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El mundo de la dulzaina

Reunión de dulzaineros en Sigüenza
El pasado 10 de enero se celebró en Sigüenza una “juntada” de dulzaineros y músicos tradicionales de toda España. “Esto viene a raíz de una iniciativa que partió de Palencia, cuando se reunieron los dulzaineros de Campos con otros amigos de Valladolid y de Zamora. Las juntadas llevan unos 15 años pero nos conocíamos todos de hace mucho más tiempo. Todos somos amigos porque nos hemos visto a lo largo de muchos festivales en toda España”, explica Juanjo Molina. Agustín Canfrán añade: “Este año estamos especialmente contentos de que la reunión se haya hecho aquí, el mejor homenaje que le hemos podido hacer a Jose Mari, aunque se lo hagamos todos los años en el certamen de la dulzaina, fue ese encuentro. El año pasado estuvimos en Cuellar, pero no tiene ni la mitad de infraestructuras que tiene Sigüenza”. Agustín se refiere a su tío José María Canfrán, pionero en la recuperación de la dulzaina en Guadalajara, fallecido en 2001.

La recuperación de la dulzaina
Juanjo Molina explica el proceso: “Hubo un corte. Los dulzaineros y la música tradicional en general tuvo su importancia hasta la guerra civil, en la postguerra hubo un declive en todo; económico, social, político y también en la fiesta, la música y los músicos. Unos se exiliaron, otros se fueron a Barcelona y a Bilbao a vivir. Hubo hasta fusilados. En los años 60 llega la despoblación. En la década de los 70 hubo una especie de complejo de que todo lo de antes era malo. No solo se perdía la dulzaina, se perdían las danzas, las canciones de las panaderas, de los labradores. Tampoco gustaban la puerta vieja de la casa o el balcón antiguo, había que poner aluminio, cambiar los muebles de nogal por muebles de formica”. Continúa Juanjo: “A mediados de los años 80 empezó una recuperación de las tradiciones, que tuvo que ver con el establecimiento de las autonomías. Cada región, cada comarca, cada provincia empezó a rebuscar la identidad. En Castilla la Vieja y en León surgieron un montón de grupos entusiastas que decidieron recuperar la dulzaina, los bailes, las danzas que estaban perdidas”.

Por aquel tiempo en Guadalajara ya solo se oía la dulzaina en Atienza y en Sigüenza. Ese resurgir de las tradiciones llegó hasta Sigüenza. José María Canfrán fue uno de los que se empeñó en esta tarea. “Mi tío”, señala Agustín, “se empeñó en decir que si había habido dulzainas aquí, había que recuperarlas”.

En cuanto a la situación actual Agustín opina que “ahora hay 500 dulzaineros por provincia y lo que quieras pero no hay nadie que haga el oficio de dulzainero. Eso no lo hace nadie, se ha perdido un poco el oficio tradicional, de ir a un pueblo y hacer la misa, la procesión, la diana”. Algo que también corrobora Juanjo “Ya no es el oficio, el sonido de antes. Cuando digo eso quiero decir que se han perdido las formas, las maneras, incluso el repertorio que hay que tocar en cada momento.” Señala que la dulzaina “ha crecido tanto, se ha recuperado de tal manera que ha arrasado con esa visión fina del oficio que había que haber conservado”. Concluye diciendo que ahora “se ha dulzainizado todo, dulzaineros para una entrega de premios, dulzaineros para un exposición de pintura. Ha habido una mala utilización de la dulzaina”. En cuanto al futuro de la dulzaina Agustín cree que “hay que educar a la gente que no ha escuchado la dulzaina en su vida, el instrumento se ha recuperado pero lo que hay que rescatar el oficio del dulzainero, que la gente sepa el porqué, y el cómo de cada pieza y cómo se baile cada una de ellas”.

La dulzaina en Sigüenza
 “Esto empezó cuando mi tío se empeñó en que vinieran aquí dulzaineros de Riaza por la festividad de San Vicente. Supo que en Sigüenza se tocaba la dulzaina y se empeñó en recuperarla”.  Señala Agustín y  cuenta la anécdota que en aquellos tiempos José María Canfrán tenía que meterse en un armario para ensayar. Prosigue Juanjo: “Aquí José Mari la montó bien montada. Sigüenza y la zona de Atienza tienen la particularidad respecto al resto de la provincia en que nunca se perdió la tradición, nunca se perdió la dulzaina en las fiestas de San Vicente, siempre venía un gaitero. Venían de Riaza y de la parte de Segovia. En Guadalajara capital la gente no sabía ni lo que era la dulzaina”.

Prosigue Juanjo: “Ahora somos el grupo decano de la provincia de Guadalajara”, refiriéndose a los Dulzaineros de Sigüenza, un grupo estable formado por: Agustín Canfrán, José Antonio Arranz, Juanjo Molina, Carlos Blasco y David Serrano. En cuanto a las actuaciones “lo que más hacemos son cosas de cofradías. Nos llaman y nos dan una gratificación, depende del pueblo pero normalmente salimos por el transporte y poco más”. Agustín añade que “nosotros no cogemos todo, somos más bien dulzaineros de invierno, porque en verano estamos más ocupados y hacemos dos o tres cosas puntuales. Por ejemplo empezamos en Navidades en los pueblos, a tocar en la Cabalgata de reyes, en cuatro o cinco pueblos, luego viene San Vicente, San Vicentillo. Ahora vamos a Carnavales”.

Los instrumentos
Sobre el instrumento de la dulzaina Agustín señala que “es un instrumento que engancha mucho. Es complicado en cuanto embocadura porque tienes que estar en forma en cuanto a labio. Y no puedes plantarte en un pueblo sin ensayar porque puedes desafinar”.

El acompañante natural de la dulzaina es el tamboril, instrumento que toca Juanjo, que nos habla de sus características: “El tambor y la caja es el compañero inseparable de la melodía. La agrupación básica de la música es la melodía y el ritmo. Hay instrumentos en los que se puede llevar ritmo como en la guitarra pero en la dulzaina, en los instrumentos de viento es muy complicado. Entonces el apoyo se hacía con un instrumento de percusión: la pandereta, el pandero, el tamboril, la castañuela, etc. Esta agrupación de instrumento melódico e instrumento de percusión se repite en muchísimos países, en muchísimas culturas”.  Sobre la manera tradicional de tocar se explaya Juanjo: “Hay una manera tradicional de tocar, tanto  la dulzaina como el tamboril. Estaban asociadas al baile y también a los protocolos de la fiesta; procesiones, recogida de autoridades, alboradas, diadas”.

Y añade: “La belleza de la dulzaina y el tamboril es que estamos reproduciendo un sonido distinto al que estamos acostumbrados todo el día a escuchar. Yo tuve la suerte de que me enseño a tocar el tamboril un maestro, Teófilo Sánchez. No había pasado por ninguna escuela de música, una persona con mucha intuición”.

En cuanto a su maestro, Agustín señala: “Yo me fijé siempre en mi tío José Mari, estaba siempre con la cofradía, siempre deseando aprender, entonces no había nadie que enseñara y montó mi tío con Javier Barrio la Escuela de la Diputación en Guadalajara. Yo empecé a dar clases con Javier Barrio hacia 1996 pero un poco autodidacta sí que soy”.

El Certamen de Dulzaina y Tamboril
En cuanto al Certamen de Dulzaina y Tamboril de Sigüenza hacen un poco de historia. “Llevamos 28 años, el primer festival de dulzainas se celebró en 1988, aquello fue como una llamada de atención a la gente de Sigüenza sobre su música y sus instrumentos, fue una idea de José María Canfrán, él quería enganchar a Sigüenza con su música popular, su tradición castellana. Quiso hermanar a Sigüenza con su verdadera región que es Castilla la Vieja. Tanto por medio de la música como por medio de la cultura”.

A partir de ahí se fue consolidando. Por el certamen de Dulzainas, que se pasó a llamar “José María Canfrán” desde el año 2003, han pasado las mejores figuras de la dulzaina y del tamboril de toda España. De los festivales de folklore que se hacen en la provincia de Guadalajara este es el más antiguo y el que más perdura. Señala Agustín: “A la gente este año le ha gustado mucho porque ha sido un certamen variado. No todo el mundo se puede pasar con tres horas de dulzaina, porque la dulzaina es un instrumento duro, siempre hay que hacerlo un poco variado, hemos traído baile que es algo más ameno y una cosa nueva que no había escuchado nunca yo, de acompañar las dulzainas con el órgano”. En cuanto a la participación recalca que “nosotros nunca repetimos el repertorio en el festival de Dulzaina y sacamos piezas nuevas cada año”.  Juanjo opina que “aunque siempre hay buena entrada, El Pósito debería estar abarrotado y que en el festival siempre participa gente valiosa y que se pueden aprenden cosas muchas”.