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La música en las fiestas de San Vicente 2015 de Sigüenza

Como  viene siendo habitual por San Vicente se celebró el XXVIII Certamen de dulzaina y tamboril "José María Canfrán", estupenda reunión anual que propician los Dulzaineros de Sigüenza, quedando de manifiesto el esfuerzo realizado por conseguir propuestas que hacen las delicias del público seguntino y de los foráneos que año tras año vienen a disfrutar de este certamen. En esta ocasión fue

Juanjo Molina el regidor del certamen, al que debo felicitar como buen comunicador, su empatía y celeridad en las presentaciones.

Fueron cuatro grupos procedentes de Segovia, Guadalajara (Sigüenza), Palencia/León y Ávila, los que nos ofrecieron un buen ramillete de músicos que representaron convincentemente el folklore dulzainero de Castilla en la tradición, además de nuevas posibilidades musicales con la dulzaina.

Los Dulzaineros de la Cofradía (Segovia), rompieron el frío de la noche con tres piezas: “corrido”, “seguidillas” y “fandangos”, enmarcados en el sonido más puro y tradicional, que calentaron al auditorio y, al término, los ovacionó.

Los Dulzaineros de Sigüenza, recorrieron de sur a norte la provincia; así, arrancaron con un “paloteo” muy preciso y rítmico, seguido de una “jota rayana” de Molina de Aragón, mostrando esos aires mañicos de la pieza con una cantarina dulzaina solista. Finalizaron su actuación con un “pasacalles” de Sienes (tan cercano), con el que casi saltamos de las butacas para echar “el paso”. Un repertorio muy bien elegido y ensayado, la prueba fue el aplauso prolongado del público.

Ancha es Castilla (Palencia/León), presentaron además de música, baile. Menguados de los danzantes que quedaron atrapados en la carretera por la nieve, los segovianos se animaron a bailar con ellos, con lo que quedó resuelto.

Presentaron un “baile de rueda”, curiosamente,  percibí cierta conexión de música sudamericana (son cosas mías…). Los seis bailarines se movieron con gracia, tal y como siempre lo han hecho en nuestros pueblos. Después de una “jota” y una “alborada” presentaron otra “jota” de Vidrieros, creada cuando en su momento no disponían de dulzainero, así que la interpretaron solo con pandereta, caja y voz, pero suficiente, muy autentica. Acabaron también con “jota” de título, “Los amantes y la luna” que, como nos contaron, se refiere a una copla que dice: “Los amantes y la luna son en todo semejantes, salen en cuarto creciente y se van en cuarto menguante”. Fueron también aclamados por el público, tanto ellos como los que les ayudaron con los bailes.

Dulzainorgano (Ávila) fue la agrupación revelación de este año, no es habitual encontrar una formación musical compuesta de dos dulzainas y un órgano. Nos contaron los entresijos de su trabajo de interpretación de obras del Renacimiento y del Barroco; de tal manera que, las dulzainas, hacen las veces de las chirimías (como antiguamente interpretaban los ministriles en las catedrales), acompañadas por el órgano. El resultado fue sorprendente para los asistentes. Tras comenzar con una obra del siglo XVI,  y luego una preciosa “folía”, se atrevieron con el “Allegro” del concierto para dos violines de Antonio Vivaldi (¡ahí es na!). Bueno, pues, aunque muy ralentizado el tiempo, sonaron deliciosamente: imitar a los violines con las dulzainas me pareció de enorme dificultad y con bastante buen resultado. Siguieron con una recopilación de Fray Martín y Coll (Barroco puro español), y finalizaron con otro concierto de A. Vivaldi, nada menos que el escrito para dos trompetas y continuo, interpretado a buen ritmo.  En esta pieza se notó mucho más que en el resto el sonido tan apagado del órgano, casi inaudible y que, sumado al registro de sonido del órgano (se pueden elegir), cuando tocaba su parte sin dulzainas, sonaba francamente…. en fin. Pero ¡ojo!, el público recibió todo con entusiasmo y ovacionó hasta conseguir la preciosa propina “Ombra mai fu” de la Ópera Xerxes de J.F. Haendel, con la dulzaina haciendo la voz de la soprano resultó muy bonito e interesante. Es otra forma de hacer con la dulzaina, muy difícil, pero ahí están.

Tienen unas posibilidades enormes, pero opino que deben mejorar los volúmenes de sonido, los arreglos y registros de órgano para cada pieza y conseguir, aún más, mejores dinámicas en las dulzainas.

Éxito para el certamen, por su variedad, contenido y combinación de tradición y nuevas vías, posibilidades interpretativas para la dulzaina. Enhorabuena Dulzaineros de Sigüenza. Gracias por vuestro hacer y generosidad.

 

III Festival Segontia Folk, 23, 24 y 25 de enero de 2015.  Con dos actuaciones en “El Pósito”, otras dos en locales de hostelería y una en “El Torreón”, la organización presentó buenos conciertos en tan variados entornos.

Alba Gutiérrez (rabel, pandereta y voz)
En un entorno pequeño y amable, como es la cafetería Atrio, acomodaron una ligera plataforma en una esquina para Alba, que no necesitó más, porque el resto lo pone ella con su rabel, su pandereta y su voz. Alba es muy joven, pero conoce y disfruta del folklore; le bastó su voz para conseguir el silencio inmediato en el arranque, esa voz pura, fresca y natural, desarrollada desde la niña que escucha y aprende con el amor de las canciones de su tierra. La pandereta, que en su caso es como una prolongación de su brazo, resume todos los toques con maestría y con el “rabel” tocado a lo “purriego”, es decir, entre las piernas o sobre ellas, y no a lo “campurriano”, apoyado en el pecho, hizo un recorrido desde las comarcas de Liébana a Reinosa, Campó y Pas, con “sonadas”, “tonadas” y “jotas” que, como ellos dicen, siempre van dos, una “a lo pesao” y otra “a lo ligero”; lo dicen por si solas, con menos y más ritmo. Destaco, porque me gustaron mucho, la tonada “En Tudanca tengo vacas”  y la ronda “Canto de Natas” solo voz, y en la que los paisanos se acompañaban de un cayado y rondaban con su voz al que le había parido la vaca, consiguiendo el premio de la leche y la nata al término. También me gustó la “jota” de Espinilla con su canto y  cucharas, ese repiqueteo tan simple que tan bien acompaña a falta de otro instrumento. Ante tanto aplauso nos ofreció de propina una jota de “Pernía”, comarca de Palencia que se funde en su serranía con su vecina Cantabria que la hace tan suya como la jota del otro lado. Me quedo con el recuerdo de su voz y sus canciones.

Nuevos espacios en los que cabe ofrecer este tipo de conciertos sin megafonía. Es de agradecer que el silencio del público fuera aceptable, incluso entre los camareros desarrollando su trabajo, puede que toda fuera por obra y magia de Alba.

Matta Rouch y Jonas Gimeno. Música de los Pirineos
El escenario de El Pósito se les quedó pequeño para semejante despliegue de instrumentos, básicamente formado por gaitas y oboes, algo enciclopédico, de museo musical  ¡qué barbaridad! pero, es que además los tocaron todos. Además el acordeón, flauta y salterio-tambor (“chicotén” en Aragón) y las percusiones de Jonás.

Fernando Íñiguez, presentador y director del programa “Tarantaña” de Radio3 de RNE, se encargó de abrir el concierto y presentarlos con una pregunta: ¿Cuántos conocíamos a Matta Rouch”? Pocas manos se levantaron, algunos conocían a Robert Matta, por su grupo anterior TRENCAVEL, otros a Pierre Rouch por GADALEN, y más a Jonás Gimeno por ZARAVAL, que actuó allí mismo 20 días antes, lo que , según Fernando, ponía de manifiesto la “respuesta confiada del público en la programación del festival, acudiendo y pagando la entrada con los tiempos que corren”.

Robert Matta es un veterano lutier que construye y toca sus propios instrumentos en los que también participa Pierre (no lo tengo confirmado). El caso es que se hace necesario contar algo; Robert es constructor de “cornemuses occitanas” (gaitas) y a ese grupo pertenecen las siguientes “bohas” (bous pronuncian ellos): de la región de “las landas” de Gascunia (Gascoña), las Boha, Bohassa (registro mas grave que la anterior), y de su invención Bohassa Polifónica (crea acordes de tres notas); de la región centro, Chabrette con bordón lateral (para “bourrèes a tres tiempos); de Bearn, Pirineos centrales, Samponha con dos clarines o punteros (uno para cada mano), y por último y mas impresionante la Boudegne/Bodèga (Craba/Bodéga) auténtico “odre” de 60 litros realizado con la piel completa de una cabra que para tocarlo, primero hay que llenarlo de aire y luego abrazarse a ella.

Pero también oímos la “gaita de boto” (Huesca), “gaita aranesa” (Val d’Arán), “gaita de Gemecs”, “la borrasa” (le dicen criatura verde, a saber por qué…). Si a lo anterior añadimos los oboes que ellos se fabrican: “De Couserans” (sobre los que han escrito un libro), “clarín de Bigórra”, “tarota catalana” y la “trompa ribagorzana”, hablamos de folklore desde la fabricación hasta la interpretación de una forma completísima.
Perdón por tan extensa exposición: espero que atinada, pero para muchos de los que acudimos, aparte de disfrutar de la música quedamos con ganas de conocimiento sobre tanta gaita.

A lo largo de 18 piezas  mostraron y usaron combinaciones de los instrumentos descritos para interpretar piezas populares y propias, recorriendo desde el Pirineo Atlántico hasta el catalán. Unas veces del lado francés y otras del español o andorrano, utilizando las distintas lenguas en las piezas cantadas. Si intentase contar solo un poco de lo escuchado sería harto prolijo, pero, en resumen, fue una maravilla su exposición, interpretación y sonido. Jonás Gimeno (estupendo traductor, gracias) le dio una profundidad mágica con sus percusiones. Aunque Robert no tiene la voz muy puesta, resultó convincente, pues su total entrega y el acompañamiento de Pierre con su acordeón o cualquier otro instrumento combinaba perfectamente.

Encantados con este conciertazo, por conocer no solo a esta formación tan interesante, también la gran riqueza folklórica del Pirineo: sin fronteras.

Jaime Vidal & Carlos Martín Aires (acordeón y guitarra)
A las 12 de la noche Las Travesañas con un llenazo hasta la calle, presentó a este dúo de Valladolid; el personal tenía ganas de marcha, de hablar, relacionarse, vamos, como cualquier fin de semana, así que si venían con la intención de dar un concierto tuvieron que cambiar de idea y se acoplaron a la situación haciendo que lo pasáramos bien cantando y bailando. Desde la puerta de entrada pude escucharlos un poco mejor dentro de la algarabía reinante. Jaime (acordeón) y Carlos (guitarra acústica y voz) forman una muy buena pareja, bien compenetrados; su base es la música de raíz, pero

con creaciones o arreglos suyos, imaginativos y resultones. Muchos punteos de Carlos me gustaron, en un pasodoble sacó sonidos de guitarra portuguesa a la acústica, marcó estupendamente los ritmos como si se tratara de una percusión y Jaime aportó esa sonoridad maravillosa del acordeón en el acompañamiento y finura en las melodías. No son de la capital, son de orillas del Duero donde han bebido el folklore de la zona; decía una de sus piezas: “A la orilla del río debes bailar, donde no llega el aire de la ciudad” .

Después de dos horas de actuación y dando marcha se despidieron con una jota de propina para seguir cantando y bailando todos con:“Quítate del sol, quítate del sol, vete por la sombra, vete con cuidado para andar de ronda, para andar de ronda, para andar de ronda, quítate del sol, vete por la sombra”.
Es una pena que el sonido amplificado se lleve tan mal con el local del bar, pero es lo que hay.

Los gaiteros de Elciego&Friends
El Torreón fue el acertadísimo lugar escogido por la organización para el baile-vermú de mediodía del domingo; allí la música suena bien desde cualquier sitio y en tan bonito espacio disfrutamos 2 horas de un grupo con un sonido redondo y claro mientras tomábamos el vermú; se llaman gaiteros por las dulzainas y porque en principio tocaban solos, pero con el tiempo se sumaron los friends (amigos): tres mas con viento metal (trombón, bombardino y tuba) y dos con percusión (batería y congas…). Nos ofrecieron todo tipo de melodías y ritmos de hoy, de ayer, universales, locales, no se les pone nada por delante porque son muy buenos músicos y porque tienen a Juanma Saez que hace unos arreglos extraordinarios. Tuvieron el detalle de presentar dos piezas muy seguntinas (pasacalles de José María Canfrán y la sanjuanera) dejándolas en una sola que interpretaron para delicia del personal. Oyendo, bebiendo y bailando, mayores y niños, se nos fue el vermú en un pispas. A este grupo lo puedes llamar orquesta, orquestina, bigbandgaitas, como quieras, pero como suenan, que acertado encuentro el de las gaitas (dulzainas) con los demás.

Para cierre el C.D. Sigüenza que se encargó del vermú atendieron estupendamente por un precio razonable y rifaron un jamón de despedida. Fue un baile-vermú que no olvidaremos. Gracias a la organización por la elección del grupo y el local, gracias al grupo, y gracias al CD. Sigüenza.

Fetén Fetén
En el auditorio El Pósito fueron presentados por Fernando Íñiguez (de nuevo), Diego Galaz (violines y cuerdas) y Jorge Arribas (acordeón y viento) que forman este dúo tan curioso, creativo, mágico, extravagante, internacional, y más cosas buenas que no digo por no resultar exagerado. Entraron tocando desde el fondo cada uno por un pasillo y de igual forma marcharon después de dejarnos felices y sonrientes. El arranque fue con un “Foxtrot para Maceo” y sentaron plaza. Subidos ya en el escenario, Diego desplegó gracia y habilidad, su forma de presentar las canciones y los instrumentos dispone al público receptivamente a la música. La “Habanera de El Espolón”, con sonido napolitano de mandolina y acordeón nos situó en Burgos (El Espolón de Burgos); para mí fue como escuchar la banda sonora de una película (bien podría serlo), así vino el primer aplauso contundente que se repetiría a lo largo de todo el concierto.

Tras una imaginativa “tarantela” nos presentaron las canciones compuestas para sus madres, a la de cada uno de ellos, siempre haciéndonos reír con las historias y su manera de contarlas. La primera fue el “Vals para Amelia” tocado con acordeón y violín-serrucho (qué sonidos) y,  la segunda: “Paquita en Las Ramblas”, con Jorge al vibrandoneón (especie de melódica) y Diego en la mandolina, en esta destacaron unos excelentes pianos y cortes súbitos, con muy buena música y letras. Dentro de sus ocurrencias se  lucieron con un “chotis en acústico” llamado “Dame una cita”, se bajaron al patio de butacas (sin micros) tan panchos, tocando el “estrovión” (violín de museo) y con sonidos de aire de tango y chotis, geniales.

Como apuntó Diego, nos dieron un “tres por uno” con el vals-jota-mazurca de mucha plenitud musical. Contaron después su inspiración con un plato de cocina de sopa de chicharros con puré de coliflor y salsa” wasabi” que les presentó un cocinero de Burgos y que les inspiró la “Jota del wasabi”; diablura musical con ecos orientales en forma de jota ¡qué imaginación! Apuntando a los tiempos que corren, lucieron su “bandolata” (mandolina construída con una lata), el “tetrabrik de leche guitarra” y la flauta “silla de camping” (literal), con los que se tocaron otra pieza que podríamos decir de reciclaje: sorprendente. Nos animaron a seguirlos con el ¡olé! en el pasodoble de “El Patillas”, y todos a ello. Con el ”fonovilolín” llegó “Canción para una ola” , luego, con la travesera, “Suco de abacaxi”, con el violín-serrucho la seguidilla “Pantomaca”, y haciendo música “klezmer” (música judía del este), “He visto un oso en Los Cárpatos”.  Un repaso de genialidad, musicalidad e imaginación desbordante.
La propina fue “El zángano”, esta pieza con el violín-trompeta, marchando de vuelta por donde habían venido. Sus raíces son de música popular pero ellos han ido mucho más allá, creando e interpretando, porque son dos “pedazo” de músicos.  Enhorabuena, o mejor ¡fetén!

Por mi parte, y creo que también hablo por muchos, felicitaciones a todos los organizadores de estas maratonianas jornadas llenas de música, sus aciertos son claros y el público ha respondido y seguirá respondiendo ante ofertas tan atractivas como las que hemos tenido.