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Año 1000, el fin del mundo

Muchas veces hemos oído decir que la humanidad sintió un miedo pánico cuando llegaba el año 1000, porque pensaban que llegaba el fin del mundo; incluso algunos lo invocaron cuando se acercaba el año 2000.

Falsa creencia: una psicosis colectiva se vivió el 31 de diciembre del año 999, pues muchos creían que llegaría el fin del mundo. Se trató del primer apocalipsis fallido.

El milenarismo está basado, entre otras corrientes, en el Apocalipsis, la parte del Nuevo Testamento que se refiere al fin del mundo. En él se dice que el diablo quedará encerrado 1000 años:

Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años. [Apocalipsis, capítulo 20, 2].

Y por tanto, algunos creían que en el año 1000 el diablo se desataría y terminaría el Reino de Dios en la Tierra. Veamos qué hay de verdad.

Empecemos estableciendo el hecho de que el Apocalipsis NO es la parte del Nuevo Testamento que trata del fin del mundo. La palabra “apocalipsis” en su origen quería decir “revelación”. El cambio de significado a “fin del mundo” o “situación catastrófica” es moderno y no puede ser relacionado con su redacción original. Por otra parte, no olvidemos que esta historieta solo es aplicable a los cristianos, no a la humanidad completa.

Es verdad que en el año 999 había miedo en muchas partes de Europa; pero también, que lo había en el año 998, 997… y en el 1005: las condiciones de vida eran terribles. Desde la llegada de los bárbaros del norte (que venían de lo que hoy es Alemania y más al norte) con la caída del Imperio Romano, la Europa occidental se había convertido en una tierra incivilizada, en la que casi se había perdido la escritura (tanto, que se perdió la unicidad del alfabeto), la medicina, la matemática… y descendió la esperanza de vida a cerca de la mitad (aunque no es fácil medir esto en épocas anteriores al Registro Civil).

La mayor parte de la gente no sabía en qué año vivía, ni falta que le hacía; bastante tenía con preocuparse de las malas cosechas, las enfermedades del ganado, las guerras, los bandidos, la peste, los impuestos de los señores feudales…

Para más inri, en aquel tiempo, el año no terminaba el 31 de diciembre, sino el 28 de febrero o el 31 de marzo (según países). Como ya comentamos en otro artículo (Si esto es Londres ¿qué día es hoy?), desde la desaparición del Imperio Romano, nadie se preocupaba del desajuste del calendario por lo que el solsticio de invierno no caía el 21 de diciembre, sino algún día entre el 30 diciembre y el 4 de enero.

Pero lo más importante es que no existe ninguna crónica de la época que describa este miedo, sino que, ante las profecías que podían interpretarse como que el reino de dios en la tierra solo duraría 1000 años, los historiadores románticos dedujeron que inevitablemente la gente tuvo que pasar mucho miedo.

El Romanticismo nos dejó una literatura fantástica; pero también una Historia fantástica (interpretaciones falsas, hechos inventados), unas relaciones fantásticas entre los sexos (amor pasional, suicidios), una política fantástica (pronunciamientos, revoluciones, el nacionalismo), una medicina fantástica (la curación por la voluntad, la homeopatía), y cientos de barbaridades más. ¡A quién le puede extrañar que las épocas posteriores hayan sido tremendamente racionalistas! Curiosamente, el Romanticismo también llegó de Alemania.