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Jeff Espinoza y Francisco Simón: Blues de lujo

El pasado sábado 16 de enero, un nutrido público tuvimos el enorme privilegio de escuchar en el bar Las Travesañas a los dos pilares de la ya mítica banda de Blues Red House.

Nos deleitaron y sorprendieron, nos animaron y conmovieron, haciendo conversar y jugar a sus dos elegantes guitarras sobre las que cabalgaba la contundente pero sutil voz del californiano. A la venta estuvo su último trabajo en CD, Red House & friends, anunciado reiteradamente con mucho humor por Jeff durante el concierto– de algo han de vivir los trovadores: Un álbum que merece ser escuchado con atención en el que participan figuras como Steve Crooper, Gene Taylor, Lou Marini y otros varios grandes artistas.

Con un repertorio que alternó el blues-rock poderoso, y el folk-blues intimista, la magistral guitarra solista de Francisco Simón brilló con los ecos de los más grandes guitarristas del género de todos los tiempos, que el madrileño ha sabido conjugar en un estilo personal inconfundible. Soberbios fueron sus fraseos pianísimos, solos susurrados que hacían crecer el silencio y que destilaban una genialidad y sensibilidad que a muchos dejó boquiabiertos, ojipláticos y con los vellos erizados. Jeff nos acunó y nos sacudió con su increíble forma de cantar: esa voz cálida, ronca y también dulce y suave, en verdad difícil de concebir.

Si hay algo que Francisco Simón sabe hacer tan bien como tocar la guitarra es dominar la escena y conectar con el auditorio. Llegado el momento dejó su taburete y se paseó entre el público haciendo a su guitarra conversar con los presentes hasta abandonar poco a poco la sala y seguir tocando desde la calle, seguido por algunos de los asistentes –hipnotizados como los ratones o los niños por el flautista de Hamelín– para retornar a la sala y dejar que su guitarra piropease la belleza de una de las asistentes, haciendo de paso y al paso brotar su rubor y las risas de quienes andaban cerca. Llegado el momento, y sin que en ningún momento su solo perdiese coherencia, ritmo y sentido, se sentó en la barra, pidió un chupito de ron para él, otro de whisky para el camarero, y ambos brindaron y vaciaron sus vasos mientras el solo continuaba jugueteando sobre la base rítmica de Jeff, que abandonado a su suerte en el escenario mantuvo el contundente y preciso ritmo que hizo posible la genial performance de su compañero. Hubo bises, entretenidos, divertidos, con un público entregado: fueron un maravilloso broche para un concierto que terminó con las voces del público sosteniendo la última canción cuando los dos artistas ya habían abandonado el escenario al paso del ritmo mantenido para recibir la ovación final desde dentro de la barra.

Simplemente, una vez más, en Las Travesañas, gracias al firme propósito de Mari Carmen Hernando, pudimos disfrutar de un espectáculo de altísima calidad, de una velada inolvidable: Blues de lujo para alimentar las almas y sanar los cuerpos. Oh yeah!