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La necrópolis de los constructores de la catedral de Sigüenza

Tras la exposición sobre el mundo celtibérico —fruto de la colaboración entre el Ayuntamiento de Sigüenza y la Asociación de Amigos de los Museos de Molina— celebrada este verano y las dos conferencias sobre el mundo prerromano y el romano en la comarca, el día 25 de septiembre cerró el ciclo de conferencias con la titulada “Sigüenza Medieval, Repobladores y constructores de la Necrópolis de la Catedral”, a cargo del arqueólogo Miguel Ángel Cuadrado Prieto, que fue el director de las excavaciones en aquel lugar. Previamente tuvo lugar una jornada de puertas abiertas por cortesía del Museo Diocesano de Arte Antiguo de Sigüenza y de su director, Miguel Ángel Ortega. Numerosos visitantes pudieron contemplar las diversas tumbas de la necrópolis descubierta junto al arranque de los muros iniciales de la fachada sur de la catedral durante las obras de saneamiento y restauración que tuvieron lugar de 1997 a 2002. Junto a la necrópolis se encontró una atarjea para drenaje de las aguas del siglo XVII en donde aparecieron algunos sillares reutilizados de las tumbas de la necrópolis. Presentó el acto Oscar Hernando, concejal de Turismo que destacó la colaboración del Ayuntamiento con la Asociación de Museos de Molina, personalizándola en su presidente, Manuel Monasterio, y en Daniel Pérez, comisario de la exposición itinerante del Museo de Molina. A continuación Monasterio presentó al ponente, el arqueólogo, y señaló que hasta ahora no se había dado la importancia que tiene a la necrópolis descubierta.

Miguel Ángel Cuadrado trazó en primer lugar el marco de la época. En 1124 Alfonso VII acompañado del obispo Bernardo de Agén toma Sigüenza a los musulmanes, tras la cual comienza la repoblación de la ciudad. Su intención era restaurar lo que se suponía que había allí antes de la época islámica, la antigua sede episcopal de la época visigótica. Para ello rey Alfonso VII da a Bernardo de Agén una serie de privilegios para repoblar a población recién conquistada. En 1138 llegan 100 familias para defender y repoblar la ciudad. Es en esta época en la que se comienza la construcción de la catedral seguntina que crece al mismo tiempo que la ciudad. Es en el espacio inicial de la catedral románica que va creciendo donde se encuentra esta necrópolis.

A continuación el arqueólogo pasó a analizar las características de los enterramientos que, en número de 23, fueron encontrados junto a la fachada sur de la catedral tras las excavaciones. En los trabajos no todos los enterramientos se excavaron, algunos de ellos se dejaron intactos para que en épocas venideras se pueda investigar con mejores técnicas. Las tumbas más antiguas se han datado en la primera mitad del siglo XII y las más modernas en el siglo XIV. El arqueólogo señaló la necrópolis continúa bajo lo que es ahora una calle abierta al tráfico.

Esta necrópolis tiene varias peculiaridades que la hacen particularmente interesante y la diferencian de otras que se han encontrado también en la catedral. Se trata de tumbas hechas con grandes sillares tallados de muy buena calidad con la cabecera de forma redondeada que tenían como objeto dejar allí sujeta la cabeza del difunto, son las denominadas tumbas antropomórficas monolíticas. Solo hay una tumba, encontrada en un lugar aislado, con sillares pero sin cabecera, en la que se juntan los sillares en una zona para sujetar la cabeza, lo que se llama tumbas de laja.

Las tumbas se encuentran alineadas con una zona de paso por ellas y su orientación es con la cabecera al oeste (el ocaso) y los pies al este (el nacimiento). Esta orientación responde a que se pensaba que en el día del juicio final, en la resurrección de la carne, el difunto al levantarse tendría enfrente el paraíso. Esta orientación en las tumbas se mantiene desde la época visigoda.

Otra de las características peculiares de algunas de las tumbas es la presencia en ellas de estelas en su cabecera, una peculiaridad que se presenta en las regiones cantábricas de la península ibérica y que, con la repoblación hacia el sur se van extendiendo en todas las necrópolis encontradas. Las características de estas estelas, en forma de disco en el siglo XII y tabulares en el siglo XIV han servido para descubrir la cronología de las tumbas. Además ha servido para datar las tumbas la presencia de monedas acuñadas por Alfonso VIII la mayoría, junto a otras de reinados posteriores. También se constató la presencia en algunas de las tumbas de marcas de cantero en los sillares. Por los datos obtenidos se supone que la necrópolis dejó de utilizarse hacia el siglo XV y que llegaba probablemente hasta la muralla que cerraba el centro cardenalicio, la muralla que posteriormente ordenó derribar el cardenal Mendoza para la apertura de la Plaza Mayor.

Seguidamente el arqueólogo, apoyándose en los informes antropológicos de José Luis Gómez de los restos humanos, avanzó la hipótesis de qué tipo de personas eran los que allí fueron enterrados. Estos informes constataron que los restos, de unas 44 personas como mínimo (en algunas tumbas había restos de varias personas, como si se tratara de familiares), respondían tanto a hombres como a mujeres con unas características muy marcadas. Se trataba de personas con una gran musculación y muchos de ellos habían padecido traumatismos y fracturas óseas en fechas cercanas a su fallecimiento. También los restos denotan que los difuntos habían realizado mucha actividad en posturas inclinadas y en cuclillas. Estos datos, señaló Miguel Ángel Cuadrado, indican que se trataba de personas que se dedicaban a un trabajo físico de gran dureza, que eran albañiles y que posiblemente trabajaban en la construcción de la misma catedral. Curiosamente las características de las mujeres en los enterramientos eran similares a las de los hombres con lo que se infiere que hacían los mismo trabajos y con la misma intensidad. El hecho de que las tumbas estuvieran provistas de sillares tan cuidados, señaló el arqueólogo, tiene que ver con el hecho de que, en aquella época, las personas que se dedicaban a la construcción, los albañiles, estaban muy bien considerados en la sociedad y gozaban de gran respeto social.

El arqueólogo concluyó que allí se encontraban las tumbas de los constructores de la catedral.