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Juan Antonio López García y su nostalgia del edén

Desde hace unos años contamos en Sigüenza con la presencia de Juan Antonio López García, poeta y actor. El pasado año presentó en Sigüenza su libro de poesía Nostalgia del edén. La Plazuela quiso saber algo más de su persona y de su trayectoria artística.

¿Háblanos de tus principios?
Nací en Alcantarilla (Murcia) y allí pasé mi infancia. El teatro desde siempre me gustó mucho, creo que fui la primera persona en Alcantarilla que leyó a Hamlet. Lo primero que leí en público en el casino de Murcia fue el monólogo “Sobre el daño que hace el tabaco” de Antón Chéjov. Entonces me di cuenta de que tenía aptitudes para el teatro. A raíz de esto el director del TEU (Teatro Español Universitario) de Murcia me introdujo en el grupo y allí hice tres obras.

¿Cuéntanos algo de tu etapa con un grupo de música?
Estuve en el principio del rock en España, entonces solo estaban Los Pekenikes, Miguel Ríos, Los Relámpagos y nosotros en Murcia. Nos llamábamos Los Jorister’s, que viene de una palabra griega que quiere decir “cantante”. Publicamos varios discos en los que yo actuaba como solista. Actuamos en Valencia, Alicante y Murcia, de 1963 a 1965. Había mucha sala de fiestas por aquel entonces en estas zonas y actuábamos allí durante los veraneos.

Luego te trasladas a Madrid…
En Madrid me fui a trabajar en 1964. Allí contacté con un grupo de teatro independiente, estuve dos años y luego me incorporé a Los Goliardos que ya era un grupo más conocido. Era un teatro de escena, pero nosotros hacíamos un teatro de autores comprometidos: Valle-Inclán, Brecht… Sabíamos que estábamos fichados, que había policía secreta en las salas. Pero yo nunca tuve ningún problema.

¿Cómo fue tu marcha a Inglaterra?
Yo pensaba que iba a estar toda la vida en Los Goliardos pero por el contacto de un amigo, lo dejé me marché a trabajar a un restaurante italiano en Lancaster, en Inglaterra. Necesitaban a alguien que cantara y que tocara la guitarra. Eso fue en 1968. Estuve tres años cantando en el restaurante donde ganaba bastante dinero. Allí me puse en contacto con un grupo de teatro de la zona, una especie de ciudad de los muchachos, donde había adolescentes y jóvenes pobres, subvencionada por el Ministerio de Cultura regional del noroeste. Empecé a trabajar con ellos. Luego estuve trabajando en el Welfare State, una conocida experiencia de teatro de calle que surgió en Inglaterra durante aquellos años, allí trabajaba en espectáculos tipo happening como actor, cantante, percusionista, bailarín, etc. En Inglaterra conocí a mi mujer Susan Bentley, me casé y estuvimos viviendo allí catorce años y medio.

Luego volviste a España…
Yo venía todos los veranos a ver a mis padres. En Alcantarilla me conocía todo el mundo. Susan había acabado su licenciatura de Bellas Artes y Danza, le gustaba España mucho, y me ofrecieron un trabajo en la Universidad Popular de Alcantarilla, allí estuve hasta que se cerró. Luego seguí contratado por el ayuntamiento. Enseñaba teatro, educación medio ambiental y yoga.

¿Cómo acabaste viviendo en Sigüenza?
No había estado nunca aquí y a través de una amiga, conocí al prior de Santa María de Huerta. Tengo un poemario que se titula Ecos Evangélicos y me pidieron que diera un recital en el monasterio. Entonces decidimos visitar Sigüenza, y nos encantó. Cuando me jubilé, vendimos nuestra casa en Murcia y, para que Susan descansara un poco del calor del verano, nos vinimos aquí. Nuestro propósito era que, cuando nuestra hija menor, que compone y canta, tuviera una posición segura, trasladarnos a Inglaterra. Pero tras la muerte de mi mujer, decidí quedarme aquí y llevo ya nueve años viviendo en Sigüenza.

¿Cómo ves Sigüenza en la actualidad?
Los años en que he estado aquí he hecho amigos muy buenos. Creo que básicamente Sigüenza es un pueblo muy culto, aquí hay mucha más vida cultural que en otros pueblos de mayor número de habitantes. Siempre hay un concierto u otro tipo de acto cultural. Sin embargo, a nivel de funcionamiento, del cuidado de la ciudad, encuentro muchísimos fallos y me da pena. Yo ando mucho por la ciudad y veo deterioro por falta de cuidado, los excrementos de perros, el tráfico en el casco antiguo, los solares abandonados, las casas que se están cayendo...

Recientemente acabas de publicar un libro de poemas que titulas “Nostalgia del edén” ¿Nos podrías hablar de él?
Nunca me ha interesado mucho publicar. He sido actor, me llena muchísimo estar con la gente y leer en público. Este libro se ha publicado gracias a Inés, de la librería Rayuela de Sigüenza. Le dejé un poemario y ella me dijo que conocía un editor de Toledo que estaba interesado. Se titula “Nostalgia del edén”, no se trata de nostalgia del paraíso, es la nostalgia de la huerta de Murcia, que para mí, de pequeño, era el edén y ahora está destruida por la especulación. Dentro del libro hay 5 poemas sobre mis recuerdos de infancia, de esos poemas viene el título. El tema de mi libro es la ecología espiritual. No tenemos que conservar el planeta solo porque nos estamos cargando la tierra que nos alimenta. También está el aspecto espiritual, yo lo veo desde mi filosofía cristiana porque la tierra es el hogar que Dios crea para los seres humanos y para los demás seres vivos. Tenemos que respetar ese hogar nuestro.

¿Cómo te has formado como poeta y cuáles son tus preferencias en la literatura?
De pequeño leí poemas de Machado, de Rubén Darío y decidí que tenía que escribir así. Soy autodidacta y un lector empedernido. Antonio Machado y Rubén Darío son mis mayores maestros. Luego me gusta Lorca, que es un poeta muy distinto, me gusta una poetisa que en España es poco conocida, Gabriela Mistral. Podría citar además a Becquer. También me gusta y releo mucho a otro poeta muy diferente, Neruda. Luego está Shakespeare, un genio en crear personajes. Yo leo a Shakespeare en inglés. Tengo poesía en este idioma. La poesía es canción, si la traduces, la destrozas, sobre todo si es rimada, ya que le quitas la musicalidad. La poesía de Walt Whitman es poesía libre, pero tiene una cadencia propia del idioma inglés que el español no puede darle. En narrativa tengo también mis maestros imprescindibles que son: Cervantes, Dickens, Tolstoi y Dostoievski. Dickens es un genio, es el creador de la novela social.

¿Qué tipo de poesía haces?
Mi poesía está cogida de los avatares del mundo y de mi vida. Toca temas sociales, amorosos, religiosos, de cualquier fuente de las que bebemos en nuestro camino vital. Toda mi poesía es rimada: es la forma natural con la que fluye de mi interior y también, pienso, porque me gusta cantar y el poema rimado ya es medio canción. La poesía libre tiene su ritmo pero menos, una poesía de Pablo Neruda no la puedes cantar, porque tiene un verso de siete y otro de catorce sílabas, tiene un ritmo para leer pero no para cantarlo. Un soneto sí lo puedes cantar.

Yo escribo mucho en verso endecasílabo, que es el que crean los italianos en el Renacimiento y utilizo mucho también el octosílabo, el de nuestro romance. También he sido actor, me gusta recitar. A mí, Dios me ha dado también el don de leer bien. Me siento muy feliz cuando estoy transmitiendo lo que he escrito. Y en Sigüenza he dado ya varios recitales, en la Iglesia de San Vicente llevo cuatro, en la iglesia de Santiago, en El Torreón.