Mié08052020

Last updateMar, 04 Ago 2020 7pm

Back Está aquí: Home dhistoria Conmemoraciones centenarias

Conmemoraciones centenarias

La primera de ellas tiene como protagonista el semanario LA DEFENSA

Su número inicial apareció el día 28 de mayo de 1917. El periódico fundado y dirigido por el abogado don Eduardo Olmedillas tuvo como precedente el cese de la publicación de otro semanario local, SIGÜENZA, dirigido por don Miguel Corrales, “envidiable literato, inspirado poeta y maestro de periodistas”, en opinión del equipo de redacción. Asimismo era director de la Banda Municipal de Música, de una magnífica Rondalla y autor de una infame caligrafía que supone una auténtica tortura para los investigadores que tienen que consultar las actas municipales transcritas por su pluma. Don Arturo Aguilar del Hoyo fue el promotor y alma mater de la publicación, que firmaba los escritos bajo el seudónimo de Adel-Hache.

El semanario SIGÜENZA apareció el 18 de mayo de 1915 para que la ciudad fuera conocida y sus glorias cantadas a los cuatro vientos. Tenía a gala carecer de ideas políticas y proclamaba su independencia como norma. Constaba de 8 páginas y en el último ejemplar, 11 de mayo de 1917, anuncia que “con este número termina la publicación que unos hijos de Sigüenza fundaron hace dos años con objeto de defender los intereses morales y materiales de Sigüenza y su comarca”. También pone de manifiesto que una empresa ajena se haría cargo de la publicación y que sería dirigida por  “el conocido periodista” don Eduardo Olmedillas.

El nuevo equipo había convenido hacerse cargo del SIGÜENZA bajo unas determinadas premisas. No fructificaron las gestiones a pesar de reconocer que “las condiciones de la cesión no podían ser más favorables y ventajosas”. La causa de la ruptura fue la aparición de algunas aclaraciones en un trabajo titulado “Despedida” que iban a influir en la parte administrativa una vez convenidos los términos. Se insertó otro trabajo “Explicación debida” que no había sido objeto del acuerdo y fue la excusa para la no continuación. Todo ello figura en el último número del SIGÜENZA y en el primero de LA DEFENSA en artículo bajo el título “Por qué no hemos continuado con el Semanario Sigüenza”.

Probablemente fueron otro tipo de razones, alguna de las cuales podía tener relación con la línea editorial, nada parecida entre una y otra publicación.
Los primeros 79 números se editaron en la imprenta soriana M. Reglero y Hermanos y el  resto, hasta su desaparición en 1936, fue en la Imprenta Rodrigo de nuestra ciudad. Los ejemplares ordinarios constaban de cuatro páginas, una de las cuales estaba dedicada a publicidad, mayormente contratada por seguntinos.

El protagonista del otro centenario es la transformación de El Pósito como local digno para representaciones teatrales

Las obras finalizaron en agosto de 1917 y su inauguración tuvo lugar el día 28 de ese mes.

En 1484 se habla de la existencia de un “Peso” (trigo y harina) cerca de la calle Arcedianos o más bien en la calle de su nombre.

La utilidad de los Pósitos está reconocida por las Cortes de Valladolid de 1555 que recomendaban se establecieran en todas las ciudades para socorrer a los labradores pobres y evitar la especulación en el mercado de granos. Existe una comunicación que reconoce la falta en la ciudad de granero “para tener el pan del Pósito o Alholi” o alfolí, así como la concesión de la licencia para hacer la obra por Andrés Carrera, maestro de cantería, en 1539.

Los Pósitos comprendían una gran extensión, tal y como fácilmente podemos comprobar en el nuestro, cerrada por tapias que alojaban en su interior patios en torno a los cuales se distribuían edificios de distintas categorías en cuanto a función y tamaño.

En Guadalajara hubo dos subdelegaciones, la de la propia capital de la provincia y la de Sigüenza que fue creada en octubre de 1817. Tenía a su cargo los 43 pósitos reales y 31 de los llamados píos de su partido.

Su funcionamiento tuvo altibajos y las deudas fallidas, las moratorias y perdones activaron su lenta decadencia. En 1906, por ley, los Pósitos pasaron a depender del Ministerio de Fomento.

La sólida construcción impidió su desmoronamiento y desaparición. Fue utilizado como Teatro en precario, hasta que una corriente de opinión y la actitud de preclaros ciudadanos convirtieron el local en una sala teatral digna de la ciudad.

El alcalde don Antonio Algora, en entrevista realizada en agosto de 1915 en el semanario SIGÜENZA, asegura que en tanto se resolviera el problema del Teatro daría facilidades para distraer a la población poniendo a disposición de la Colonia Veraniega el teatro provisional de El Pósito. Las representaciones teatrales eran uno de los entretenimientos preferidos por la juventud. La Cruz Roja, los ferroviarios, los músicos y distintos grupos  escénicos organizaban distintas funciones, en su mayoría con carácter benéfico.

En octubre de ese mismo año, la Compañía Bartrina Medrano representó varias obras. Las dos primeras representaciones tuvieron escaso público. La llegada de los “forasteros” a las ferias incrementó notablemente la asistencia. También ayudó la categoría de las obras. La Malquerida, El orgullo de Albacete, La Dolores,

El gran galeote y De mala raza, las dos últimas de don José de Echegaray.

El semanario SIGÜENZA, al rescoldo de los éxitos para convertir el local en un teatro moderno digno de la ciudad, hace un llamamiento a toda la sociedad seguntina y se recoge el guante formando una comisión gestora para allegar fondos. Los obreros seguntinos se ofrecen para trabajar de forma gratuita unos días ya que “pecuniariamente no pueden ayudar”.

La cuestación alcanza las 5600 pesetas en 11 de mayo y la juventud organiza otra para hacer frente al pago del telón de boca. Hasta ese momento reunieron 112, 50 pesetas.