Fallo del XV Premio "Fermín Santos"

El pintor madrileño, afincado en Griñón, Pablo Rubén López Sanz se ha hecho con el Primer Premio Adquisición de la XV Edición del Concurso de Pintura Fermín Santos. El jurado se reunió para fallar los premios el pasado día 30 de noviembre, precisamente el mismo día, pero de 1997, en que falleció el gran Fermín Santos. Su lectura pública y la entrega tuvieron lugar ayer en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Sigüenza. En total, el certamen ha repartido 8.200 euros en premios. En el acto de la entrega, tomó la palabra inicialmente el alcalde de Sigüenza, José Manuel Latre, para recordar quién fue Fermín Santos, gran genio pictórico. “Hablar de Don Fermín es hablar de un maestro de la pintura del siglo XX, con un estilo propio dentro de la temática del paisaje castellano, urbano y costumbrista. Con su trazo personalísimo y tenebrista, entronca con la pintura negra española. Los rincones de Madrid, de Guadalajara, de Sigüenza y la Alcarria han quedado retratados, de forma inmortal ya, a través de sus lienzos”. El regidor recordó también a los dos hijos del artista nacido en Gualda en 1909, Antonio y Raúl, con quienes formó “el trío de color”. De esta manera trajo a colación al autor de la definición certera, Juan Antonio Martínez Gómez-Gordo, quien fue el primer alcalde de la democracia en Sigüenza (1979), recientemente fallecido. El cuadro ganador, óleo y acrílico, lleva por título “Patiño”, y recoge una original perspectiva de un buque de aprovisionamiento la Armada Española en el puerto gallego de El Ferrol. “Lo estaban reparando y su visión desde el suelo, me impactó”, confesaba ayer el artista. Sobre el estilo pictórico de la obra ganadora, López matizaba que el cuadro es figurativo, pero no hiperrealista: “Hay mucha mancha y trazos deshechos. No he querido llegar a esa exactitud”. Quizá le haya influido su manera de hacer con la técnica de la acuarela, de la que también es un consumado especialista. De hecho, según comentaba después de ganar el premio, “quiero centrarme más en la acuarela, que me está abriendo muchas puertas, incluso a nivel internacional”. El pintor, que lleva quince años dedicado de manera profesional a la pintura, ha ganado infinidad de premios. Había participado en anteriores ocasiones en el concurso de pintura rápida de la ciudad del Doncel, y también en el Fermín Santos, pero sin suerte. Le fascinan los temas industriales, fábricas y astilleros, con grandes estructuras de metal, y sobre todo de hierro, y los temas urbanos, que son sus preferidos para pintar con acuarela, de ciudades como Nueva York, San Francisco o Roma. El segundo premio adquisición, valorado en 2.000 euros, fue para el cuadro “La Cancha”, de Pedro Lobato Hoyos. Y el tercero, valorado en 1.500 euros, fue para el el pintor Juan Manuel Bernardo Bueno, por su “Homenaje a Robert Frank”. “Es un recuerdo de un viaje a Nueva York que forma parte de una serie más amplia de panorámicas y avenidas en las que llevo trabajado desde el año pasado”, decía ayer en Sigüenza tras recoger su premio. El artista reconocía su fascinación por la ciudad norteamericana. “No he terminado un cuadro, cuando ya estoy pensando en otro y en otro más. Nueva York es muy agradecido en cuanto a luces y sombras, a profundidades, perspectivas y dibujo. Cualquier recuerdo o foto, da mucho de sí”, confiesa. Bernardo Bueno lleva un año dedicado a paisaje urbano en exclusiva. Se presentó al concurso siguiendo el consejo de un buen amigo seguntino, “a quien le estoy muy agradecido”, dijo. Esa amistad y la belleza de Sigüenza que empezó a descubrir ayer, le abren la puerta a algún tema seguntino en su obra. El jurado fue presidido por el alcalde de Sigüenza, José Manuel Latre, y estuvo integrado además por Sonsoles Arcones, concejala de Cultura del Ayuntamiento de Sigüenza, José Gabriel Astudillo, presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, Emilio Fernández-Galiano, pintor y comentarista de arte y Antonio Muñoz Gonzalo, historiador del arte y guía del Museo del Prado. Listado completo de premios, premiados y cantidades · Primer Premio Adquisición. 1.800 euros. Pablo Rubén López por la obra “Patiño”. · Segundo Premio Adquisición. 2.000 euros. Pedro Lobato Hoyos por la obra “La cancha”. · Tercer Premio Adquisición. 1.500 euros. Juan Manuel Bernardo Bueno, por la obra titulada “Homenaje a Robert Frank” · Cuarto Premio adquisición. 1.700 euros. Pablo Rodríguez de Lucas por la obra “863 kms”. · Quinto Premio adquisición. 1.200 euros. Alejandro Galán Vázquez por la obra “En la mesa”. · Premio de la AEPE, dotado con Medalla y Diploma a Manuel Reina Infante por la obra titulada “Eno”. · Mención de honor a Sergio del Amo Sanz, por la obra “Seudorreflejo”. Al terminar la entrega de premios quedó inaugurada la exposición con 21 obras seleccionadas por el jurado en la Ermita de San Roque. Exposición: Fermín Santos 2013 Fondos: 21 cuadros. Autor: Varios Técnica: Varias Lugar de Exposición: Ermita de San Roque. Horarios de visita: Fines de semana, sábados y domingos.

Los dueños de la casa

Correteos por los desvanes en las horas nocturnas perturban el sueño plácido del morador de la casa. Se dice que juegan con los frutos almacenados en el sobrao, que hacen rodar las nueces de la noguera del abuelo sobre los techos y bajo los envigados de madera. Si hay trigo o cebada en los trojes, dicen que se entretienen contando los granos y que, como pierden la cuenta, siempre, irremisiblemente, al llegar a cien, tienen que empezar de nuevo, así una y otra vez, que de ese modo se les pasa la noche sin tener tiempo para sus travesuras. Otras veces bajan de las estancias altas y sus correrías suceden en la cocina, donde aparece, sin explicación, el salero caído —y estos seres huyen de la sal, ¡de todos es sabido!—, o desaparecen algunas cucharillas, que luego estarán en otro sitio de la casa, o se desmorona el montón de leña, causando gran estrépito y despertando a todos los habitantes humanos de la vivienda. Cuando amanece, su actividad cesa inmediatamente, se ocultan o se vuelven invisibles y nadie los podrá ver ni oír durante las horas diurnas.

Por lo general son seres estacionales que aumentan su presencia doméstica según el tempero, especialmente con los fríos invernales. Quienes han tenido la valentía de espiarlos de noche los describen como menudos y numerosos, aunque también se han dado ejemplares solitarios y más grandes. Estos casos llamativos se hacen pronto vox populi en la comarca afectada y suelen quedar recogidos por los folcloristas, como ocurre, en nuestra provincia, con el martinico de Mondéjar, el de Yebra o los de Berninches (que fueron varios en varias casas). Si de los pequeños y menudos nadie razonable duda —todos los hemos oído—, a estos más grandes tampoco les deberíamos poner mucho reparo ya que hasta la Inquisición dejó constancia de algunos, como rezan distintas actas:

“En 1760 delató una señora de Madrid a una moza que había tenido de criada, bastante espigada, de medianas carnes, carirredonda, blanca, algo roma y de pelo castaño, la cual, según había contado a su ama, con otras muchachas del lugar se había holgado y divertido, en el palacio del marqués de Palacios, en Mondéjar, con un muchacho llamado Martinico, de pocos años y muy feo, que se les aparecía en forma de capichino o de culebrón, quien las reprendía alguna vez por su demasiada curiosidad. Añadía la criada que, si hubiera querido, hubiera sido rica, y Martinico le haría las cosas de la casa, pero temía a la Inquisición y a que dijeran las gentes: ¡Qué muchacha es, y ya va con la mitra por las calles!” (Papeles de la Inquisición de Toledo, 92:189) [1]

Parece que el de Móndejar estaba en posesión de la facultad de transformarse en culebrón, fíjense ustedes que prueba más impresionante de que estamos ante seres sobrenaturales (aunque las malas lenguas dicen que se trataría del “tonto del pueblo”, que de tonto debía de tener poco a juzgar por la «holgura y diversión» —insisten las viperinas— que otorgaría a criada y amigas). En Berninches ocurrió, en uno de varios casos, que, asustados por las correrías nocturnas que duraban ya muchos días, la familia humana de cierta casa tomó la decisión de irse y que, al estar recogiendo sus enseres, se oyó: “con cambiar de casa no solucionas nada porque donde vayas yo también voy a ir” [1]. Por último —último caso de duen solitario documentado en la provincia, hasta donde he podido averiguar— el de Yebra se apareció en el campo, no en una casa, a un pastor que oyó tras de sí un «¡detente Cirilo!» que lo «dejó helao», sobre todo cuando vió un ser menudo envuelto en un manto y flotando a centímetros del suelo [2].

Muchas veces, sobre todo en tierras más septentrionales donde hay muchos más ejemplos, los pintarán con capucha o manto rojos o ávidos por las cosas de este color, y, cuando de la variedad pequeña y numerosa se trata, se habla a veces de una larga y delgada cola y se los describe temerosos de los rapaces gatos domésticos. Del campo a la casa, suelen acabar por vivir en estas, casi siempre en zonas rurales, donde naturaleza y vivienda son partes conexas de la realidad. Los romanos hablaban de lares para estos espíritus de familia o de lemures o larvas cuando eran malignos. Son los dueños, los duen de la casa, de amplia tradición indoeuropea, que admiten una variedad fascinante en su extensa geografía, desde Andalucía hasta el círculo polar y desde las Islas Británicas hasta el lejano oriente siberiano (ver magnífica revisión para nuestro país en [3]).

Hay quien pone reparos sobre su naturaleza o aún sobre su veracidad, sobre todo la gente de la urbe, que vive en casas acolmenadas, ajenas al campo, con ventanas herméticas de persianas de plástico, pero que luego vienen a las fiestas del pueblo y terminan cantando a altas horas de la madrugada, en estado excedido en cuanto a embriaguez se refiere —¡bendita ignorancia!—, aquello de “si te han pillao los ratones coloraos...”

Referencias:

[1] López Mozos, J.R. 1997. El “duende martinico” de Mondéjar y los duendes de Berninches. Revista de Folklore, 200:71-72.


[2] Callejo, J. 1996. Gnomos y otros seres masculinos de la naturaleza. Guía de los seres mágicos de España, vol. 3. EDAF, Madrid, 169 p.


[3] Canales, C y Callejo, J. 1994. Duendes. Guía de los seres mágicos de España, vol. 1. EDAF, Madrid, 150 p.


Figura: “Martinico” castellano (ilustración de Ricardo Sánchez en [3])

La azarosa historia de la restauración de uno de los púlpitos de la Catedral de Sigüenza

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Queremos dar a conocer la historia de la restauración de uno de los púlpitos catedralicios que fue destruido durante la guerra civil. Para ello nos pusimos en contacto con Francisco Fernández Lafuente, de familia con hondas raíces seguntinas, cuya casa está situada frente la Catedral. Nos explica los antecedentes del caso que nos ocupa: "Mi abuelo, de apellido Lafuente, vino de un pueblecito de la comarca del Jalón, se casó con una seguntina y compraron esta casa entera. Era negociante pero hizo muy malos negocios, se arruinó con la fábrica de cerámica de El Acierto en Pelegrina y en otros asuntos en los que se metió y que le salieron muy mal. Tenía una ferretería en la esquina de la calle Guadalajara con la calle Medina". En los años veinte del pasado siglo, llegó a Sigüenza una misión del Museo de Reproducciones Artísticas, que iban por toda España haciendo reproducciones de monumentos. Empezaron a hacer reproducciones de las esculturas de la catedral en escayola. "Le compraban las herramientas y los materiales a mi abuelo. Hicieron amistad y cuando se fueron, hicieron una copia de más y le regalaron un juego de las reproducciones del púlpito, un busto del Doncel muy bonito que tiene mi tía Antonia y un descendimiento de la capilla de San Marcos". Cuando llegó la guerra, uno de los púlpitos de la Catedral, el de la pasión, se destruyó. En los trabajos de reconstrucción del arquitecto Antonio Labrada a principios de los años cuarenta no había referencias para la restauración del púlpito ya que las copias que se guardaban en el Museo de Reproducciones Artísticas, situado en la Ciudad Universitaria de Madrid, también se destruyeron con motivo de la guerra. Concluye el relato: "Mi abuelo que vivía aquí y tenía mucha relación con la iglesia les dijo que él tenía una copia de las esculturas del púlpito".  Lo único que quedaba eran esas reproducciones y el púlpito fue reconstruido basándose en ellas.

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La casa de la familia tiene también otra curiosidad que nos mostró Francisco Fernández Lafuente, algo que por cierto no tiene que ver con la restauración del patrimonio sino por el contrario, con su destrucción. En uno de los balcones de la casa, durante el asedio a la Catedral las tropas nacionales se instaló un cañón que destruyó la puerta del edificio. En la foto, se aprecia una vista de la fachada desde el balcón, en el que se pueden ver desperfectos fruto del combate. A la derecha colocamos una instantánea de la época, que se conserva enmarcada en el cuarto desde el que hicimos la foto, en la que se distingue un grupo de soldados con el cañón situado en el balcón de la casa.

 

Domingo Bartolomé / José María Cañadas

 

El valor de las rejas

Dentro de los proyectos de conservación y restauración de bienes culturales que desde hace años viene realizando el Instituto del Patrimonio Cultural, dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en la Catedral de Sigüenza, se encuentran los dedicados a la restauración de las rejas de varias de sus capillas. Estos trabajos, que comenzaron en 2008, terminan en diciembre de 2013 con la restauración de la reja de la Capilla Mayor. Se han restaurado ya otras tres rejas: la de la Capilla del Espíritu Santo, situada en la Sala de las Cabezas; la de la Capilla de San Pedro y la reja de la Capilla de San Juan y Santa Catalina que cierra el sepulcro del Doncel. Para conocer el alcance de estos trabajos hablamos con Paz Ruiz, restauradora de materiales del Departamento de Arqueología, Etnología y Artes Decorativas del Instituto, que ha dirigido tres de estas restauraciones, la reja de la Capilla de San Pedro estuvo a cargo de otra compañera suya: la restauradora Paz Navarro.

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Entonado. Foto: Bárbara Hasbach Lugo. Archivo IPCE

Paz Ruiz nos explica el proceso que se sigue para adjudicar estos trabajos de restauración que financia el Ministerio. “La iniciativa es del Cabildo que solicita al Instituto de Patrimonio Cultural la restauración de las rejas de una capilla. Si el Instituto aprueba hacer el trabajo, antes de empezar la intervención busca la documentación que existe tanto en la biblioteca del Instituto como en otros archivos incluido el de la misma Catedral. A continuación se hace un análisis in situ del estado material en que se encuentran las rejas. Se describe la patología de la reja y con eso se hace un presupuesto para la actuación. Todo esto sale en el Boletín Oficial del Estado y en un concurso libre las empresas que tienen una clasificación apropiada para hacer estos trabajos presentan propuestas. Estas se valoran técnica y económicamente por parte del Instituto y al final se adjudican los trabajos. En este caso fueron elegidas Afelio 64, Restauración de Arte SL y IN SITU, Conservación y Restauración SL.

Paz Ruiz quiere resaltar el valor de las rejas que en ocasiones pasa desapercibido. “Las rejas no se valoran como es debido porque se ve a través de ellas”, señala. “Normalmente cierran algo que tú quieres proteger, como en una capilla cierran un retablo, un enterramiento, unas vidrieras. Se trata de un cerramiento, de una celosía y tiendes a ver lo que hay a través de la reja sin fijarte en ella”.  Reivindica el valor de la reja en sí misma y lamenta que en ocasiones se la trate como la hermana pobre del arte. “Yo siempre digo, tú conoces a Berruguete, a Juan de Juni, a muchos pintores y escultores pero ¿cuántos herreros conoces?”. Ese desconocimiento quizá sea debido a la tradicional distinción entre artistas y artesanos y a la menor consideración social de estos últimos. Otra de las cuestiones que hay que tener en cuenta para apreciar una reja es su estructura, “es como un mecano y todas sus partes tienen relación entre sí”, precisa Paz Ruiz, añadiendo que los herreros muchas veces también eran arquitectos. Por último también apunta a algo que  juega en contra de la valoración de las rejas, el hecho de que sea complicado fotografiarlas debido a las sombras que proyectan.

Pone como ejemplo de reja monumental la que existe en la Capilla Real de Granada: “Allí explican la reja porque lo primero que te encuentras es una reja impresionante que cierra los sepulcros de los Reyes Católicos y de Juana la Loca. La reja de la capilla real tiene cinco cuerpos, doce metros de altura y está toda prolicromada, es una reja majestuosa y es una preciosidad”.

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Limpieza química. Foto: Bárbara Hasbach Lugo. Archivo IPCE.

 

Las rejas restauradas en la Catedral de Sigüenza
La reja de la Capilla Mayor, que se terminará de restaurar en este mes de diciembre, resultó muy dañada durante la guerra civil, “están desplazadas las dos caras de la reja y mal enfrentadas, no se molestaron en encajarlas debido a que en la época en que se restauraron no había dinero. Al estar en mal estado el hierro, lo policromaron en esta época de una manera muy plana, no quedaba casi nada debajo. De la policromía original solo se conserva una carita de ángel y un niño policromado por las dos caras de la reja, todo lo demás es una policromía del 1945”, nos explica Paz. Antes de actuar en esta reja se consultó con el cabildo para que decidieran lo que había que hacer. El cabildo decidió que se respetara la policromía actual y eso es lo que se ha hecho con lo que por un lado hay restos de la policromía original del siglo XVII y luego una policromía del siglo XX. “El dorado es oro falso, quedan muy pocos restos de oro bueno original”, precisa Paz.

En esta capilla, además de la reja, también se van a intervenir los púlpitos, de ellos se encargará otra restauradora, Ana Laborde, con la que esperamos poder hablar al término de su trabajo que está previsto para febrero de 2014. “Es un proyecto conjunto, lo lógico es que se intervengan las dos cosas. Nosotros nos encargamos de la reja y de los trabajos en las escaleras de acceso al púlpito que también son de hierro. Una vez que se termine esta intervención se quitan los andamios y se ponen para los púlpitos y ahí es donde interviene el departamento de piedra”, nos aclara la restauradora.

En cuanto a las otras rejas ya restauradas, Paz nos explica sus diferencias. “En general las mejores rejas son las de finales del siglo XV y las del siglo XVI”, comenta. Aun considerando que las rejas de la capilla de San Pedro y las de la capilla del Doncel, ambas del rejero Juan Francés, son rejas magníficas Paz Ruiz hace especial hincapié en el valor de la de la capilla del Espíritu Santo, la situada en la sacristía de las Cabezas. “Es del rejero Hernardo de Arenas, las figuras están representadas, a modo de esculturas, de frente y de espalda, y casi toda la policromía es original excepto pequeños detalles que se dañaron en la guerra de la Independencia, que son posteriores. Es una reja que se conservaba muy buen ya que al estar en la sacristía se encontraba mucho más protegida”. Explica que se pierde la policromía cuando el hierro está oxidado debido a la acción conjunta del polvo y de la humedad.”En este caso se eliminó la capa de protección que tenía, se hizo una limpieza y muy poco sentado de color porque estaba muy bien el hierro”.

También recalca que toda restauración como la que se ha llevado a cabo exige un mantenimiento. “Todo tiene caducidad, hay que limpiar el polvo cada dos o tres años, pero no de cualquier manera, tiene que hacerlo un restaurador sabiendo cuales son los puntos débiles de la reja. No vale que tú la restaures y dejes pasar veinte años, que se llenen de polvo, se oxiden las capas de protección y que no se cuiden”.

Le pedimos una valoración general de las actuaciones. “Son actuaciones muy positivas, de lo que se trata es de poner en valor el contenido de la Catedral, dentro de las posibilidades del Ministerio”, nos dice. Sobre lo que va a notar la gente cuando se abra la capilla del altar mayor señala que “dependerá de la sensibilidad de cada uno, lo que sí notará es que está limpia”.

Esperemos que estas explicaciones de Paz Ruiz nos hagan apreciar más a todos el valor artístico que tienen las rejas y que cuando nos encontremos ante una reja, además de ver a través de ella, nos paremos a mirarla.

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Foto: Javier Ceballos Enríquez. Archivo IPCE

Restauración de la reja de la Capilla de San Juan y de Santa Catalina (Capilla del Doncel).
Periodo de ejecución: 2010-2011 (4 meses)
Coste total: 73.942,58 €
Fue realizada en hierro dulce a doble faz por el rejero Juan Francés entre 1526-1532. Es una obra característica del plateresco donde se aprecia la transición entre el gótico final y el principio del renacimiento.  El cuerpo es de estilo gótico mientras que la crestería es de estilo renacentista. Fue pintada y dorada por Juan de Artiaga y se asienta sobre un zócalo de piedra labrado por Francisco de Baeza.

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Foto: Joaquín Gómez de Llerena. Archivo IPCE

Restauración de la reja de la Capilla de San Pedro
Periodo de ejecución: 2009-2010 (4 meses)
Coste total: 89.046,53  €
La reja cierra la Capilla parroquial de San Pedro, fue realizada en hierro dulce a doble faz por el rejero Juan Francés en 1533, la policromía y el dorado es obra de Pedro de Villanueva y de Francisco de Peregrina. De transición gótico-plateresco. En 1954 se cierra con una puerta de cristal su acceso a la Catedral.

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Foto: José M. Lodeiro Pérez IPCE

Restauración de la reja y púlpitos de la Capilla Mayor de la catedral.
Periodo de ejecución: 2013-2014 (8 meses).
Coste total: 130.707,81 €  Coste en 2013: 98.030,85 €
La reja fue ejecutada en hierro dulce a doble faz entre 1631 y 1633 por los rejeros Domingo de Zialceta, Francisco Martínez y Juan Rodríguez Soberal que ejecuta el Calvario. En 1893 se realizan las escaleras y las puertas de acceso a los púlpitos por el herrero Santiago Armero.
Ambos púlpitos están ejecutados en alabastro de Cogolludo, El de la Epístola, de estilo gótico florido o isabelino, es obra del Maestro Gaspar (s XV) y el del Evangelio, de Martín de Valoma (s. XVI). Su estilo es plateresco.
Durante la guerra civil sufren importantes desperfectos sobre todo la reja y el púlpito del Evangelio que quedó reducido a un montón de fragmentos. De su restauración se encargo, el escultor Florentino Trapero.

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Foto: Joaquín Gómez de Llerena IPCE

Restauración de la reja de la Capilla de las Reliquias o del Espíritu Santo. (Situada en la Sacristía de las Cabezas).
Periodo de ejecución: 2008-2009 (4  meses)
Coste total: 80.904 €
Fue realizada en hierro dulce a doble faz entre 1561-1564 por el rejero Hernando de Arenas, según traza del arquitecto y escultor Esteban Jamete o Xaimete, siendo la policromía y el dorado ejecutada por Pedro de Villanueva o por su yerno Andrada.
Pertenece al periodo conocido como pleno Renacimiento. Tiene fuerte carácter arquitectónico, intenta plasmar la fachada clásica, donde los elementos escultóricos juegan un importante papel.

 

 Jose Mª Cañadas / Domingo Bartolomé

La Alameda de Sigüenza, un parque neoclásico

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En el ecuador del verano, durante las fiestas patronales de San Roque, en días “alanceados por el sol”, como quiere el filósofo, la Alameda de Sigüenza, tendida en la vega del río Henares, delicioso remate vegetal de la urbe seguntina, resplandece de promesas y alborozos. Iniciada hace dos siglos, en el año 1808, de la mano del obispo Pedro Inocencio Vejarano, diputado en las Cortes de Cádiz, y diseñada por el arquitecto Pascual Refusta, con un coste total de casi doscientos cuarenta y siete mil reales, la Alameda seguntina es un risueño parque de dibujo neoclásico, basado en el orden, la razón y la geometría. Un bello y plácido rincón, romántico y melancólico, está circundado por una pequeña barbacana y engalanado por dos grandiosas puertas de piedra. La más oriental de ellas se orna con un hermoso arco barroco, decorado con el escudo del obispo constructor, en el cual figura una leyenda indicativa, escrita en noble lengua latina, de la creación del paseo “para solaz de los pobres y decoro de la ciudad”. Una amplia glorieta, situada a sus pies, embellecida antiguamente por una monumental fuente, está enmarcada por cuatro grandes pirámides de piedra rematas con granadas. Además, una fuente central, levantada a comienzos del pasado siglo, y diversos paseos, de enormes y arrogantes árboles, completan su singular diseño. El frondoso jardín seguntino sirve de arbórea corona a tres relevantes monumentos seguntinos. La ermita del Humilladero, capilla de acogida de peregrinos y caminantes, la placentera iglesia renacentista de Nuestra Señora de los Huertos, imagen protectora de las gentes del campo, ahora ocupada por una comunidad de monjas Clarisas, y el destacado conjunto barroco del monasterio de San Francisco, de comienzos del siglo XVII, hoy colegio y convento de las religiosas Ursulinas. 

A lo largo de sus más de dos siglos de existencia, el paseo de la Alameda ha sido, y sigue siendo, un privilegiado lugar de encuentro de propios y extraños, un bello rincón para encontrar “reposo para el cuerpo y solaz para el alma”. Los más ilustres y conocidos visitantes pasearon por sus avenidas y descansaron a la sombra de su arbolado. Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset, García Lorca, o César González-Ruano cantaron en escritos y poemas la belleza y el sosiego del parque seguntino. Políticos como el socialista Julián Besteiro, pensadores de la talla de Giner de los Ríos, el general Primo de Rivera o el laureado científico Santiago Ramón y Cajal, estuvieron en Sigüenza y gozaron de las frondas de la Alameda. El popular conde de Romanones tenía su casa frente al parque y, según cuentan las crónicas, en uno de los paseos laterales celebró algún Consejo de Ministros, en un célebre banco de color verdoso, en sus tiempos de presidente del gobierno.

Hace poco más de un siglo, en el año 1907, se asientan en la Alameda los primeros quioscos de refrescos y bebidas. El seguntino Javier Arroyo, más tarde alcalde de la ciudad, solicita del ayuntamiento permiso para instalar un pabellón de madera destinado a diversos espectáculos de teatro y variedades. Poco después, en compañía de su socio, Diego Alonso Leal, levanta dos puestos de bebidas, dos aguaduchos con sillas de alquiler, a uno y otro lado de la fuente central, con sus correspondientes terrazas. En ambos quioscos, iluminados con farolillos de papel, al llamado estilo veneciano, se celebraban, con inusitada animación y regocijo, las verbenas de las fiestas veraniegas de San Roque, en aquellos burgueses y felices años veinte. La Banda Municipal amenizaba a la concurrencia desde un viejo escenario de madera. Como es sabido, en el año 1930, se construye el actual templete de la música en un estilo de carácter vanguardista. El ayuntamiento autoriza a Agustín Hervás, en ese mismo año, una licencia para edificar un quiosco de piedra, denominado “la Alegría”, mediante contrato de arrendamiento, por un plazo de veinte años, con un canon anual de cincuenta pesetas.

En los tiempos trágicos y oscuros de la guerra civil, la Alameda sirve de lugar de estacionamiento de hombres y armas. En la primavera de 1937, las tropas del bando nacional construyen dos refugios antiaéreos, soterrados en el paseo central. La gestora municipal advierte, ingenuamente, “que se hagan con cuidado para no cortar las raíces de los árboles”. Terminada la contienda, se reforma el quiosco de Hervás, bautizado de nuevo con el nombre de “Agustín”, y se levanta, en el lugar del local de Javier Arroyo, el conocido y popular “El Triunfo”. Años más tarde, hacia 1955, surge el tercer bar de la Alameda, denominada “Miaga”. Los tres establecimientos, con otros nombres y otros concesionarios, son, en la actualidad, apacibles lugares de tertulia y ocio para el disfrute de las gentes de Sigüenza y, también, para los muy numerosos turistas que visitan la ciudad. El paseo de la Alameda, hoy como ayer, termina el dibujo de la singular imagen urbana de Sigüenza, una armonía de volúmenes y colores, una hermosa teoría se sensaciones, asentada en el austero paisaje de estas altas tierras serranas. Una vieja ciudad, medieval, renacentista, barroca e ilustrada, apoyada en el costado de una colina, apuntada por las majestuosas siluetas del castillo y la catedral, y culminada con el tapiz verde del paseo de la Alameda, un vergel neoclásico de doscientos años de historia. 

Javier Davara
Periodista. Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid

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