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El valor de las rejas

Dentro de los proyectos de conservación y restauración de bienes culturales que desde hace años viene realizando el Instituto del Patrimonio Cultural, dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en la Catedral de Sigüenza, se encuentran los dedicados a la restauración de las rejas de varias de sus capillas. Estos trabajos, que comenzaron en 2008, terminan en diciembre de 2013 con la restauración de la reja de la Capilla Mayor. Se han restaurado ya otras tres rejas: la de la Capilla del Espíritu Santo, situada en la Sala de las Cabezas; la de la Capilla de San Pedro y la reja de la Capilla de San Juan y Santa Catalina que cierra el sepulcro del Doncel. Para conocer el alcance de estos trabajos hablamos con Paz Ruiz, restauradora de materiales del Departamento de Arqueología, Etnología y Artes Decorativas del Instituto, que ha dirigido tres de estas restauraciones, la reja de la Capilla de San Pedro estuvo a cargo de otra compañera suya: la restauradora Paz Navarro.

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Entonado. Foto: Bárbara Hasbach Lugo. Archivo IPCE

Paz Ruiz nos explica el proceso que se sigue para adjudicar estos trabajos de restauración que financia el Ministerio. “La iniciativa es del Cabildo que solicita al Instituto de Patrimonio Cultural la restauración de las rejas de una capilla. Si el Instituto aprueba hacer el trabajo, antes de empezar la intervención busca la documentación que existe tanto en la biblioteca del Instituto como en otros archivos incluido el de la misma Catedral. A continuación se hace un análisis in situ del estado material en que se encuentran las rejas. Se describe la patología de la reja y con eso se hace un presupuesto para la actuación. Todo esto sale en el Boletín Oficial del Estado y en un concurso libre las empresas que tienen una clasificación apropiada para hacer estos trabajos presentan propuestas. Estas se valoran técnica y económicamente por parte del Instituto y al final se adjudican los trabajos. En este caso fueron elegidas Afelio 64, Restauración de Arte SL y IN SITU, Conservación y Restauración SL.

Paz Ruiz quiere resaltar el valor de las rejas que en ocasiones pasa desapercibido. “Las rejas no se valoran como es debido porque se ve a través de ellas”, señala. “Normalmente cierran algo que tú quieres proteger, como en una capilla cierran un retablo, un enterramiento, unas vidrieras. Se trata de un cerramiento, de una celosía y tiendes a ver lo que hay a través de la reja sin fijarte en ella”.  Reivindica el valor de la reja en sí misma y lamenta que en ocasiones se la trate como la hermana pobre del arte. “Yo siempre digo, tú conoces a Berruguete, a Juan de Juni, a muchos pintores y escultores pero ¿cuántos herreros conoces?”. Ese desconocimiento quizá sea debido a la tradicional distinción entre artistas y artesanos y a la menor consideración social de estos últimos. Otra de las cuestiones que hay que tener en cuenta para apreciar una reja es su estructura, “es como un mecano y todas sus partes tienen relación entre sí”, precisa Paz Ruiz, añadiendo que los herreros muchas veces también eran arquitectos. Por último también apunta a algo que  juega en contra de la valoración de las rejas, el hecho de que sea complicado fotografiarlas debido a las sombras que proyectan.

Pone como ejemplo de reja monumental la que existe en la Capilla Real de Granada: “Allí explican la reja porque lo primero que te encuentras es una reja impresionante que cierra los sepulcros de los Reyes Católicos y de Juana la Loca. La reja de la capilla real tiene cinco cuerpos, doce metros de altura y está toda prolicromada, es una reja majestuosa y es una preciosidad”.

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Limpieza química. Foto: Bárbara Hasbach Lugo. Archivo IPCE.

 

Las rejas restauradas en la Catedral de Sigüenza
La reja de la Capilla Mayor, que se terminará de restaurar en este mes de diciembre, resultó muy dañada durante la guerra civil, “están desplazadas las dos caras de la reja y mal enfrentadas, no se molestaron en encajarlas debido a que en la época en que se restauraron no había dinero. Al estar en mal estado el hierro, lo policromaron en esta época de una manera muy plana, no quedaba casi nada debajo. De la policromía original solo se conserva una carita de ángel y un niño policromado por las dos caras de la reja, todo lo demás es una policromía del 1945”, nos explica Paz. Antes de actuar en esta reja se consultó con el cabildo para que decidieran lo que había que hacer. El cabildo decidió que se respetara la policromía actual y eso es lo que se ha hecho con lo que por un lado hay restos de la policromía original del siglo XVII y luego una policromía del siglo XX. “El dorado es oro falso, quedan muy pocos restos de oro bueno original”, precisa Paz.

En esta capilla, además de la reja, también se van a intervenir los púlpitos, de ellos se encargará otra restauradora, Ana Laborde, con la que esperamos poder hablar al término de su trabajo que está previsto para febrero de 2014. “Es un proyecto conjunto, lo lógico es que se intervengan las dos cosas. Nosotros nos encargamos de la reja y de los trabajos en las escaleras de acceso al púlpito que también son de hierro. Una vez que se termine esta intervención se quitan los andamios y se ponen para los púlpitos y ahí es donde interviene el departamento de piedra”, nos aclara la restauradora.

En cuanto a las otras rejas ya restauradas, Paz nos explica sus diferencias. “En general las mejores rejas son las de finales del siglo XV y las del siglo XVI”, comenta. Aun considerando que las rejas de la capilla de San Pedro y las de la capilla del Doncel, ambas del rejero Juan Francés, son rejas magníficas Paz Ruiz hace especial hincapié en el valor de la de la capilla del Espíritu Santo, la situada en la sacristía de las Cabezas. “Es del rejero Hernardo de Arenas, las figuras están representadas, a modo de esculturas, de frente y de espalda, y casi toda la policromía es original excepto pequeños detalles que se dañaron en la guerra de la Independencia, que son posteriores. Es una reja que se conservaba muy buen ya que al estar en la sacristía se encontraba mucho más protegida”. Explica que se pierde la policromía cuando el hierro está oxidado debido a la acción conjunta del polvo y de la humedad.”En este caso se eliminó la capa de protección que tenía, se hizo una limpieza y muy poco sentado de color porque estaba muy bien el hierro”.

También recalca que toda restauración como la que se ha llevado a cabo exige un mantenimiento. “Todo tiene caducidad, hay que limpiar el polvo cada dos o tres años, pero no de cualquier manera, tiene que hacerlo un restaurador sabiendo cuales son los puntos débiles de la reja. No vale que tú la restaures y dejes pasar veinte años, que se llenen de polvo, se oxiden las capas de protección y que no se cuiden”.

Le pedimos una valoración general de las actuaciones. “Son actuaciones muy positivas, de lo que se trata es de poner en valor el contenido de la Catedral, dentro de las posibilidades del Ministerio”, nos dice. Sobre lo que va a notar la gente cuando se abra la capilla del altar mayor señala que “dependerá de la sensibilidad de cada uno, lo que sí notará es que está limpia”.

Esperemos que estas explicaciones de Paz Ruiz nos hagan apreciar más a todos el valor artístico que tienen las rejas y que cuando nos encontremos ante una reja, además de ver a través de ella, nos paremos a mirarla.

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Foto: Javier Ceballos Enríquez. Archivo IPCE

Restauración de la reja de la Capilla de San Juan y de Santa Catalina (Capilla del Doncel).
Periodo de ejecución: 2010-2011 (4 meses)
Coste total: 73.942,58 €
Fue realizada en hierro dulce a doble faz por el rejero Juan Francés entre 1526-1532. Es una obra característica del plateresco donde se aprecia la transición entre el gótico final y el principio del renacimiento.  El cuerpo es de estilo gótico mientras que la crestería es de estilo renacentista. Fue pintada y dorada por Juan de Artiaga y se asienta sobre un zócalo de piedra labrado por Francisco de Baeza.

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Foto: Joaquín Gómez de Llerena. Archivo IPCE

Restauración de la reja de la Capilla de San Pedro
Periodo de ejecución: 2009-2010 (4 meses)
Coste total: 89.046,53  €
La reja cierra la Capilla parroquial de San Pedro, fue realizada en hierro dulce a doble faz por el rejero Juan Francés en 1533, la policromía y el dorado es obra de Pedro de Villanueva y de Francisco de Peregrina. De transición gótico-plateresco. En 1954 se cierra con una puerta de cristal su acceso a la Catedral.

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Foto: José M. Lodeiro Pérez IPCE

Restauración de la reja y púlpitos de la Capilla Mayor de la catedral.
Periodo de ejecución: 2013-2014 (8 meses).
Coste total: 130.707,81 €  Coste en 2013: 98.030,85 €
La reja fue ejecutada en hierro dulce a doble faz entre 1631 y 1633 por los rejeros Domingo de Zialceta, Francisco Martínez y Juan Rodríguez Soberal que ejecuta el Calvario. En 1893 se realizan las escaleras y las puertas de acceso a los púlpitos por el herrero Santiago Armero.
Ambos púlpitos están ejecutados en alabastro de Cogolludo, El de la Epístola, de estilo gótico florido o isabelino, es obra del Maestro Gaspar (s XV) y el del Evangelio, de Martín de Valoma (s. XVI). Su estilo es plateresco.
Durante la guerra civil sufren importantes desperfectos sobre todo la reja y el púlpito del Evangelio que quedó reducido a un montón de fragmentos. De su restauración se encargo, el escultor Florentino Trapero.

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Foto: Joaquín Gómez de Llerena IPCE

Restauración de la reja de la Capilla de las Reliquias o del Espíritu Santo. (Situada en la Sacristía de las Cabezas).
Periodo de ejecución: 2008-2009 (4  meses)
Coste total: 80.904 €
Fue realizada en hierro dulce a doble faz entre 1561-1564 por el rejero Hernando de Arenas, según traza del arquitecto y escultor Esteban Jamete o Xaimete, siendo la policromía y el dorado ejecutada por Pedro de Villanueva o por su yerno Andrada.
Pertenece al periodo conocido como pleno Renacimiento. Tiene fuerte carácter arquitectónico, intenta plasmar la fachada clásica, donde los elementos escultóricos juegan un importante papel.

 

 Jose Mª Cañadas / Domingo Bartolomé