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De Crimea a Sigüenza

Un buen concierto de música siempre te levanta el ánimo, te hace tocar lo bello y lo misterioso de la vida. Y los artistas parece que tienen un halo. Así fue en el concierto de la soprano Irina Tymchuk en El Pósito. Pero cuando nos enteramos de que la cantante vino a Sigüenza a través de ACCEM eso nos sonó como una disonancia y quisimos saber más sobre su historia.

Era una de los solistas de la Filarmónica de Crimea y abandonó su casa y su trabajo unos meses después de que en marzo de 2014, hace ahora un año, en Crimea se celebrara un referéndum sobre su estatuto territorial y la península pasó de Ucrania a Rusia. ¿Por qué una rusa, nacida en Rusia y que desde infancia había vivido en Crimea, decidió irse en estas circunstancias?

– En el referéndum yo personalmente voté por Ucrania. Mi marido es ucraniano procedente de Ucrania Occidental. Mis hijos quieren a Ucrania. Todos en la familia tenemos trajes nacionales ucranianos, con mis suegros siempre canto canciones ucranianas. Y entiéndeme, no se trata de otra cosa que un modo de vida familiar. También mi marido quiere lo mismo que yo, quiere lo ruso. No se puede decir que estas culturas estén lejos una de la otra. Rusos y ucranianos, somos eslavos. Pero cuando la gente empieza a poner énfasis en su nacionalidad, todo se estropea. Nunca había ocurrido antes que alguien saliese a la plaza principal de mi ciudad, Eupatoria, y agitara banderas rusas. Venía –yo personalmente lo vi porque la Filarmónica donde trabajaba está al lado de la plaza–, venía un autobús, bajaba gente con banderas rusas y empezaba a agitarlas.

– ¿Su marido fue quien tuvo problemas?
– Mi marido es ex militar pero últimamente se dedicaba a la construcción. Cuando empezó todo, en Eupatoria se formó un grupo de autodefensa, y mi marido fue de los primeros que se apuntaron. Al principio esta autodefensa simplemente vigilaba en los pueblos cercanos para que no hubiese ningún atentado porque se hablaba de eso. Pero luego los de autodefensa empezaron a considerarse a sí mismos una autodefensa ya rusa, se tomaron competencias. Mi marido se marchó de Crimea porque es ex militar y ama a su patria…

– ¿Y usted se ha quedado?
– Yo con nuestros tres hijos salí más tarde, en julio, primero a Kiev y luego a España. Temía que se cerrara la frontera… Precisamente después de que nos hubiésemos ido, bloquearon el aeropuerto.
Hacía cinco años Ucrania nos dio terreno para construir una casa por ser familia numerosa. Queríamos una casa para los niños… no lejos del mar. Hemos empezado a construir la casa. Cuando ya nos habíamos ido, se presentó allí la autodefensa. Buscaban a mi marido. Y como no los encontraron, confiscaron el terreno.
Tambiuén fueron a casa donde habíamos vivido con mi padre. Preguntaban por mi marido y mi hijo mayor. Mi padre se puso muy nervioso… le dio un infarto. Murió el 25 de septiembre, el día en que fueron a buscarnos…

– ¿Cuántos años tiene su hijo mayor?
– Cumplió 17, ya aquí en Sigüenza. Lo hubieran llamado a filas, es un chico deportista, hace boxeo, lo hubieran mandado a primera línea. Después del referéndum llevaba una cinta con los colores ucranianos en la mano, le prohibí salir por la noche. Por allí andaban chicos con bates, hubieran podido surgir problemas… Todos nos preocupábamos mucho por él.

– ¿Fue el referéndum libre?
– Bueno... los tártaros de Crimea temían decir una palabra aunque todos estaban a favor de Ucrania.

– ¿Por lo de la deportación en los tiempos de Stalin?
– Los tártaros tienen acaparado todo el negocio mediano. Tiendas, cafeterías, pequeñas tascas, barbacoas de la playa. Todos son propietarios, les gusta eso, tienen familias grandes. No es fácil sacarles de allí.  
Crimea es un cruce de culturas. Después de los rusos y ucranianos la población más numerosa son los “tártaros de Crimea”. Su grupo folklórico formaba parte de la Filarmónica donde trabajaba Irina. En verano en Eupatoria cada semana había un día de cultura tártara o un día de cultura rusa, o de ucraniana, o de judía. Dice Irina que “nunca en mi vida” había ninguna limitación para interpretar obras rusas o ucranianas, pero dos semanas antes del referéndum les dijo la directora de la Filarmónica que cantaran algo “ruso y rápido”.

Al tocar el tema de trabajo Irina se llena de seguridad y energía. Parece ser una persona con ideas y con un gusto por proyectos colectivos. Cuenta sobre los conciertos que hacía junto a la Orquesta Sinfónica de Crimea (cuyo director fue despedido y sustituido por un director de Donetsk), sobre su colaboración con el italiano Mauro Trombetta, ex director de la Ópera de Roma y su maestro... Cantante de ópera en una ciudad sin compañía de Ópera, ella promovió la idea de montar la pieza “El matrimonio secreto” de Cimarosa.  

– ¡Cuántas veces fui a ver al alcalde para pedirlo que hiciéramos una ópera, la primera en Crimea! Había mucha gente que quería participar, hubiéramos podido hacer grandes cosas. Pero para la administración la cultura siempre ha sido lo último.

– Supongo que, como otros artistas que conozco, siempre ha querido venir a Europa donde creen tener más posibilidades.
– ¿Cómo decirlo? Tengo tres hijos, me daba cuenta que estaba bien atada. Todo lo que ocurrió después de marzo fue, como dice mi marido, una “patada milagrosa”.

– ¿Por qué no se ha ido a Italia, un país que le resulta cercano?
– Tuvimos que hacer un visado urgentemente, no podíamos elegir. Pagamos mucho dinero para que nos lo hicieran rápido. Salí con tres hijos y sin un duro. Y cuando nos encontramos en Barcelona, pedimos asilo político. Cuando me den permiso de trabajo, en seguida empezaré a trabajar porque no me gusta vivir de balde.

– ¿Va estableciendo relaciones en los círculos musicales?
– Estoy en ello, pero todavía llevamos aquí poco tiempo. Entramos en ACCEM en octubre. Poco a poco me fui recuperando. Iba al Pinar a dar paseos y a cantar. Ahora ya puedo hablar sobre lo que ocurrió de manera más tranquila… Antes no paraba de llorar… Porque también vivíamos como todos… En un día perdimos todo.

– ¿Cómo conoció a Bernadetta Raatz, de Bell’Arte Europa?
– Cuando llevas mucho tiempo sin cantar te quema por dentro. Fui al secretariado allí en ACCEM, todavía hablo mal español, no entendían que era lo que quería… “Soy cantante, quiero cantar”. Me dijeron que no tenían piano…. Empecé a cantar en casa. En habitación de unos amigos míos de ACCEM las ventanas dan al Pósito y me dicen: “Algo pasa allí por las tardes, se oyen sonidos… Vamos a presentarnos…” Y me llevaron para que me presentara a Bernadetta. Al día siguiente me escuchó. Así empezó todo. Gracias a ella he vuelto a recuperar el ánimo. Me dio la posibilidad de expresar todo lo que tenía dentro. Para mí, hablando sinceramente, fue un descubrimiento conocer a Bernadetta, conocer lo que ellos hacen aquí, en una ciudad tan pequeñita. Hacen un trabajo increíble.