Viajeros ilustres en Sigüenza

Siempre me sorprende la muy bella y espectacular imagen de la ciudad Sigüenza, asentada en altas y sosegadas tierras, al ser contemplada, de lejos, desde cualquiera de los caminos y sendas que a ella conducen. Un antiguo caserío tendido sobre la falda de una colina que mira al norte, coronado por la pétrea mole del castillo, enérgico y palaciego baluarte, que se agrupa en torno a la silueta gótica de la catedral y es ceñido, ya en el llano, por el verde tapiz de la Alameda.

Panorámica de la ciudad de Sigüenza. Foto: Antonio López Negredo.

Un armónico y paradigmático dibujo, de reflejos ocre y rosa, un mágico perfil de fuga que discurre desde la cumbre del cerro hasta la ribera del río Henares.

La incomparable imagen urbana de Sigüenza, henchida de símbolos y significaciones, ha atraído, a lo largo de los tiempos, a afamados escritores, poetas, pensadores y periodistas, ávidos por conocer y saborear la belleza encerrada en esta vieja urbe. Recordemos a algunos de ellos: los novelistas Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán o Pío Baroja, filósofos de la talla de Miguel de Unamuno y de José Ortega y Gasset, o los poetas Gerardo Diego, Rafael Sánchez Mazas, García Lorca y Rafael Alberti. Sin olvidar al historiador y filólogo Américo Castro, al escritor y periodista José Jiménez Lozano, premio Cervantes, o al arquitecto Leopoldo Torres Balbás, primer restaurador de la catedral seguntina tras la guerra civil.

José Ortega y Gasset. Wikimedia Commons.

La severa y magnífica catedral, que alberga la maravilla en alabastro del Doncel de Sigüenza, rostro emblemático y turístico de la ciudad, el colosal castillo, la exquisita plaza Mayor, de itálicos sabores, el ilustrado barrio de san Roque o el neoclásico jardín de la Alameda, brindaron a tan notables huéspedes un fascinador mensaje, labrado en áurea piedra, ingente fruto de una historia de siglos.

Miguel de Unamuno.Wikimedia Commons.

Cada uno de tan ilustres viajeros, con el deseo de recordar sus días en Sigüenza, de evocar lo contemplado y de compartir vivencias y emociones, escribieron deleitables narraciones, sentidos poemas y sugerentes artículos periodísticos. Un rutilante acervo de creaciones literarias, de indudable renombre, hondamente enraizado en el fecundo y rico patrimonio cultural de Sigüenza.

Dr. Javier Davara

Profesor Emérito Universidad Complutense de Madrid

Ex-Decano Facultad de Ciencias de la Información

Ex-Vicerrector de la UCM

 

Letras Vivas Seguntinas

 

Sigüenza, ciudad candidata a Patrimonio de la Humanidad

 

 

Exposición en Madrid dedicada a la figura de Santiago Ramón y Cajal

El 19 de noviembre de 2020 el ministro de Ciencia e Innovación Pedro Duque inauguró la exposición "Santiago Ramón y Cajal", en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.

La cuestión de las víctimas

En HBO, una de las plataformas que nos invaden para sacar a la gente de las salas de cine, con o sin pandemia, pasaron una serie de 7 capítulos basada en el libro PATRIA, de Fernando Aramburu.

Dado cómo se gestó el libro, del que luego partió la serie, aunque sean formatos de ficción, se puede entender como un ensayo y un documental respectivamente. Aramburu, nacido en el 59, lo vivió en su juventud, y escribe una crónica de la época. Permaneció en el País Vasco, hasta su marcha a Alemania en el 85, y vivió en primera mano los llamados años de sangre y plomo de ETA. La mayoría de los atentados y de víctimas mortales fueron entre 1977 y 2000. PATRIA se edita en 2016, pero el drama que se vivió,  lo venía tratando desde 2006 en su libro de relatos “Los peces de la amargura”.

Creo que una cualidad del libro es, que no toma partido por ninguna de las dos familias, describe el drama de cada una. Lo que no quiere decir que Aramburu sea neutral respecto a la violencia etarra. Se reprocha a Patria la cuestión de no entrar en el origen, en la represión franquista que, además de matar perseguía hasta la práctica de la lengua propia.

Hubiera sido otro enfoque que parece no pretendía. Creo que el acierto está en centrarse en la tragedia, la soledad y el miedo de las dos familias, y en lo singular de la posición de cada uno de sus miembros. Los personajes de las madres, que son tal cual. Si uno viaja a pueblos pequeños del interior se encuentra con Bitoris y Miren, que abandonan el euskera y se ponen a hablar contigo, a contarte cosas del pueblo. Los personajes de  cada uno de los hijos, o el de Julen, dividido entre el duelo por el amigo perdido, y el desgarro de haber sido asesinado por su propio hijo. ¿Es también una víctima? ¿será posible el duelo por ese amigo tan querido?

¿Y qué decir de Miren? Esa relación de sobreprotección al hijo etarra le impide poner la más mínima distancia para cuestionar nada. En momentos se le ve más radical que el hijo, su Joxe Mari. Está descrito como un tipo simple, que entra en ETA porque encuentra en la organización una identidad, como en el caso de la kale borroka. Los ideólogos eran otros, y la mayoría de ellos estaban en la dirección. Muchos de los encargados de asesinar, cuya tarea era apretar el gatillo, el tiro en la nuca, se corresponden con el personaje. Los amenazados de muerte que pudieron salvarse, sostienen que,  aunque parezca simple, no había reflexión, se mataba y  ya está, y que el ideario de ETA  se resumía en una línea. Son palabras de algunos que sufrieron amenazas y tuvieron que marcharse.
¿Podemos ver similitudes entre organizaciones criminales, donde está la vida en juego, la propia y la de los otros, con los que se postulan para atentar en el radicalismo islámico? ¿Al posicionarse y entrar en ellas? Es para discutirlo, porque en el caso de ETA, su origen y la finalidad son de otra índole. Pero sí puede haber jóvenes que entren en ellas por encontrar un lugar del que carecen.

Interesante también la posición del cura, no olvidemos que como se dice “ETA nació en los Seminarios del País Vasco”, concretamente, en las Juventudes Católicas del PNV. De ahí la  relación tan ambigua de la iglesia vasca.

Cómo sabéis hubo una polémica con el cartel de la serie, y que tuvieron que cambiar, porque la foto doble (el atentado bajo la lluvia y al otro lado la tortura de un preso de ETA) planteaba una equidistancia entre las víctimas. Y más allá de la polémica, el cartel plantea la cuestión de las víctimas de los dos lados.

No pude ver la serie, pero creo que es bastante fiel al libro por lo que dicen los que la vieron. Al final de la serie los encuentros con las víctimas. Y el capítulo final del libro, el abrazo entre las dos mujeres, que es una especie de alivio para con las víctimas. Tuvo dudas, y lo cambió como él cuenta. Ese cambio tuvo sus cuestionamientos, porque solo en algunos casos responde a la realidad.

El nacimiento del río Dulce

En el curso alto del Dulce hubo, en otros tiempos, ánades y garzas en sus paradas migratorias. Desde el nacimiento hasta Jodra, el Dulce formaba a su paso un humedal con prados encharcados a finales de la primavera, que resultaba un hábitat ideal para esas aves. Lo sabemos gracias al Libro de la caça, escrito probablemente entre 1325 y 1326 por el infante don Juan Manuel, autor también de El conde Lucanor y sobrino de Alfonso X el Sabio.

En las páginas del Libro de la caça, el infante desgranaba todo lo que había aprendido sobre la cetrería, es decir, el arte de criar, domesticar, curar y entrenar a los halcones para la caza, y dedicaba un último capítulo a describir los mejores lugares donde practicarla. Hablaba de las tierras que él había recorrido, entre ellas, las orillas del río Dulce.

 

Escena de caza con halcón en un manuscrito medieval iluminado (Codex Manesse).

El infante don Juan Manuel al río Dulce lo llamaba «arroyo de Aragosa» y situaba su nacimiento en dos puntos, uno sobre Saúca y el otro cerca de Bujarrabal. Además, demostró que anduvo por la zona porque decía que solo hasta la confluencia en Jodra de ambos ramales era posible la caza con halcón, por tratarse de espacios abiertos. Don Juan Manuel lo explicaba así en su libro:

«El arroyo de Aragosa nasce una parte dél sobre Sanca [Saúca], et la otra parte dél cerca Borjarraval [Bujarrabal], et ayúntase sobre Xodara [Jodra]: en estos arroyos ha muchas ánades et parada de garzas, et fasta Xodara es buen lugar para las cazar con falcones. Et de Xodara ayuso fasta que pasa por la foz de Haragosa [Aragosa], va por muy fuertes lugares, también para cazar commo para andar».

Resulta, cuando menos, sugestiva esa apreciación de don Juan Manuel acerca del nacimiento del Dulce. Hoy contentaría a bastante gente, aunque otros se mostrarían, sin duda, desconcertados. Y es que, pasados ya unos cuantos siglos desde que el infante recorriera estas tierras, no parece que haya consenso acerca del asunto.

 

Mapa topográfico («Sigüenza», hoja 461) del Instituto Geográfico Nacional, donde no hay más remedio que deducir que el río Dulce nace en Estriégana, aunque también se ve claramente que es un afluente del río de la Vega, que viene de más arriba.

En algunos mapas el nombre «Río Dulce» aparece por primera vez a la altura de Estriégana (donde también la Wikipedia sitúa su nacimiento). Esto sucede después de que el sobrante del manantial que nace allí vierta sus aguas, cual afluente, sobre el «Río de la Vega» o «Arroyo de la Vega», ¡que viene de unos 8 km más arriba! A los cartógrafos, en este caso, les ha pasado un poco como a don Juan Manuel, que han sacado conclusiones precipitadas tras una primera aproximación, importándoles poco cuál era el punto más alto en el que se inicia en realidad el curso del Dulce.

 

Nacimiento del río Dulce según la Confederación Hidrográfica del Tajo (Visor geográfico). La flecha roja indica el lugar donde se encuentra el manantial de El Fuentarro. Como se aprecia en la imagen, el curso del río Dulce, que partía de allí, ha sido casi borrado a consecuencia de las labores agrícolas.

Pero no todo han sido errores tan garrafales. La Confederación Hidrográfica del Tajo hace tiempo que sitúa el nacimiento del río Dulce en tierras de Torralba del Moral, ya en Soria y al pie de la Sierra Ministra. No obstante, no ha tenido en cuenta cuál pudo haber sido el lugar atribuido históricamente al nacimiento del río, que se halla un poquito más abajo de donde ahora lo sitúan.

 

Plano de 1973, previo a la concentración parcelaria de Torralba del Moral, donde los ingenieros dejaron bien señalado el trazado (marcado en azul) del cauce del río Dulce, desde El Fuentarro hasta el límite con el término de Bujarrabal.

Las gentes de antes decían que el Dulce nacía, efectivamente, en el término de Torralba, pero en el manantial llamado El Fuentarro. En torno a él se halla el paraje de Las Praderas —la Pradera Honda y la Pradera Chica—, que antiguamente era baldío porque la humedad impedía su cultivo, pero siempre tenía hierba fresca y se usaba de pasto para los bueyes. Esto da idea de hasta qué punto era evidente el afloramiento de agua en aquel lugar.

El Fuentarro es un manantial que nunca se ha secado, a pesar de que, en la actualidad, ha quedado reducido a un charco en medio de un campo de labor y enmarcado por hierbas y espinos como si se tratara de un islote. La sequía, que ha ido acentuándose en estas tierras, lo ha reducido a su mínima expresión, y las labores agrícolas han desdibujado el tramo del cauce del río que partía de allí. Está alterado de tal modo el paisaje que, sin referencias previas, es casi imposible adivinar el lugar donde podríamos decir que, históricamente, nacía el caudaloso río Dulce que conoció el infante don Juan Manuel.

 

Islote de hierbas y espinos en medio de un campo (foto grande), donde se encuentra el manantial de El Fuentarro (foto pequeña), las antiguas fuentes del río Dulce.

Ahora, El Fuentarro ha cedido el protagonismo del nacimiento efectivo del río al arroyo del Cañizar —ya en el término de Bujarrabal—, que contribuye en invierno y primavera a dar tímidamente inicio al caudal de lo que aguas abajo cobrará mayor celebridad en el llamado Parque Natural del Barranco del Río Dulce.

Aventurarse en busca de las fuentes del Dulce no ha sido ni mucho menos comparable a lo que debieron sentir quienes exploraron el corazón de África para localizar la ubicación exacta de las fuentes del Nilo. Pero le pusimos mucha imaginación y quizá solo echamos en falta que alguien apareciera por allí y pronunciara la célebre frase: «Doctor Livingstone, supongo». Se habría tratado, desde luego, de una persona despistadísima.

Fotografía: Marga Fortuny

 

Las Navas de Jadraque, la Serranía en estado puro

Cuando se pregunta por el nombre de algunas localidades de la Sierra Norte de Guadalajara, muchos responderán Sigüenza. Otros, Atienza. Incluso, los más avezados, recordarán topónimos como Campillo de Ranas, Valverde de los Arroyos, Galve de Sorbe o Hiendelaencina. Sin embargo, existen otras muchas poblaciones que –aunque menos afamadas– resguardan grandes tesoros patrimoniales, arquitectónicos, históricos y naturales…

Casa de Las Naves

Un ejemplo es Las Navas de Jadraque, un municipio de 27 habitantes ubicado a escasos kilómetros del Alto Rey. “En el fondo del valle que forma el arroyo Cristóbal –que baja por la ladera meridional de la referida montaña– se asienta esta población”, aseguran José Antonio Alonso Ramos, Antonio Herrera Casado y Luis Monje Arenas en «La sierra norte de Guadalajara, paso a paso».

La tipología constructiva del pueblo es la propia de la «Arquitectura Dorada», tan habitual en la zona. Entre las características de la misma se encuentra el empleo de materiales existentes en los alrededores, como el gneis. La utilización de esta roca confiere a las edificaciones su habitual coloración destellante. “Las Navas, además, se constituye como un conjunto homogéneo en su configuración y en perfecta armonía con el entorno”, confirman Eulalia Castellote Herrero y Marina Alba Pardo en «Arquitectura Negra de Guadalajara».

De hecho, en la localidad se conserva una gran cantidad de edificaciones originarias, lo que permite disfrutar de la «Arquitectura Dorada» en todo su esplendor. “Las son de una o dos plantas, con espacio bajo cubierta o sobrado para almacenar el grano. Son más numerosas las viviendas de un solo piso con cámara superior. Normalmente, la cubierta es a dos aguas, aunque –a veces– se achaflana uno de los muros, dando lugar a un tercer faldón”. Además, y para respetar la fisionomía arquitectónica local, todas las calles están enlosadas con gneis…

Calle de Las Navas.

Un pueblo ordenado urbanísticamente

Pero si el caminante se interna en Las Navas de Jadraque no sólo se deleitará con el tipo constructivo de las casas. También observará un urbanismo sencillo y ordenado. “Existen dos núcleos importantes de edificaciones. Uno corresponde a las construcciones destinadas a las viviendas y sus anejos. Y otro, un poco más alejado, está compuesto por los casillos o tainas para el ganado”, indican Castellote Herrero y Alba Pardo.

Asimismo, la planificación urbanística de la población articula los diferentes espacios existentes en su seno. “En el pueblo encontramos dos plazas, unidas por una amplia calle. En el primero de estos lugares [situado en la parte alta de la población] surge la iglesia, con la espadaña al Oeste. Sobre el muro sur del templo está la puerta de acceso al mismo, protegida por un tejadillo y atrio de madera. Frente a ella, se divisa el antiguo horno de pan comunal”, relatan Alonso Ramos, Herrera Casado y Monje Arenas.

Pilón.

En la segunda de las plazas, que se abre en la parte baja del pueblo, se domicilia el Ayuntamiento, cuya construcción respeta lo marcado por la «Arquitectura Dorada». Y a pocos metros de este complejo, recorriendo una angosta calle, se llega a “un precioso lavadero, cubierto, desde el que se contemplan espectaculares vistas del valle”.

Una sugestiva estampa que se ha conseguido gracias a una perfecta imbricación de las construcciones con el entorno. “Las viviendas aparecen conformando pequeñas manzanas irregulares, siguiendo la pendiente natural del terreno y adaptándose a él, apoyándose unas en otras. Esta disposición configura, en algunos casos, el escalonamiento de los tejados”, confirman Eulalia Castellote Herrero y Marina Alba Pardo.

Iglesia.

Una luenga historia…

Este patrimonio muestra la larga historia de Las Navas de Jadraque. Sus orígenes se remontan, al menos, a la época medieval. Algunos investigadores los ubican hacia el siglo XII, cuando la zona cayó en manos castellanas. Sin embargo, la existencia de este municipio no finalizó aquí. Todo lo contrario. Se fue afianzando con el paso de las centurias hasta llegar a la actualidad.

“En el siglo XIV pasó a pertenecer a la «Tierra de Jadraque», incluyéndose en su «Sesmo del Bornova». De esta manera, quedó –con el paso de los años– dentro de los límites de los sucesivos Señoríos de los Carrillos y de los Mendoza, a cuyos dominios perteneció hasta el XIX”, explican Antonio Herrera Casado, Ángel Luis Toledano Ibarra y Luis Antonio González Espliego en una de sus obras de investigación.

Este devenir histórico se ve reflejado en las tradiciones del lugar. Una de las más conocidas es la romería del Alto Rey, en la que participa Las Navas junto a otros seis pueblos de la comarca. Lo hacen cada primer sábado de septiembre. Durante esta jornada se asciende hasta lo más elevado de la sierra, donde se disfruta de eventos culturales, lúdicos y religiosos.

Sin embargo, la romería conjunta de las siete localidades es muy reciente. Se comenzó a hacer la década de 1940. Anteriormente, cada uno de los pueblos ascendía en una fecha diferente. Los vecinos de Las Navas lo hacían el 13 de junio, junto a las gentes de Bustares. “Se salía en procesión desde el pueblo, con el pendón y la cruz parroquial. Se avanzaba hasta alcanzar la localidad bustareña”, rememoran Herrera Casado, Toledano Ibarra y González Espliego.

Una vez juntos los habitantes de los dos municipios, se iniciaba la «escalada» hacia la sierra, “que se hacía más llevadera gracias a un breve reposo que se realizaba en el «Descansadero», donde se echaba un trago del botillo y se seguía adelante”. Y cuando se arribaba a la cima, se disfrutaba de una comida de hermandad. “Los de Las Navas solían llevar una comida típica, consistente en tortilla de patata, carne de cordero, cabrito, pollo o caza, que podía ser del día o escabechada”. Además, “era costumbre que, si algún ciudadano estaba enfermo o no podía subir, se le entregaba un litro de vino en compensación por no haber gozado de la fiesta”.

En consecuencia, Las Navas de Jadraque ofrece muchísimas posibilidades turísticas, tanto desde el punto de vista patrimonial como tradicional y natural. No en vano, se encuentra encuadrada en la «Ruta de la Arquitectura Dorada» y en pleno Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara. Por ello, “son imprescindibles los paseos por el pueblo y por su entorno inmediato”, confirman los especialistas. ¡No pierdas esta oportunidad!

Bibliografía.

Alonso Ramos, José Antonio; Herrera Casado, Antonio; y Monje Arenas, Luis. «La sierra norte de Guadalajara, paso a paso». Guadalajara: Ediciones AACHE, 2012.

CASTELLOTE HERRERO, Eulalia; y ALBA PARDO, Marina. «Arquitectura Negra de Guadalajara». Toledo: Consejería de Educación y Cultura. Junta de Comunidades de Castilla–La Mancha, 2001.

Herrera Casado, Antonio; Toledano Ibarra, Ángel Luis; y González Espliego, Luis Antonio. «La romería del Santo Alto Rey». Guadalajara: Ediciones AACHE, 2019.

Back to Top
We use cookies

Usamos cookies en nuestro sitio web. Algunas de ellas son esenciales para el funcionamiento del sitio, mientras que otras nos ayudan a mejorar el sitio web y también la experiencia del usuario (cookies de rastreo). Puedes decidir por ti mismo si quieres permitir el uso de las cookies. Ten en cuenta que si las rechazas, puede que no puedas usar todas las funcionalidades del sitio web.