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VII Segontia Folk

El festival se consolida y este año decidió apostar por innovación más que tradición y por artistas con raíces firmes desde hace tiempo. El único evento tradicional correspondió a los Danzantes de Galve de Sorbe que el domingo a mediodía inundaron de público el atrio de la catedral para mostrar sus bailes, ataviados según la costumbre.

Danzantes de Galve de Sorbe.

Todos ellos son jóvenes que ensayan y aprenden en sus vacaciones de verano pues no viven allí el resto del año. Los trajes son distintos entre pequeños y mayores pues van de los 8 a los 23 años según contaron. La dulzaina y el tamboril tocan y ellos danzan ayudados del “zarragón”. Arrancaron haciendo un estupendo pasacalles por la calle Cardenal Mendoza desde la plaza de Hilario Yaben hasta la catedral para instalarse ante la puerta principal o del perdón y ejecutar sus danzas más singulares. Por suerte los danzantes se han recuperado no solo en Galve, también en Majaelrayo, en Valverde de los Arroyos y en Condemios de Arriba, todos ellos pueblos de la sierra norte de Guadalajara que muestran similares características en su folklore y que resultan espectaculares.

Los hermanos Cubero.

Durante el fin de semana “Los Hermanos Cubero” el sábado y “Carlos Soto Folk Trío” el domingo actuaron en el Torreón representando a los sonidos castellano-alcarreño y castellano a secas respectivamente. Los hermanos son una singularidad del folklore alcarreño, tocaron en la noche, acompañados de su guitarra y la mandolina con su aire “bluegrass”, romances, jotas, seguidillas, etc“canciones de reir, llorar, beber y bailar” como dijeron. Arrancaron con música tan tradicional como la famosa “Entradilla” de Agapito Marazuela, con un resultado sorprendente al escucharla en la mandolina. Sobre “El aire” nos dijeron que en Guadalajara es casi un himno y siguieron luego “Arte y orgullo”, “Levántate”,  “Habanera de Maranchón”. Entonces entramos en el lado llorar, canciones de su último disco “Quique dibuja la tristeza”, y es que Enrique perdió a su mujer por culpa del cáncer y su defensa fue crear estas hermosas piezas de su vida cotidiana con ella, en las que Roberto, su hermano, le acompaña con discreción, así escuchamos “Tenerte a mi lado”, “Que haré el resto de mi vida” que es una variación inspirada en la música de “A mi manera” muy curiosa, y “El tiempo pasó”. Todas ellos muy bonitas pero la gente a esas horas lo que quiere es más marcha, aun así regresaron a las tradicionales con su aire de “bluegrass” con “La molinera y el corregidor”, y poco a poco la noche se fue apagando. Acudimos menos público del esperado y lo cierto es que estaba anunciado como concierto, por lo que se echó en falta una silla y más silencio para escuchar. Pienso que habrían hecho mejor en no presentar piezas de su último disco pues apagó el ambiente, son para escuchar en el Pósito y no en el Torreón con el bar abierto…., a mí me gustaron mucho.

Carlos Soto Folk Trío.

El Torreón apagó sus luces y descansó unas horas antes de abrir para el baile-vermú del domingo con el grupo de Carlos Soto, integrado en esta ocasión por él mismo (viento y voz), María Desbordes (percusión, viento y voz) y Carlos Martín Aires (cuerda y voz), trío núcleo del quinteto Castijazz. Para la ocasión nos ofrecieron parte de su último trabajo “Tierra de nadie” y otras ya escuchadas. Curiosamente tras empezar con “Retorno a Sefarad” nos ofrecieron la “Entradilla”, tal y como hicieron los Hermanos Cubero la noche anterior, dando un aire hindú a mitad de la pieza, hay que ver lo que da de sí la pieza de Agapito, permite todo. Carlos Soto imprime su sello con la flauta cualquiera que sea la canción, y con María Desbordes encaja la voz de maravilla, claro que Carlos Martín también canta y compone. Recorrimos aires mudéjares con improvisaciones, aires bretones en “El círculo mágico”, ritmo de vals con sentimiento triste pero con esperanza en el “Vals para mi pie izquierdo”. Carlos Martín se arrancó con la “Charrada de los perros”, también tocaron la sefardí “La rosa enflorece” con todo el terciopelo de la voz de María, e interpretaron las “Seguidillas serranas” creación de C. Martín, cerrando con el “Corrido de S. Miguel del Arroyo” de C. Soto. Le dieron a todos los palos y el mucho público que acudimos (hasta con los niños) disfrutamos de la música y el vermú.

Xuacu Amieva & Dobra

Las tardes en el Pósito también fueron para dos grandes del folk y de la innovación. El viernes Xuacu Amieva & Dobra mostraron la riqueza de los sonidos astures y el sábado llenazo para la jota con la aragonesa Carmen París. Una vez inaugurado el VII SegontiaFolk por Jesús Moreno (representando a los empresarios seguntinos) y Fernando Iñiguez locutor de radio 3 con su programa de folk “Tarataña” y habitual desde hace unos años, Xuacu y su grupo, como si no hicieran nada, se tocaron 23 piezas. Muy buen sonido, grandes instrumentistas como Laura Fonseca en el violín y rabel, José Martínez en la guitarra, Paula Amieva en la percusión y el gran Xuacu a la flauta, rabel y gaita. Muy bien conjuntados también, ofrecieron piezas tradicionales, tonadas, polkas, jotas, muñeiras y composiciones propias. Cuando comenzaron con la tradicional “Pastor que estas en el monte” la voz de Xuacu me recordó la de Víctor Manuel en sus comienzos con “El abuelo Victor”. Con el rabel o bandurria (llamado así en Asturias y en Cantabria) escuchamos “Les castañes”, y como dice Xuacu del rabel: “te pasas media vida afinándo y la otra media tocando desafinado”, pero Laura y él fueron perfectamente afinados y conjuntados. Algunas de las piezas que más me gustaron fueron “La marcha de Brañes”, “Melena roja al viento” y “Nalón” creaciones propias, “La muñeira de Antón” y “La muñeira de Xixon”, “La danza del osu”, “El besu”, en fin tantas y tan bien tocadas. Los aplausos desde la primera pieza no pararon y el final fue apoteósico pues, llegados de otros sitios, algunos subieron con la bandera de Asturias al escenario a bailar y cerrar con una demostración excepcional de Xuacu como gaitero. Así que quedamos encantados con este concierto como primer encuentro del festival.

Carmen París


El sábado por la tarde, parece que hubo efecto llamada y no faltó nadie, y es que allí estaba Carmen París con su “París al piano”.Lo digo antes de que sigáis leyendo, no espero al final para confesaros que me ha ganado como adepto, a mí, que no la había escuchado en directo, me devoró. Salir a escena, en jarras, cantando a capela, a jotazo limpio, sin micro, a lo tradicional y desafiante solo lo puede hacer una artista excepcional como ella, mostrando así que también puede jotear como otros y luego jugar mezclando la jota con la música de cualquier parte como nos demostró. ¡Menudo arranque! Sentada al piano nos fue relatando y cantando, desgranando los entresijos de sus composiciones. Pues venga, para empezar una jota-balada-jazz: “En mi pecho”, inspirándose en una jota y cambiando la letra para psicoanalizarse: “…quiero descubrir si fui quien soy ahora, renovando mi persona…”, sencillamente genial. Y era solo el comienzo. La siguiente la definió como jota-chotis-ranchera a lo gaditano-cubano: “Jotera lo serás tú” donde acaba con “si vas a Calatayud, turu, ru, ruru, ru” ya está todo dicho, ¡ea! Y seguimos con el principio de sincronicidad descrito por Carl Gustav Jung para explicar las casualidades, que según Carmen la condujo a crear: “Cositas in solitas” en ritmo de son cubano y donde nos sedujo para ser coro participativo: “tanta casualidad, no puede ser... casual”,vamos, lo que se proponga. Lanzada a componer quiso crear un bolero y la inspiración le vino de una lectura en un avión sobre el “entrelazamiento cuántico” descrito por A. Einstein y donde parece no importar la distancia del emparejamiento de dos partículas subatómicas de nombre quark, a la que llamó distancia espeluznante, (no me digan que no es... tiene tela esta mujer); de esta manera escribió el primer bolero científico-cuántico con el nombre de “Distancia espeluznante”, es que son unas ideas increíbles. Reconoció haberle hecho mucho bien María Dolores Pradera, artista a seguir por introducir tanta canción latinoamericana y que tanto le gusta, llegó el momento de homenajearla y cantó “Te solté la rienda” de José Alfredo Jiménez, mucho sentimiento en la interpretación. Seguimos con anécdotas y detalles de cada canción, no os voy a contar todas (haber ido), escuchamos “Mediterráneo” de Serrat, “A Little chain of gold, o La cadenita de oro” primera jota en inglés, que es un lamento por los pueblos saqueados, “Justone o solo uno” jota a lo New York, New York, “Cuerpo triste” candombe uruguayo. El concierto iba terminando e invitó a los hermanos Cubero, presentes en la sala, para hacer algo entre los tres, y allí que se cascaron “Si el sol fuera jornalero”(canto de segadores) en jota a tres. Quiso despedirse como empezó y se cantó a capela la jota “Hago a las piedras llorar”. Ante la insistencia de aplausos tuvo que ofrecernos la última de verdad que fue “Savia nueva”.Podría contar muchas más cosas de esa tarde con Carmen pero tampoco voy a ocupar todo el periódico con esta reseña. Solo me queda decir que tuvimos la suerte de disfrutar de una gran artista, llena de conocimientos e inspiración, repleta de vida y recursos, ideas y tablas. Gracias Carmen.

Jon Urrutia. Trakamatraka.


En la tarde del domingo se cerró el festival con “Trakamatraka”, estupendo espectáculo a cargo de Jon Urrutia para disfrute de la familia reciclando en instrumentos musicales muchas de las cosas que desechamos, los niños gozaron lo suyo. Y por qué no, el folk no está reñido con la ecología y el cuidado del medio ambiente.

Es de agradecer el buen hacer, como siempre, de Javier Villaverde en la mesa de sonido y, por supuesto, de Raúl Sales por sus logros de los que nos hace participes. Que la A. E. S. siga por mucho tiempo ofreciendo este festival, gracias empresarias y empresarios.

Vuelvo a insistir: Con el debido respeto a las autoridades competentes y como en otras ocasiones, aprovecho para solicitar para el Pósito, tras haber cumplido con creces sus primeros diez años de exhaustiva utilización,  una reparación del suelo de su escenario, un telón que funcione, una ampliación de la escena, unas luces que no martiricen al público y un repaso general de butacas.

Miedes de Atienza

La sierra del Bulejo, la sierra de Pela, los escarpes de Torreplazo o la cima de Cabeza Alta, bosquejan y coronan las altas tierras de la noble villa de Miedes de Atienza. Severos y encumbrados dominios de la serranía de Guadalajara, ocres y rojizos, hollados desde antiguo por aventureros y soldados, pícaros y mercaderes, fugitivos, monjes, peregrinos y andariegos. Obligado paso natural entre las dos Castillas, de mañanas limpias y frías que se desperezan lentamente como si en ellas se hubiera remansado el curso de la historia.

Unos escondidos terruños que guardan en silencio memoria de remotos sucedidos. Relaciones y crónicas narran las campañas del rey asturiano Alfonso III, el Magno, allá por el año 836, y el sangriento combate habido en Torrevicente donde, un siglo después, las tropas castellanas son derrotadas por Almanzor, el legendario caudillo andalusí. A partir del siglo XII, Miedes de Atienza se acomoda como un importante hito del camino de Santiago, de la olvidada ruta de esquiladores y ganaderos del negocio de la lana, y del discurrir de las carretas cargadas de sal, procedentes de las salinas de Imón y de La Olmeda, hacia comarcas sorianas y burgalesas.

El histórico caserío de Miedes, embellecido de hermosas casonas barrocas, abalconadas y palaciegas, de blasonados muros y piedra sillar en esquinas y dinteles, brinda a los vientos el recuerdo de un próspero pasado. En la anchurosa y despejada plaza Mayor, una gran fuente dieciochesca, de piedra tallada y pilón circular, pone contrapunto al edificio del ayuntamiento, con escudo de 1675, igualmente noble y barroco. Muy cerca, la iglesia parroquial de la Natividad, con cabecera de triple ábside de románicos atributos, alberga un amplio interior de tres naves engalanado por bellos retablos. Una torre cuadrada de cuatro cuerpos, dotada de campanas, resalta la pétrea arquitectura del templo.

Al sur de Miedes, sobre una colina limítrofe al arroyo de la Huelga, se alza la sencilla y porticada ermita de la Virgen del Puente, patrona de la villa, edificada en el siglo XVII sobre el despoblado del mismo nombre. Dicen que sus moradores, aterrados, abandonaron viviendas y labrantíos, ante la súbita invasión de una plaga de termitas. En las cercanías del santuario, en el paraje del Espinarejo, una gran cueva dispone de dos habitáculos subterráneos excavados en la roca, tradicional refugio de pastores y eremitas, curioso ejemplo de edificación rupestre. Al tiempo, diversos vestigios de abrigos rocosos, zócalos, canales, cubiles o rozas, también esculpidos en ribetes y peñascos, permiten afirmar, según los expertos, la existencia de un muy remoto asentamiento romano, situado en el llano, a la orilla del regato, con un posible castro en la altura.

En el valle del río Cañamares, a unos tres kilómetros al este del pueblo, en gozosos prados y cultivos regados por el arroyo de la Respenda, se halla el despoblado de Torrubia, con singulares ruinas de idénticos rasgos rupestres. Allí se descubre, sobre una plataforma de arenisca, una antigua necrópolis datada en el siglo X de nuestra era. Escalones, zanjas y silos, marcas y dibujos de figuras humanas, dan rienda suelta a la imaginación de los asombrados visitantes.
La eterna figura de Rodrigo Díaz de Vivar, el llamado Cid Campeador, palpita en el cielo infinito y limpio de Miedes de Atienza. Destacado caballero de la corte castellana del rey Alfonso VI, cuyas proezas se desdibujan en los claroscuros de la historia, trasmutado en leyenda a través del Cantar de Mío Cid. Un muy bello poema épico de autor desconocido, proverbial relato sobre un héroe de frontera, escrito en lengua romance, destinado a ser declamado, con enfática voz, en calles y plazas, castillos y ventas, palacios y figones. Sigamos su rastro.

Corre el mes de junio de 1081. El rey Alfonso VI, dando oídos a intrigas y calumnias, condena al Cid a abandonar el reino de Castilla en el plazo inexorable de nueve días. Tras reunir en Burgos a sus más fieles vasallos y alistar jinetes y soldados de fortuna, una vez salvaguardadas su mujer e hijas en el monasterio de san Pedro de Cardeña, Rodrigo emprende el camino del destierro. Seguido por tres centenares de soldados y otros tantos combatientes de a pie, en apresurada cabalgada —polvo, sudor y hierro, en los versos de Manuel Machado— alcanza de noche, para no ser descubierto, la sierra de Miedes. Una montaña “fiera y grande”, entonces territorio del reino taifa de Toledo. Cuenta el cantar que esa noche, aún en heredades sorianas, el Cid sueña con el arcángel san Gabriel, quien le asegura triunfos y honores.

Lejos ya de las amenazas de rey castellano, aunque siempre recelosos de posibles ataques, Díaz de Vivar y sus mesnadas acampan en Miedes de Atienza en un pago cercano a la villa, hoy conocido como la Peña del Cid. Entre dos luces, al atardecer de la siguiente jornada, Rodrigo revista sus cohortes y prosigue su nocturno y raudo cabalgar por campos arriacenses. Las escuadras cidianas descienden, bien por las trochas cercanas al río Cañamares, bien por las hondonadas del río Salado, hasta el valle del Henares y conquistan las islámicas fortificaciones de Castejón. La primera de las batallas ganadas por el Cid.

Alentado por la victoria, el Campeador ordena a su sobrino Álvar Fáñez que, con doscientos de sus caballeros, cabalgue en rápida correría por la fértil campiña del Henares, “Hita abajo y por Guadalajara”, hasta Alcalá, en la búsqueda de un rico botín. El triunfal regreso de Álvar Fánez, tras devastar sotos y cosechas, proporciona a todos fructíferas ganancias. El Cid y los suyos deben abandonar Castejón. No es tiempo de fiestas ni dejadeces. Cruzan alcarrias y sierras y, por las cuevas de Anguita, se encaminan a las riberas del río Jalón, impacientes de victorias. Otras gentes y otros pueblos sabrán de sus lances y hazañas.
Hoy día, cuando los visitantes dejan atrás Miedes de Atienza, muchos recuerdan las palabras de José Ortega y Gasset, pronunciadas hace poco más de un siglo cuando el egregio pensador recorría, a lomos de una caballería, los caminos del Cid. Al observar los mulos de acarreo, usados entonces por estos confines, exclama: “Da gusto verlos por aquellas glebas pedregosas de la sierra Ministra, por Miedes y Barcones, donde solo llegan la oveja y el cardo, los únicos habitantes de lo inhabitable”. La sutil belleza de los lugares recónditos.

Javier Davara, Doctor en Periodismo
Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid

Primer concierto de Musigüenza: María de Félix, soprano y M. Ángel Tapia, piano

Bell’Arte presentó el nuevo ciclo Musigüenza; como es habitual serán tres conciertos a lo largo de este mes de noviembre. Este, el primero de ellos, centrado en el canto acompañado de piano, reunió a mucho público (casi lleno).

Un momento de la actuación en El Pósito

Al pianista ya lo habíamos escuchado hace dos años acompañando a la mezzosoprano Beatriz Gimeno, en esta ocasión fue con la soprano María de Félix, de estupenda voz, con buenos fraseos y coloraturas; las carreras de estos músicos enseguida nos parecen normales pero, pensándolo un poco, son de un nivel y desarrollo extraordinario, de verdad que impresiona la cantidad de esfuerzo y dedicación que se adivina al leer el programa de mano. En la primera parte escuchamos canciones y arias de óperas, me gustaron mucho “Oh del mio amato ben” de S. Donaudy y el aria “Air des bijoux” de Fausto de C. Gounod. Para dejar descansar a la soprano el pianista intercaló dos solos muy bien elegidos e interpretados, curiosamente de dos compositores de apellido Albéniz, el primero Mateo y el segundo Isaac, con la “Sonata en Re” y “Sevilla” respectivamente. La segunda parte estuvo dedicada a la música española. Con la canción “Del cabello más sutil” de F. Obradors, María, delicada y contenidamente, nos mostró su hermosa voz. Le siguieron “Que te importa que no venga” de J. Serrano, “No corté más que una rosa” de P. Sorozabal y la que me pareció de registros de gran soprano “Tres horas antes del día” de la zarzuela “La Marchenera” de M. Torroba, donde se lució. Al acabar así, no quedo otra que ofrecer una propina ante la ovación que le dispensamos. Y tras sus palabras de agradecimiento nos regaló la maravillosa “Oh mio babbino caro” de la ópera Gianni Schicchi de Giacomo Puccini, dejándonos ese estupendo recuerdo para acabar. Enhorabuena a María de Félix, a M. Ángel Tapia y a Bell’Arte por tan estupendo arranque del ciclo.

Musigüenza 2018. XIII Festival de Música de Cámara. 10 nov. 2018. El Pósito.

Concierto de otoño en Sigüenza de la Banda de Música de la Diputación

Empezar el mes de diciembre con la banda de la Diputación y su directora Dña. Nuria Matamala al frente tras 25 años, es empezar bien. Un tríptico de mano a todo color haciendo honor al motivo, nos informaba adecuadamente sobre la banda, su directora y el programa. Las dos primeras piezas de F. Ferrán y de M. de Falla fueron una interpretación de conjunto que salió de las manos de una directora experta. Sobre el sonido que consiguen lo dijo su directora en una entrevista a La Plazuela en enero de 2016, cuando vinieron la banda y el Coro Novi Cantores: es el resultado final de todo lo que está por detrás, trabajo individual de gente preparada y trabajo de conjunto durante mucho tiempo que es lo fundamental. Sus componentes son estupendos y entre ellos pudimos escuchar a algunos como solistas; José Villaverde Herráiz interpretó muy bien el “Romance Opus 36” de C. Saint-Saens para trompa y piano, en este caso banda; el joven Francisco Aguilar Fernández-Gallego el “Concierto Para Saxo Alto” de R. Binge en tres movimientos, en el segundo de ellos me emocionó su delicadísimo sonido; la “Fantasía Folclórica” de David Rivas, que ya escuchamos en enero de 2017 a la banda con el tamborilero y flautista Luís Antonio Pedraza, fue interpretada por María Gloria Esteban González con el flautín o pícolo en lugar de la flauta de tres agujeros de Pedraza y el resultado fue brillante también; a partir de aquí la flautista se transformó en soprano e interpretó con la banda “Granada”, “Campanera” y “Francisco Alegre”. El público fue entusiasmándose más y más ovacionando a la cantante flautista y a la banda. La voz de M.G. Esteban es bella y de buen timbre que recuerda a las antiguas cantantes como Imperio Argentina. No pudieron retirarse sin ofrecer otra pieza y eligieron “Por la calle de Alcalá” (“Los Nardos”) de propina, para que la gente acabara haciendo palmas o cantando con ellos. Nuestro Alcalde y Presidente de la Diputación D. José Manuel Latre tomó la palabra al principio del concierto para ensalzar a la constitución y a la banda. Gracias por traer de nuevo esta magnífica agrupación.

Con el debido respeto a las autoridades competentes y como en otras ocasiones, aprovecho para solicitar para el Pósito, tras haber cumplido con creces sus primeros diez años de exhaustiva utilización, una reparación del suelo de su escenario, un telón que funcione, una ampliación de la escena, unas luces que no martiricen al público y un repaso general de butacas. Gracia que esperamos alcanzar para solaz y contento de los asistentes.

CONCIERTO DE OTOÑO. 40 AÑOS DE CONSTITUCIÓN. Banda de Música de la Diputación Provincial de Guadalajara. 1 de diciembre de 2018. El Pósito

Encuentro coral en Sigüenza organizado por la Asociación de Amigos de la Iglesia de Santiago

Empezamos el otoño con el encuentro de dos coros que, por afinidad de algunos de sus miembros (de uno y otro coro) con la asociación, se pusieron de acuerdo para acudir a Sigüenza y recaudar fondos de forma desinteresada con el concierto. Con el Pósito lleno y empezando por guardar un minuto de silencio por la muerte de la gran cantante española Montserrat Caballé, recibimos al Coro Garoé de Madrid que ya estuvieron en abril del año pasado en la Parroquia de San Pedro con 8 piezas para la misa, y después, con un recital variado de música coral, algunas de cuyas piezas volvimos a escuchar en esta ocasión. Raúl Barrio Alonso, su director, presentó cada uno de los bloques, así escuchamos piezas del renacimiento y barroco, populares, iberoamericanas y del siglo XX. Puede que por menos programadas, las que más me gustaron fueron: “Peccantem me quotidiae” de C. Morales, “Se equivocó la paloma” y “En los surcos del amor” de C. Guastavino y “Te quiero” de M. Benedetti con música de Favero y arreglo para coro de Cangiano.

Tras la estupenda primera parte, la Coral de la Facultad de Filología de la Universidad de Barcelona (un poco largo), digamos Coral F. F. U. B. a partir de ahora, resultó el contrapunto pues salvo el aria de “Lascia qu’io pianga” de Rinaldo de Haendel, el resto fueron coros de óperas italianas (y una francesa) donde pusieron de manifiesto su buen hacer, resultando muy aplaudidos por el público. Para mostrar que hacen también otras cosas, siguieron con “Jabberwocky” de Sam Pottle sobre el extraño poema de Lewis Carroll, pieza difícil y muy bien llevada que no conocía, el bolero de Cesar Portillo “Contigo en la distancia” y “L’Empordá” de Enric Morera sobre texto de Joan Maragall; fueron acompañados al piano por Juan Diego Fidalgo y dirigidos con maravillosa técnica y resultado por Óscar Salvador. En definitiva entre uno y otro coro más de veinte piezas, pero quedaba escuchar a los dos coros juntos (casi cincuenta cantantes) para lo que habían preparado “Tourdion”, pieza anónima francesa de taberna y vino que dirigió R. Barrio y “Cantares” de J.M. Serrat que dirigió Óscar Salvador. Una buena ovación tras recoger las placas de recuerdo hizo que todos juntos, con un director al piano y el otro dirigiendo, cantaran “Aleluya” de Leonard Cohen. Me gustaron tanto los grandes contrastes de volumen y el ánimo distinto para cada pieza de la Coral F.F.U.B. que hablando posteriormente con Jaro (uno de sus miembros) y saber que cantarían al día siguiente en Anguita (razón que facilitó el encuentro en Sigüenza) me fui a escucharlos en la misa de 12 en la festividad de Nuestra Señora de la Lastra- Virgen del Rosario, la patrona, encontrando a unos cuantos seguntinos que son de allí, un cura párroco que es para oírlo y una actuación de piezas sacras muy bien interpretadas que culminaron en el “Aleluya” del Mesías de Haendel.

Enhorabuena a la asociación por este encuentro, ha sido estupendo.