una reunión con D. Felipe, para saber de la situación de la iglesia, nos puso al tanto de las últimas actuaciones y nos dio la documentación que tenía sobre ello.


Según esta documentación, en 1989 la Consejería de Cultura de la Junta de Comunidades presentó un Plan Especial del Románico para rehabilitar diez iglesias de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara. El Cabildo, a instancias del propio Delegado Provincial de Cultura, presentó unas condiciones para la cesión temporal de la iglesia de Santiago al Ayuntamiento, para dotar a Sigüenza de una sala de conciertos y eventos culturales y cuya restauración correría a cargo de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, dentro de los presupuestos del año 1991.


En el año 1990, se preparó el Borrador Convenio Obispado y Consejería de Cultura, pero quedó solo en borrador. En esos momentos, desde la revista Ábside, la Asociación Amigos de la Catedral, en su editorial de abril del año 1990, con el título “Salvemos la Iglesia de Santiago”, ponía en conocimiento ese Plan Especial del Románico y animaba a actuar en consecuencia. Al año siguiente, 1991, otro editorial de la Asociación volvía a insistir en actuar, con urgencia, ya que la situación de la iglesia iba empeorando. Ante la falta de resultados por la vía oficial, proponían a través de la Asociación Amigos de la Catedral, junto con el Cabildo y el Ayuntamiento, lanzar una campaña para sacar adelante Santiago, poniendo como ejemplo la meritoria y laboriosa restauración de la iglesia de San Vicente. En esa editorial de Ábside también se comenta la restauración llevada a cabo por la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura en los años 1982/83, por la que se hizo una nueva cubierta en el presbiterio, se consolidó la torre, se levantó sobre la nave uno de los tres arcos necesarios para implantar la cubierta con un artesonado interior. Sin embargo, se agotó el presupuesto y las obras quedaron abandonadas.

Arco interior. Iglesia de Santiago


En junio de 1999, la Universidad de Alcalá estaba preparando el proyecto para adjudicar las obras de la Casa del Doncel y de la Hospedería Porta Coeli, e invitamos a D. Manuel Gala, Rector de la Universidad, a visitar la iglesia de Santiago. Y aquí recurrimos a D. Gerardo López, para que abriera la puerta de la iglesia e hiciera la visita. La ilusión de D. Gerardo por ver la iglesia restaurada rápidamente contagia al Rector, que ve en este espacio una gran Aula Magna polivalente que completara los espacios de la Casa del Doncel para la Universidad. Desde ese momento se compromete llevar esta iniciativa a los servicios técnicos para su estudio y viabilidad.


El 22 de julio de 1999, con motivo del V Centenario de la Universidad de Alcalá, se coloca una placa en la fachada del Palacio Episcopal, y el Rector le comunica al Obispo, D. José Sánchez, la posibilidad de llegar a un acuerdo de cesión para la recuperación de Santiago, le entrega un pequeño borrador e indica que su interlocutor sería la Fundación Ciudad de Sigüenza. El 17 de agosto, les hacemos llegar al Obispo y al Cabildo, una documentación con los objetivos y un presupuesto estimativo para la recuperación de la iglesia. Información que también se traslada al Concejal de Urbanismo y Patrimonio y a los grupos de la oposición del Ayuntamiento, para su conocimiento y apoyo al proyecto.


Después de varias reuniones y tomas de contacto, en carta de fecha 20 de octubre de 1999 el Deán Presidente del Cabildo agradece el interés por la recuperación de la iglesia y nos indica que se va a solicitar una reunión con los representantes de la Consejería de Cultura de Castilla-La Mancha para retomar y pedir una actuación en la misma. No obstante, el Obispo agradece a la Universidad de Alcalá y a la Fundación la colaboración y nos invita a preparar un Convenio. Se hace el borrador y se le entrega, también, un trabajo documental para la recuperación de la iglesia, realizado en el Master de Patrimonio de la Universidad, era diciembre de 1999, y en febrero de 2000, D. José Sánchez nos indica que se han iniciado conversaciones con la Junta y hay un principio de acuerdo de actuar en ella.

Manuel Gala rector de la UAH, el arquitecto Carlos Clemente,  Laureano Martínez Pinilla, delegado de la Junta y Antonio Manada,de la Fundación Ciudad de Sigüenza.


La primera obra se inició en septiembre de 2002, y se centró en la recuperación de la cubierta, con una inversión de 360.000 euros. En el año 2006, comienza la segunda fase con la restauración de la fachada principal y coro, con una inversión de 156.385 euros, con proyectos de la arquitecta Pilar Hierro, financiados por la Junta. En el año 2007, hubo otro intento desde la Junta, siendo Consejera de Cultura Marisol Herrero, con un Plan de Intervención en las iglesias románicas del norte de Guadalajara, denominado “Románico de la Marca Media”, en colaboración con la Fundación Santa María la Real, en el que se contemplaba terminar la restauración de la iglesia de Santiago. Lamentablemente, llegó la crisis y con ella el recorte y abandono de muchos proyectos que se habían iniciado. Con lo que la iglesia de Santiago se quedó a la espera de nuevas iniciativas, pero ya como una ruina consolidada, un espacio, que una vez realizada la limpieza interior, ya se podía utilizar para visitas turísticas y diversos eventos.


Por todo ello, dedicamos un recuerdo y agradecimiento especial, primero a D. Felipe Peces que nos informó, a D. Gerardo López que nos abrió la puerta, a D. Manuel Gala, Rector de la Universidad de Alcalá, que creyó en ese espacio y levantó la alarma, al Obispo D. José Sánchez porque cumplió su palabra y a la Junta que financió el proyecto, y así la iglesia de Santiago empezó a curar esas heridas que presentaba desde hacía más de 60 años.


En septiembre de 2012, el Ayuntamiento inició una serie de reuniones para informar a asociaciones y fundaciones de las gestiones que se iban a llevar a cabo para poner en valor la Iglesia de Santiago. El 26 de octubre de 2012, el Cabildo y el Ayuntamiento firman un convenio de cesión de la iglesia. Posteriormente se crea la Asociación Amigos de la Iglesia de Santiago, y el 21 de mayo 2013 firman un nuevo Convenio para asumir el noble propósito de seguir trabajando para la recuperación del templo como Centro de Interpretación del Románico Rural de la provincia. Durante estos años se han realizado actividades culturales y se está haciendo un gran esfuerzo para completar su restauración, por lo que les deseamos mucha suerte y que todos lleguemos a ver finalizado un buen proyecto, y la iglesia de Santiago, finalmente, sana y salva.

Antonio Manada del Campo
Fundación Ciudad de Sigüenza

Érase una vez una iglesia derruida, bombardeada e incendiada durante la Guerra Civil, que quedó olvidada durante años

La Iglesia de Santiago ha sido objeto de varios loables y necesarios intentos de restauración y recuperación para su uso por parte de algunas entidades y organismos vinculados con Sigüenza y en defensa de su patrimonio.

En septiembre de 2012, el Ayuntamiento de Sigüenza, con D. Jose Manuel Latre al frente como alcalde y contando con D. Primitivo Alguacil como concejal de Patrimonio y principal promotor del proyecto, junto con la cronista oficial, Dña. Pilar Martinez Taboada, la archivera municipal, Dña. Amparo Donderis, la concejal de Cultura, Dña. Sonsoles Arcones y otros miembros de organismos relacionados con el Patrimonio, se retoman las conversaciones con el Obispado y el Cabildo para obtener el uso del edificio, y con fecha 26 de octubre de 2012 se firma un convenio de Cesión de uso entre ambos organismos, en principio por un plazo de 25 años, prorrogables a 50 (actualmente 60 años).

Posteriormente, el 21 de noviembre de 2012 se crea la Asociación de Amigos de la Iglesia de Santiago, cuyos fines, según se indica en el artículo 3 de los Estatutos, son

1. Promover la conservación, restauración y mantenimiento de la Iglesia de Santiago.

2. Desarrollar actividades culturales relacionadas con la iglesia de Santiago y el arte románico, tales como exposiciones, congresos, conferencias, jornadas, coloquios y publicación de libros sobre la Iglesia de Santiago y el desarrollo del arte Románico.

3. Fomentar, promocionar y divulgar la idea de la Protección del Patrimonio Histórico Artístico representado por el edificio de la Iglesia de Santiago.

4. En general, todas aquellas actividades que tiendan al conocimiento y difusión de la historia de la iglesia de Santiago, del arte Románico y de la ciudad de Sigüenza.

Con fecha 21 de mayo de 2013 se firma otro Convenio de Colaboración entre la Asociación y el Ayuntamiento por el cual el Ayuntamiento cede el uso de la iglesia a la Asociación por el mismo periodo de tiempo que el firmado por el Cabildo. La asociación se compromete a organizar y coordinar todo tipo de actividades culturales con el único y exclusivo fin de recaudar fondos con destino a la rehabilitación del monumento y su conversión en Centro de Interpretación del Románico de la Provincia.

Cada año, con motivo de la festividad de Santiago Apóstol, la junta directiva, ha organizado un acto divulgativo (Gala Anual) donde se ha agradecido la colaboración de los participantes en el proyecto y se han expuesto los avances y hallazgos obtenidos a lo largo de cada uno de los años de trabajo.

Así en 2013 se presentó oficialmente la Asociación, se expuso el proyecto de obras de adecuación y se lanzó la campaña ”Apadrina un sillar”.

En 2014 se expuso el proyecto museístico “Centro de Interpretación del Románico de la Provincia”.

En 2015 se explicó al público el seguimiento arqueológico de las obras del presbiterio, a cargo del arqueólogo colaborador de la Asociación, D. Ricardo Barbas Nieto y se realizó la entrega de premios del I Concurso de fotografía “El Románico en la Provincia”.

En 2016 se informó sobre los trabajos realizados por el Centro de Asistencia a la Investigación de Arqueometría de la Universidad Complutense de Madrid, consistentes en prospección geofísica mediante georradar, a cargo de Teresa Chapa Brunet.

En 2017 se presentaron los hallazgos arqueológicos previos a las obras de la nave, a cargo del arqueólogo colaborador de la Asociación, D. Ricardo Barbas Nieto.

Por último en 2018, tras una visita guiada al edificio, se dio a conocer el resultado de las excavaciones arqueológicas donde han aparecido las trazas de una construcción anterior bajo la cota de suelo de la iglesia, así como el resultado de los análisis de morteros que se están realizando con objeto de datar dichas construcciones.

Y las buenas noticias recientes son:

Que en agosto de 2017 se presentó la solicitud de ayuda a la rehabilitación de Patrimonio convocada por los Ministerios de Fomento y Cultura, el denominado 1,5% Cultural, habiendo obtenido la resolución provisional favorable. Recientemente hemos recibido la resolución definitiva y en breve comenzaremos las obras.

Además, gracias a la gestión del Ayuntamiento de Sigüenza y a la Diputación Provincial, a finales de 2018 hemos conseguido un objetivo que veníamos persiguiendo desde el inicio: reconstruir los arcos del presbiterio.

Desde la junta directiva de la Asociación de Amigos de la Iglesia de Santiago queremos agradecer las gestiones de todos aquellos que han dedicado su tiempo y su esfuerzo para conseguir la recuperación del patrimonio de Sigüenza, y en especial de esta iglesia, y agradecer también el apoyo que estamos recibiendo para llevar a buen fin este proyecto, que ya va viendo la luz.

Elena Guijarro Pérez
Presidenta de la Asociación de Amigos de la Iglesia de Santiago de Sigüenza

Volver a Azorín, volver a Ortega y Gasset

Regresemos a la prosa ascética y diáfana de Azorín:

“La diligencia que subía todas las noches a la vieja ciudad por la cuesta del río, allá por donde están las tenerías, a lo largo de la alameda, ya hace años que ha dejado de correr. Ahora han hecho una estación; el tren se detiene, también por la noche, pero lejos de la alameda y el puente viejo, al otro lado de la población”.

Una vieja estampa, al tiempo realista e idealizada, en torno a las viejas ciudades castellanas, de una u otra meseta, en los albores del siglo pasado.
La pregunta se hace obligada: ¿De qué ciudad se trata? Las opiniones florecen por doquier. Las gentes de la ribera del Henares, donde sembró “avena loca” el arcipreste enamoradizo, aventuran los nombres de alguna de las poblaciones asentadas en su entorno: Sigüenza, Jadraque, Guadalajara… Sin duda las azorinianas palabras pueden ser aplicadas a muchos de los caseríos serpenteados por el inmutable correr del río, premiados en su tiempo con la avanzada modernidad del ferrocarril.

Al espigar otros gustosos pasajes de Azorín, de asombrosa claridad narrativa, descubrimos como menciona distintos topónimos para nombrar el lugar donde acaso ocurriera, o pudiera ocurrir, lo que en el texto se relata. Así, al recrear, con sentidos primores, la atávica liturgia de una corrida de toros, incluida en los festejos veraniegos de un terruño castellano, él mismo se pregunta: “Qué pueblo es?”. Y con voluntaria ambigüedad, confiesa: “Vaciamadrid, Jadraque, Pinto, Córcoles”. Todos o ninguno. Cualquiera de ellos puede ser el elegido; al fin y al cabo, solo son nombres, a modo de ejemplo, en los cuales hace habitar la identidad y el alma de Castilla.

A renglón seguido, con sutiles rasgos impresionistas, desmenuza el brillante y popular entorno de ocio y de alegría:
“La siega ha sido hecha; todo el campo está de un color amarillento, ocre. Llega la fiesta del patrón. En la plaza Mayor han cercado las bocacalles con recias talanqueras y carromatos; llamean los cubrecamas rojos, encendidos, en los balcones. Se va a celebrar la corrida. Todos los mozos del pueblo se hallan congregados aquí; tiene los carrillos tostados y bermejos. En las ventanas asoman beldades aldeanas, algunas redondas de faz, con las dos crenchas de pelo lucientes, achatadas; otras de cara fina, aguileña y ojos verdes, de un transparente, maravilloso verde; mozas que, en medio de esa rudeza, de esa tosquedad del ambiente, tienen una delicadeza y señorío de ademanes, una melancolía, que nos hacen soñar un momento profundamente”.

Una anécdota significativa. Un día de verano de 1905, Azorín rinde visita al ilustre Pérez Galdós en su residencia santanderina. Ante la azul bahía de la ciudad, allegados y amigos recuerdan, en animada y vespertina tertulia, las raíces de los pueblos castellanos, aludiendo entre otros a Atienza y Brihuega. Azorín anota el ir y el venir de las conversaciones:

“Pueblos de vetustos callejones, de callejuelas retorcidas, de olmedas y saucedas, donde pasean solitarios los clérigos; de tiendecillas oscuras; de portaladas nobles con blasones de piedras; de niñas silenciosas que asoman tras los cristales cuando resuenan pasos”.

La grata evocación de las tierras adentro, tan cerca y tan lejos del mar, suscita en los contertulios una grácil ensoñación:
“Hay un reposo, un recogimiento y una religiosidad profundos en el aire. Todos callamos. Y la sirena de un vapor, que marcha a la inmensidad, retumba con un largo plañido”.

El impagable filósofo José Ortega y Gasset, amigo de Azorín, desde su domicilio estival seguntino de la calle de san Roque, emprende años más tarde un “viaje sentimental, sobre una mula torda de altas orejas inquietas”, por las veredas y trochas de la serranía de Guadalajara, “la tierra muy roja que el Cid cabalgó”. Sigüenza, Alcuneza, Horna, Henares arriba; la sierra Ministra, Miedes, Atienza. Sigamos su entusiasta y conocido decir:

“Al volver atrás la mirada, Sigüenza, la viejísima ciudad episcopal, aparece rampando por una ancha ladera. En lo más alto el castillo lleno de heridas con sus paredones blancos y unas torrecillas cuadradas, cubiertas por un airoso casquete. En el centro del caserío se incorpora la catedral del siglo XII”.

Y prosigue:

“La catedral de Sigüenza, toda oliveña y rosa a la hora del amanecer, parece sobre la tierra quebrada, tormentosa, un bajel secular que llega bogando hacia mí en el viril castizo de su tabernáculo”.

El recuerdo de tan tentador escenario, llevará a Ortega a afirmar, algún tiempo después:

“La catedral de Sigüenza es contemporánea del venerable cantar de Mío Cid; mientras la hermana de piedra se alzaba sillar a sillar, el poema hermano organizaba sus broncos miembros, verso a verso, compuestos en recio ritmo de paso de andar. Ambos son hijos de una misma espiritualidad atenida a lo que se ve y a lo que se palpa. Ambas, religión y poesía, son aquí grávidas, serenas y afirmadoras de este mundo… La religión y la poesía no pretenden suplantar esta vida. La religión y la poesía son para la vida”.

La inesperada y brusca visión de una fortaleza, enriscada en la arista leve del horizonte, engalana la escritura de Ortega y Gasset:

“Este es el castillo de Atienza: florece en lo alto, sobre otro natural, que hacen las rocas, en súbita exclamación sobre la tierra pobre. ¡Atienza, la peña muy fuerte¡, dice el cantor del Cid; y ,luego, con vaga melancolía: ¡Atienza, las torres que los moros han¡; El elevado cimiento de piedra tiene la forma de una barca, en cuya proa de carabela se leva el resto de la torre. Todo ello ve de muchas leguas a la redonda, bogando incesantemente entre el cielo y la tierra”.

El caminar de Ortega por estos predios le conduce hasta otro baluarte de aristocráticos retumbos:

“Castillo de Jadraque. Otra vez sequedad y tierra lívida y roja. Un cono abrupto, de vertientes casi verticales y, en equilibrio sobre la cúspide, la mole agresiva desafiando el contorno. Enormes ademanes, gestos gigantescos, sumergidos en el trasfondo de la memoria”.

Eterna dialéctica orteguiana sobre el recuerdo de dos castillos de estas altas tierras. El de Atienza, de raíces árabes; el de Jadraque, rehecho en el señorial siglo XV.

Javier Davara

Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid

Imagen: Fermín Santos. Vista de Sigüenza. (Del libro “Pintores en Sigüenza, 2007)