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El Centro de la Vihuela de mano y la guitarra española "José Luis Romanillos"

Patrimonio musical en España: el guitarrero José Luis Romanillos y el Centro de la vihuela de mano y la guitarra española

La Gioconda de Bujarrabal

Reggio Emilia, septiembre de 2017. De regreso a casa desde la Puglia, nos detenemos en esta tranquila y preciosa ciudad del norte de Italia para ir tras los pasos de la Gioconda de Bujarrabal. Y es que, en todo el mundo, solo en ese otro lugar se tiene memoria de su existencia. El primer destino, la biblioteca; sección “Historia local”. Dos libros nos dan la clave de por dónde empezar a buscar. Pero no va a ser fácil.

Lo poco y más antiguo que se ha escrito de Gioconda es que nació en Alcalá de Henares, que sus padres se desplazaron a Reggio Emilia, que allí se convirtió en discípula virtuosa de un tal Próspero y que murió virgen (no mártir). Todo eso se dice que sucedió, aun sin contar con fuentes documentales que lo justifiquen, en el siglo V.

Tampoco se sabe mucho del tal Próspero. Por descarte con respecto a otros dos del mismo nombre, uno de Aquitania y otro de Tarragona, se concluyó que había sido un buen obispo de Reggio Emilia. Hasta aquí lo no documentado. Lo histórico viene ahora.

En aquella época, los pueblos que habitaban las regiones fronterizas del Imperio romano se hallaban en plena emigración masiva hacia Europa y les estaban plantando cara a los propios romanos. Una vez que esos pueblos “bárbaros” provocaron la caída definitiva del Imperio, en ese momento de descontrol y a las puertas de la Edad Media, los poderosos, que nunca desaparecen, intentaron ejercer una fuerte influencia ideológica en las ciudades. Precisamente la ciudad era el principal factor de cohesión e identificación de la gente y se buscaron allí referentes morales para darle sentido a todo aquello. Así que, en el caso de la ciudad de Reggio Emilia, ¡quién mejor que alguien de la tierra, y más si había sido “obispo” (un cargo que incluía algunas de las funciones de los magistrados romanos), para obnubilar a los habitantes y mostrarlo como ejemplo de que aquel era el mejor sitio del mundo para vivir (bajo su yugo, claro)! Y así fue como comenzó la leyenda de Próspero, que fue elevado a la categoría de defensor civitatis o protector de la ciudad, y, por sinergia, también la leyenda de su ayudante aventajada Gioconda.

Quienes se encargaron de mantener viva la llama del “recuerdo” de Próspero y Gioconda desde el siglo XI fueron unos monjes benedictinos que vivían extramuros de la ciudad y que afirmaban haber conservado sus restos mortales hasta ¡seiscientos años después! Pero, si eso era cierto o no, poco importaba ya, pues en la mente de las gentes reggianas, Próspero y Gioconda habían sido tan reales como la vida misma. La tradición manda.

Cuando el monasterio benedictino se trasladó puertas adentro de la ciudad, los monjes se llevaron también con ellos las urnas que, supuestamente, contenían los restos de Próspero y Gioconda, aunque más adelante aquellos recipientes siguieron caminos distintos. Eso explica por qué la urna funeraria de Gioconda está hoy en la iglesia de San Pietro, mientras que la urna con los restos de Próspero se encuentra en la basílica de San Próspero, ambas visibles debajo de sus respectivos altares mayores. Otro tema es lo que había dentro, pero antes vamos a ocuparnos de cómo se imaginaron a Gioconda los antiguos.

Virgen del Lirio, con san Pedro, santa Gioconda y ángeles (detalle, 1639), de Giovanni Andrea Donducci. Iglesia de San Pietro, Reggio Emilia.

En San Pietro hay un gigantesco cuadro donde Gioconda aparece nada menos que al lado de Pedro el Pescador, hasta ese punto la apreciaban los reggianos en el siglo XVII, cuando la pintaron con esas compañías. Por suerte, nos habíamos documentado antes de entrar allí, porque un buen hombre, voluntario encargado entre otras tareas de alinear los bancos al milímetro, desconocía que tuvieran una imagen de Gioconda.

Santa Gioconda, escultura atribuida a Nicola Sampolo (siglo XVII), sobre la puerta lateral del coro de la basílica de San Próspero (“¡¡Niente di Gioconda, qui‼”), en Reggio Emilia.

Pero aquello no fue nada comparado con la reacción de un personaje con aire siniestro que se había parapetado en la bancada del coro de la basílica de San Próspero. Después de rogarle que se acercara porque una valla nos impedía aproximarnos a él, y una vez le preguntamos por Gioconda, soltó: “¡¡Niente di Gioconda, qui‼”. ¡Vaya susto! Un poco más y se nos cae encima una escultura de la susodicha que había allí mismo, en una entrada lateral del coro. Por no hablar de dos cuadros que se conservan en la sacristía y que, por supuesto, no nos dejó ver.

En 2010 los restos de Gioconda fueron exhumados para que una arqueóloga y antropóloga forense los estudiara y determinara si eran auténticos. Los resultados de ese análisis científico, diez años después, no han sido revelados, a pesar de que la operación se anunció a bombo y platillo. ¿Será que sus huesos no eran del siglo V?

Restos óseos de Gioconda, exhumados en 2010 en Reggio Emilia para su análisis y datación científico-forense.

Lo que ignoraban en Reggio Emilia es que Gioconda no estaba entera en su urna: le faltaba, como mínimo, un huesecillo que llegó como reliquia a la iglesia de Santa María de Bujarrabal en 1671 y que fue el detonante para que a Gioconda, castellanizada como Yocunda, Yucunda o Iucunda (que de las tres formas se ha escrito tradicionalmente), se la erigiera en patrona del pueblo. Al año siguiente, una pareja de Bujarrabal llamó “Iucunda” a una hija, pero el nombre no debió tener mucha aceptación —y con razón, por su rareza— porque hasta 1702 no volvió a aparecer en el libro de bautismos.

E incluso, según contaban los mayores de Bujarrabal, era tan desconocida Yocunda hasta hace bien poco que los curas se pensaban que se trataba de Catalina, la santa que tiene adjudicado también el día 25 de noviembre, ya que la otra no aparece en ningún calendario.

Santa Yocunda (siglo XVIII), imagen conservada en la iglesia de Bujarrabal.

En fin, el viaje a Reggio Emilia no fue definitivo para averiguar algo inédito de Gioconda, pero pudimos añadir a su historial unas cuantas anécdotas y algunas de sus otras “caras”. Todo eso no nos sirvió para certificar nada sino más bien para acentuar su confusa y popular leyenda, que en definitiva era lo que más nos interesaba.

 

Félix Badillo y Rodrigo. Un artista seguntino en la cuneta del anonimato

La memoria, por esencia y sin ser manipulada, es la que hace permanecer en el recuerdo individual o colectivo lo relevante de lo ocurrido. La memoria no puede ser tratado de nada ni ser sometida a interpretación alguna, es la que es. La memoria, al ser de algo, es inmanipulable, como ese “algo”, al fin de cuentas una realidad incontestable vetada a cualquier interpretación que distorsionaría esa realidad. Sigüenza goza de un glorioso pasado por su esplendor histórico, hoy aprovechado en una desenfrenada apuesta turística. En esa velocidad de vértigo se nos quedan legajos entre las tinieblas del pasado. Sombras que silencian hechos, acontecimientos, personajes y figuras que por sí mismas deberían tener la luz propia del reconocimiento y, desde luego, del recuerdo. A dónde vamos, Sancho, sin saber destino ni recordar el punto de partida.

Tienda de asilo del distrito de Palacio. Madrid (La ilustración Española y Americana, 1889).

Por un chivatazo de un buen amigo, docente él y hombre conciliador, Felipe Sanz, llegó a mis manos información sobre un pintor seguntino de primera línea, Félix Badillo y Rodrigo (Sigüenza, 1848 – Madrid, 1895), uno de esos artistas que en nuestra ciudad hubieran tenido una calle si no fuera porque nos sumergimos sin respirar en los Agén, los Mendoza, Cisneros, Vázquez de Arce, Santillana o Figueroa y que por su alta alcurnia propiciaron abundancia a este enclave de piedra rojiza y marchamo romano. Y de agradecer.

Me llama la atención que con tanta cultura archivada en los pliegos de las grandes familias nadie rescatara a ilustres artistas nacidos o vinculados estrechamente a Sigüenza. Hace años, María Antonia Velasco, Alicia Davara y Lorenzo de Grandes, se empeñaron en recuperar el talento de unos de los mejores artistas nacidos en nuestra ciudad durante el siglo XX, Francisco Santa Cruz; un inexplicable vacío era rellenado. El Arte, amigo Sancho, no es valorado en estas tierras. Acaso admirado pero sin advertir el esfuerzo y creatividad del autor. Somos testigos hieráticos sin inquietarnos el guión.

El hecho es que comencé a indagar sobre nuestro anónimo artista, como digo, nacido en Sigüenza en 1848. Cual fue mi sorpresa cuando comprobé que fue retratista real, de Alfonso XII, la reina Regente María Cristina y de su hijo el rey Alfonso XIII.

He de aclarar que desde Velázquez, la monarquía sufragó el arte español más cualificado hasta la primera República. El museo del Prado, del que ahora celebramos su bicentenario, es lo que es gracias al mecenazgo de la Corona española, con especial relevancia de María Isabel de Braganza, reina consorte de Fernando VII, quien, por su especial sensibilidad artística, compró y adquirió lo mejor del mercado europeo de su época, además de potenciar y proteger a lo más granado de los artistas nacionales. Siempre he dicho que España es una magnífica fábrica de artistas pero los españoles unos pésimos consumidores. Cosas veredes, amigo Sancho, que non crederes. 

Nuestro protagonista no sobrevivió al siglo XIX pues falleció en 1895 en Madrid. Joven, porque no cumplió los cincuenta. Sin embargo, y tras estudiar en Molina de Aragón y en el Instituto de Guadalajara, dejó su impronta artística siendo premiado en ese centro en 1868.

Por su talento marchó a Madrid y estudió en la Escuela Especial de Pintura siendo también copista en el Museo del Prado. Descubrió por entonces su inquietud por la litografía y los grabados en sus diferentes técnicas, muchos de una calidad sublime. También los compaginó con el dibujo, colaborando en distintas revistas de la época, especialmente en la de La Ilustración, fundada por Abelardo de Carlos –no confundir con el medio coetáneo del mismo nombre creado por Fernández de los Ríos-. Hizo sus pinitos, igualmente, con otras publicaciones de la provincia y otras de ámbito nacional. En 1877 la Diputación de Guadalajara le encargó un retrato del rey Alfonso XII. Entenderás mi complicidad con el artista, amigo Sancho.

He de advertir que la revista La Ilustración Española y Americana, nombre completo, nació al albur de otras publicaciones europeas, de las más vanguardistas en la órbita cultural y de ensayo, principalmente de la británica Illustrated London News o de sus versiones alemana, francesa o italiana, Die Illustrierte Zeitung, L’Illustration o Le Monde Ilustré y la Illustrazione Italiana, respectivamente. Sus temáticas eran costumbristas, lejos del fragor político de la época, e incluían secciones literarias, moda, críticas teatrales, ciencia o gastronomía, en definitiva, lo que pueden encontrar en el periódico que sujetan ahora sus manos. La sub leyenda de la revista rezaba “Periódico de ciencias, artes, literatura, industria y conocimientos útiles” y sorprende el elenco de ilustres escritores colaboradores, entre otros, Valle-Inclán, Unamuno, José Zorrilla, Juan Valera, Emilia Pardo Bazán o Leopoldo Alas “Clarín”, además de relevantes políticos como Emilio Castelar, Fernández de los Ríos o José Velarde. No iba a la zaga el lujoso ramillete de ilustradores y pintores como José Luis Pellicer, Alejandro Ferrant, Simonet, Juan Comba, Alfredo Perea o Domingo Muñoz Cuesta, ilustre cantera que avala la categoría del propio Badillo.

Retrato de Andrés Mellado y Fernández.

Por más que he indagado, no he encontrado dibujo o fotografía que nos plasmara el rostro de nuestro protagonista al que, por ende, no se le conoce autorretrato alguno. Y eso que lo practicó, el retrato, en múltiples versiones, destacando, además de la del óleo, las que hizo para xilografías o en acuarela y guache sobre oblea de hueso de vaca. Y en dimensiones especialmente reducidas, en torno a 5 x 4 centímetros, más propicias para coleccionistas o remates para relojes, polveras o colgantes de la época. Circulan en las casas de subastas numerosos “mini retratos” firmados por “F. Badillo” codiciados por caprichosos coleccionistas. Erróneamente, en ocasiones, adjudican su autoría a otro pintor sevillano, Francisco Badillo, cuando ni por estilo ni especialidad coinciden con la obra.

Quien nos ocupa pintó y dibujó retratos a múltiples personalidades de la época, especialmente mediante la técnica xilográfica. Sus periódicas colaboraciones en La Ilustración Española y Americana, extendió su obra figurativa a una buena parte del panorama público del momento. Caben destacar los que realizó al periodista, político y académico Andrés Mellado, Gaspar Núñez de Arce, poeta y político español y presidente de la Sociedad de escritores y artistas, Manuel Tamayo y Baus, dramaturgo, al ministro Ramón María Calatrava Peinado, al almirante Joaquín Gutiérrez de Rubalcava o al presidente de la I República, Nicolás Salmerón.

También realizó litografías de tamaño muy superior como las de los hermanos Carlos y Alfonso de Borbón o los líderes carlistas Castells, Dorregaray, Savalls y Velasco.

Sin menospreciar los encargos para obras de mayores dimensiones, principalmente de óleo sobre lienzo, como el ya comentado de Alfonso XII, un busto de la reina María de las Mercedes o el de Antonio Alcalá-Galiano, por entonces gobernador de nuestra provincia. Por ello le concedieron una medalla de plata en reconocimiento a su trayectoria. Que para mi quisiera los parabienes de los demás si en verdad me los merezco, querido Sancho, porque premiar y no premiar por los mismos méritos, agravio se me antoja.

De estilo claramente costumbrista y romántico, impregnado de la corriente histórica del momento y probablemente influido por pintores de la época y en ese estilo, como Madrazo, Pérez Villamil o Eduardo Rosales, la especialización depurada en otras técnicas de reproducción catapultan a Félix Badillo y Rodrigo a un nivel artístico singular y sin duda meritorio, y desde luego motivo de reconocimiento. Vale.

Emilio Fernández-Galiano

¡De milagro!

Quiso la suerte que me pillara escuchando la emisora cuando Ángel Sánchez Manglano, locutor de Radio Clásica de RNE, pinchó tres piezas interpretadas por el guitarrista Jorge Orozco, todas ellas pertenecientes a Estanislao Marco Valls (discípulo de Francisco Tárrega); como hago muchas veces, escribí en un papel los títulos con el fin de ampliar más tarde la información; hago esto cuando lo que escucho me ha gustado y, como aficionado a la guitarra, luego busco partituras para ver si son asequibles a mi nivel. Así comenzó el encuentro con una bonita historia, de las que me gustan.

Jorge Orozco es concertista, psicólogo y profesor de guitarra en el conservatorio, sabía de la existencia de Estanislao Marco (1.873-1.954) y alguna de sus obras, por ejemplo “Guajiras” dedicada a su alumno Narciso Yepes cuando este tenía 14 años y que este, posteriormente incluyó en un CD. Un domingo del año 2000, Jorge acudió al rastro de Valencia y paseando entre los puestos se topó con la palabra guitarra en un papel tirado en el suelo, era papel pautado, un cuaderno de partituras (más de 100) manuscritas, originales firmados por el autor Estanislao Marco entre los años 1.901 y 1.954; consultó el precio con el dueño del puesto, a 20 duros las escritas, las editadas más caras, las compró y según le contó procedían de un contenedor de basura donde las había encontrado. Ese hallazgo supuso cuarenta obras originales y más de ciento veinte arreglos y transcripciones de otros autores, y fue el pistoletazo de salida para la búsqueda de familiares del autor (nietos); estos, tras mucho insistir Jorge, acabaron encontrando en casa de su padre (Manuel, hijo de Estanislao) una recóndita caja de cartón cerrada con una cinta, las memorias, recortes de prensa y todo el material aun perdido estaba allí.

Bueno pues gracias a todo ello hoy disponemos de cuatro CD y cuatro libros con las obras de este estupendo autor. Quien tenga interés en saber más puede encontrar interpretaciones de Jorge Orozco en YouTube, adquirir sus CD o los libros con los antecedentes, la biografía y las obras del autor.

No es la primera vez que se pierde el trabajo de un compositor una vez fallecido y resulta muy grato que resucite para quedarse. Muchas gracias Jorge Orozco.

El VIII Segontia Folk cumplió todas las expectativas

Cuando este año leí el programa me dije, ¡qué internacional!, sí, salvando las actuaciones en el Torreón, claro los nombres de los grupos ya de por sí, Bordó…, Kilema, Kumbakié, luego todo se fue aclarando. El primer concierto podríamos decir que fue un subidón para el público, y con esa marcha se sube hasta corriendo la calle mayor desde la plaza hasta el castillo de espaldas. La mañana del sábado no permitió la actuación al aire libre, habría sido más bonito aún, del Grupo de Bailes Regionales: Palacio de la Cotilla, de Guadalajara que mostraron mucho y bien de nuestra provincia. Otra cosa fue Kilema que no pudo ser, la mala suerte de un accidente de tráfico nos privó de su actuación, por suerte no fue con lesiones graves, y sin embargo no se canceló la cita porque los organizadores (en este caso Raúl Sales) consiguieron tener a otro grupo, y ¡menudo grupo!, en el escenario casi a la hora; fueron “Luciérnagas”, grupo español que resultó una maravilla.

Bordó Sárkány

La idea del cierre final con un espectáculo infantil, viene siendo resultona para la tarde del domingo y este año: KUMBAKIÉ ha sido de altura también. Creo que el festival está más que consolidado, y poco a poco atrae gente con ganas de buenos conciertos en fechas nada propicias meteorológicamente, acabábamos de salir de la famosa borrasca “Gloria” que no fue para nada bendita. En cuanto al Torreón solo pude acudir el domingo al vermú amenizado por la Concertina (grupazo), pero me contaron que Divertimento Folk estuvieron fenomenal la noche anterior; por cierto, la cortina para cierre de la escalera: ¡fenomenal!

Grupo de Bailes Regionales: Palacio de la Cotilla, de Guadalajara.

El festival ha terminado, esto ha querido ser un poco el reflejo de lo que hemos disfrutado, eso sí, bajo mi punto de vista. La organización ha sido perfecta y han cumplido con creces las expectativas, así que a seguir adelante y a pensar en el siguiente desde ya. Mi más sincera enhorabuena, gracias por el esfuerzo de todos y en particular a Raúl Sales y los que están en la sombra con el sonido como son Javier Villaverde y Fernando Álvarez. Hasta el año que viene.

Luciérganas.

Debo insistir: solicito para el Pósito, tras haber cumplido con creces sus primeros diez años de exhaustiva utilización, una reparación del suelo de su escenario, un telón que funcione, una ampliación de la escena, unas luces que no martiricen al público y un repaso general de butacas. Tómenme en serio, estos festivales y otros que se programan en el auditorio se lo merecen. Gracias.

Asociación Empresarios de Sigüenza

24 al 26 de enero de 2020.