Paseos por los alrededores de Sigüenza: Aguilar de Anguita

Salimos una tarde más de paseo por los pueblos cercanos a Sigüenza. En esta ocasión fuimos a una localidad que no conocíamos ninguno y que nos sorprendió gratamente: Aguilar de Anguita.

El valle visto desde el pueblo.

Para llegar hasta aquí desde Sigüenza, fuimos hasta Alcolea del Pinar, pasamos Garbajosa y nos encontramos con Aguilar que parece erguirse sobre una pequeña colina de dientes de piedra, de manera que en la parte alta conviven las casas con las rocas. El pueblo es pequeño, pero me encantaron las estupendas vistas del valle con sus cultivos de secano. Había restos de una muralla, que resultan ser de origen celtibero. Destaca la iglesia parroquial de San Esteban, con una estupenda espadaña y una base probablemente de época romana. No pude rodearla fácilmente al encontrarse llena de hierbajos, que parecen haberse adueñado de zonas poco transitadas en estos tiempos que corren.

Restos de muralla de origen celtibérico.

El pueblo conserva buena parte de su arquitectura tradicional de casas, pero apenas nos detuvimos por las calles, queriendo descubrir donde se hallaba un famoso dolmen que se encontraba por allí. Preguntamos a unos chavales, que desgraciadamente no sabían de qué les hablábamos.

Espadaña de la iglesia de San Esteban.

Al final supimos que estaba a las afueras del pueblo, siguiendo una pista todo hacia delante, llegamos a un cartel, en medio de una finca de labor, que nos indicaba la ubicación y las explicaciones del Dolmen del Portillo de las Cortes. Por cierto, fue descubierto por el Marqués de Cerralbo y es de tipo corredor con cámara, de la Edad del Bronce, se encuentra en bastante buen estado y lo fotografiamos.

Dolmen del Portillo de las Cortes.

Leyendo con posterioridad un documento del estudio de la documentación que el Museo Cerralbo conserva sobre el dolmen del Portillo de las Cortes, se puede reconocer el interés del Marqués por este conjunto megalítico tan excepcional, llegando incluso a sopesar un posible traslado a las salas del Museo Arqueológico Nacional en Madrid. Para ello, “los carreteros se comprometen a arreglar el camino para el arrastre, sacar las piedras y ponerlas en el vagón por la cantidad de 150 ptas. a la estación de Salinas de Medinaceli; y a la de Sigüenza que está 6 kilómetros más de distancia [por] 175 ptas. […] pues según los cálculos que echan los carreteros emplean 15 días en toda la operación hasta colocarlas en el vagón”.

La verdad es que impresiona estar en sitios con historias tan interesantes y tanta cultura acumulada.

Antes de llegar, dejamos a un lado la ermita de la Virgen del Robusto, que paramos a visitar más tarde, volviendo al pueblo. El interior de la ermita no puede verse, pero el paraje donde está ubicada es espectacular. Tiene una cueva en lo alto con una cruz, donde cuentan que le apareció la virgen a un pastor, que echó una piedra a rodar y allí donde cayó se levantó la ermita. Rodeando el edificio descubrí una puerta con un dintel con una bonita inscripción y dibujo “Al abad sea el santísimo sacramento del altar”. Como salimos tarde por culpa del calor, empezó a cubrirse el cielo más de la cuenta,  de manera que pensamos en volvernos.

Dintel con inscripción en la Ermita de la Virgen del Robusto.

En el camino de vuelta pudimos disfrutar de un bello atardecer, con apoteósicos colores, que intentamos captar con nuestras cámaras para poder retenerlo en nuestras retinas el mayor tiempo posible. ¡Disfrutar de la belleza de la naturaleza es un privilegio y un placer!

Ya de vuelta a Sigüenza, te cuentan los que saben, que no solo el pueblo tiene lo que vimos, sino que hay núcleos de población celtibéricos, con sus correspondientes necrópolis, restos de unas antiguas salinas, un puente romano y un trozo de calzada romana, además de una antigua mina romana en ruinas.

Total, que tendremos que volver a explorar todos esos secretos que se nos escaparon la primera vez. Además, habrá que pasearse por el Museo Arqueológico Nacional en Madrid para descubrir los importantes materiales encontrados en las excavaciones llevadas a cabo desde principios del siglo XX en la zona de Aguilar de Anguita, reconociendo el paisaje guardado previamente en nuestras neuronas.

María