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X Encuentro de la Sociedad de la Vihuela, el Laúd y la Guitarra en Valladolid

La reunión anual de profesionales, tanto de la construcción de instrumentos de cuerda pulsada, como de estudiosos e intérpretes de estos instrumentos, donde cabemos los socios, también los simples aficionados, se celebró este año bajo el lema Cinco Siglos de Vihuela en Valladolid, ciudad en la que vieron la luz algunos de los más importantes libros de vihuela, como: “Los Seys Libros del Delphin” (1538) de Luis de Narvaez; “Silva de Sirenas” (1547) de E. de Valderrábano; “Orphenica Lyra” (1554) de M. de Fuenllana; “Arte de Tañer Fantasía” (1565) de T. de Santa María; “El Parnasso” (1576) de E. Daza.

Tan solo esto pone de manifiesto la importancia de la vihuela y la ciudad en el s.XVI (sede de las Cortes de Castilla), época en que el libro de imprenta estaba en pañales y el de música cifrada (partituras para cuerda, órgano, vihuela, etc) recién alumbrado.

Empezaba así la difusión escrita de la música para vihuela, dejando de ser algo al alcance de unos pocos para hacerse más popular, como también ocurrió con el laúd y la guitarra.

La vieja Valladolid sigue recuperándose de la salvajada urbanística que sufrió durante la segunda mitad del siglo XX, empieza a lucir, y entre sus callejas y plazas encontramos Colegios, Iglesias, Universidad, Palacios y edificios singulares que ponen de manifiesto la importancia de la urbe desde antes de los Reyes Católicos. Con buen criterio la organización del encuentro, dentro de sus actos, programó un recorrido por los lugares relacionados con la vihuela en el s.XVI, como el barrio de los violeros, y los lugares que frecuentaban constructores y autores, así la mañana del domingo 12 (día de la Virgen del Pilar), entre chaparrones y paraguas, acabamos refugiados en la catedral y luego en “El Penicilino”, singular taberna.

Si hay una fachada asombrosa, es la de la Iglesia de San Pablo y por su lateral la también imponente del Colegio de San Gregorio, hoy parte del Museo Nacional de Escultura; tiene su capilla lateral adosada entre las dos fachadas mencionadas, es de pequeñas proporciones y sirvió de sala para escuchar un estupendo concierto de vihuela de las manos de Juan Carlos Rivera, con obras de s.XVI que incluían algunas de autores que vivieron y publicaron en Valladolid. El pequeño aforo y el recogimiento que ofrece la capilla la convierten en lugar ideal para escuchar un instrumento de tan poco volumen. A la salida nos esperaba de nuevo la lluvia, esta vez persistente, que nos obligó a recogernos a cenar frente a San Gregorio, sin otra opción, pero que resultó muy agradable hasta que la lluvia cesó y pudimos ir a la Plaza Mayor a tomar una copa en la terraza bajo soportales de “El Café del León”.

El Centro Cultural Miguel Delibes fue sede del encuentro, conferencias, reunión de socios y muestra de instrumentos; en su sala auditorio de cámara tuvo lugar el Concierto Serse, selección de la ópera Xerxes de G.F. Haendel, con la Orquesta Barroca “Cristóbal de Morales” del Conservatorio de Música de Sevilla, un total de 25 jovencísimos alumnos intérpretes acompañando a los ya versados cantantes (3 sopranos, 1 tenor y 1 alto), todos ellos dirigidos por Aníbal Soriano que nos sorprendió con una versión muy rítmica y vibrante. Siempre hay curiosidades o singularidades, en esta ocasión, el director no se valió de la clásica batuta, no, con sus manos al aire y otras rasgueando su guitarra barroca “en bandolera”, con su cordoncillo rojo, llevó el grupo por los caminos musicales diestramente. También curioso el parón antes de una parte instrumental de la obra, fue cuando el director subió a un niño pequeño (creo que su hijo) a dirigir al grupo, resultó simpático pero… qué cosas tienen los padres. En cualquier caso, nuevas formas de interpretar y presentar la música siempre son bienvenidas si lo principal suena.

Decir Valladolid y pincho es un binomio tan frecuente como Valladolid- Semana Santa, y como estábamos en el Pilar tuvimos que dedicarnos al primero.