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El jesuita Diego Laínez

DiegoLaínez

Recordemos su apasionante andadura. Diego Laínez nace en Almazán, en el año 1512, en el seno de una familia, de origen judío, de acomodados agricultores. Tras estudiar las primeras letras en la villa adnamantina, un joven Laínez se matricula en el colegio de Sigüenza, ciudad natal de su madre, y cursa estudios de gramática y de lógica. Como es sabido, a dicho colegio podían asistir los muchachos de las comarcas sorianas, entonces pertenecientes a la diócesis seguntina, de Almazán, Medinaceli o Berlanga de Duero.

Al cabo de dos años, Diego Laínez se traslada a la universidad de Alcalá de Henares donde obtiene el grado de Maestro en Artes. En los nobles claustros alcalaínos se respira el recuerdo amable de Ignacio de Loyola. Diego Laínez, intrigado por la notoriedad del personaje, acompañado por el tambien estudiante Alfonso de Salmerón, emprende viaje a París al fin de proseguir sus estudios y conocer al futuro fundador de la Compañía de Jesús. Su destino estaba trazado.

La condición de cristiano nuevo, descendiente de judíos conversos, de Diego Laínez no admite, hoy día, ninguna duda. Su abuelo materno, de nombre Ibrahim, de creencia hebraica, ganadero y propietario, reside en Sigüenza con su esposa María Gómez. Al conocer el decreto de expulsión de los judíos, promulgado por los Reyes Católicos en el mes de mayo de 1492, abandona la ciudad mitrada camino de Portugal. Un emisario del cardenal Mendoza, a la sazón obispo seguntino, sale en su búsqueda, le alcanza en la localidad vallisoletana de Peñafiel, y le promete un beneficio de hidalguía si se convierte al cristianismo. Ibrahim, resignado, acepta el ofrecimiento y es inmediatamente bautizado con el nombre de Hernán López de León. Regresa a Sigüenza y consigue el prometido privilegio. Asentado en la urbe episcopal, Ibrahim compromete en matrimonio a su hija Isabel, seguntina de nacimiento, con Juan Laínez, natural de Almazán, tambien de origen judío y bautizado. Los jóvenes esposos tienen siete hijos, entre ellos Diego Laínez, nuestro insigne protagonista. Al morir Ibrahim, flamante nuevo cristiano, es enterrado en el claustro de la catedral de Sigüenza. Tiempo después, en un clima de ardorosa intolerancia, los antepasados de Diego Laínez son perseguidos entre sollozos y lágrimas. No les perdonan su pasado judaico. Ibrahim, pese a haber muerto, es procesado y condenado por la Inquisición. Sus restos son desenterrados y quemados públicamente. Uno de sus hermanos, Diego Maldonado, vecino de Atienza, es igualmente ejecutado. La mayoría de los hijos de Ibrahim, pese a envidias y venganzas, se establecen en estas altas tierras de Sigüenza, Atienza y Almazán, y en ellas viven sus descendientes. En la primavera de 1535, Ignacio de Loyola, tenaz fundador de los jesuitas, de viaje por España, visita, tanto en Sigüenza como en Almazán, a los familiares de Diego Laínez. Pasa con ellos algunos días, les agradece su hospitalidad, y les ofrece los cariñosos recuerdos de su sobrino Diego. Ignacio de Loyola no volverá por estos rudos y hermosos parajes.  

Diez años después, el prestigio de Diego Laínez se acrecienta vertiginosamente. El papa Paulo III, una vez aprobadas las constituciones de la Compañía de Jesús, le nombra legado pontificio. El jesuita adnamantino participa en diversas sesiones del Concilio de Trento y destaca como uno de los más lúcidos teólogos de la reforma católica. El día treinta y uno de julio de 1556, en la ciudad de Roma, fallece Ignacio de Loyola. La Compañía de Jesús pierde a su fundador y a su figura más visible. Todo es llanto y consternación. Los jesuitas residentes en la ciudad eterna, ante tan triste circunstancia, eligen a Diego Laínez como nuevo vicario general, según establecen sus constituciones. Un hecho insólito. Un cristiano nuevo, descendiente de judíos, quedaba al frente de la ya relevante orden jesuita. La conmoción en los ambientes religiosos y cortesanos es desmesurada y se desata una gran tempestad contra los conversos hispanos. El arzobispo de Toledo, cardenal Silíceo, el rey Felipe II, y el mismo pontífice Paulo IV, el napolitano Juan Pedro Caraffa, fundador de los teatinos y enemigo declarado de todo lo español, son presos de una gran indignación. Felizmente los padres jesuitas no tienen la misma opinión. Dos años más tarde, en el mes de julio de 1558, tiene lugar en Roma la ansiada Congregación General. Diego Laínez, como era de suponer, es elegido, por mayoría absoluta, trece votos de los veinte emitidos, nuevo general de la Compañía de Jesús, primer sucesor de Ignacio de Loyola. Pese a este nombramiento, la animadversión contra Laínez no termina. Es delatado ante la Inquisición como sospechoso de iluminado y luterano. Nunca se probó nada. Diego Laínez muere en Roma, el diecinueve de enero de 1565, a la edad de cincuenta y tres años. Sus restos, tras innumerables vicisitudes, reposan en la iglesia de San Francisco de Borja, en la madrileña calle de Serrano. Las gentes de Sigüenza, Atienza y Almazán, guardan su recuerdo en el quinto centenario de su nacimiento.

Los montes y baldíos de Sigüenza y la desamortización de Madoz (y 3)

Vista-de-Siguenza

De aquellos polvos, estos lodos. La situación actual
Al cabo de unos pocos años, algunos baldíos ya habían cambiado de propietario por múltiples factores. Simplemente los compradores tenían que venderlas por haberse arruinado en la posterior crisis o por haber actuado como intermediarios; podían haber sido la cabeza de un grupo de compradores, o simplemente eran especuladores, que si no conseguían vender en el periodo de tiempo antes del primer pago, se declaraban en quiebra, así ni perdían nada ni arriesgaban un real.

Siguiendo la toponimia que daba el boletín en la venta de los baldíos de1860 y gracias a que en Sigüenza no se ha realizado una concentración parcelaria, se pueden intuir en los mapas digitales de catastro o sig-pac, aquellas alineaciones resultantes de la parcelación de los baldíos, también las fincas incluidas dentro de éstos, con polígonos distintos y distorsionantes, acordes con la orografía del terreno, que el ayuntamiento a lo largo de siglos, previo pago, iba adjudicando según peticiones a los vecinos para hacer parideras o cerradas, propiedades particulares no incluidas en la desamortización; hay baldíos que a día de hoy siguen apareciendo como fincas únicas, las mismas que tuvo el concejo durante siglos.

Al finalizar el siglo XIX, los llanos del Rebollar pertenecían a Santiago Gil, después pasó a ser de cuatro propietarios de Sigüenza, partiendo la hacienda en parcelas iguales en grupos de cuatro. Posteriormente se vendieron a otros cuatro vecinos de Sigüenza; las familias Pareja, Sánchez, Benito y Gordo, excepto una parte rayana con los baldíos de La Cabrera que compraron vecinos de este pueblo.

Los cinco baldíos de la Cuesta del Huesario, Montecillo, San Cristóbal, Quebrada y Cerro del Espino son de José Benito y Juan López Villaverde, vendidos a Luis Sánchez Domínguez en 1865 y 1876. En 1894, 28 vecinos de Sigüenza, compran por 2.500 pts. estos cincos cerros, con el compromiso de no roturarlos, para poder mantener 300 cabezas de ganado lanar por cada socio o acción, 25 en total; hoy descendientes y nuevos propietarios están constituidos en la “Sociedad de baldíos de Sigüenza”.

El Montecillo en 1915, son 40 los socios con distintos porcentajes de participación, a día de hoy, un solo propietario tiene el 70 % de este baldío.

Rondando los años 1920, El Mirón, Currumacho o Valderramón se partieron y escrituraron entre distintos propietarios; muchas partes las compraron vecinos de Palazuelos, Ures y Pozancos, no sin antes pleitear por derechos de pastos y propiedades.

El propietario de La Lastra, a final de siglo, era Pascual Novoa, posteriormente pasó a ser de unos 50 propietarios vecinos de Sigüenza, roturado y sembrado en su mayoría en parcelas estrechas y alargadas, excepto unas 83 ha. aproximadas, que van desde el puente de San Francisco y la retuerta hasta el cruce con la carretera de Guijosa y labradores; luego subiendo por el barranquillo de la carreterilla del Conde, incluye la Pinarilla, cerro de los Chiflaos y Raposera cuya propiedad mantiene el ayuntamiento.

En este único y último trozo de baldío, que el ayuntamiento a lo largo de estos años ha gestionado, se han realizado multitud de actuaciones como:

- La actual Pinarilla, unas 40 ha, se empezó a reforestar en 1916, se continuo en 1927 y después de la guerra civil, con los chavales de la escuela, se pusieron pinos silvestres, larícios, resineros y piñoneros; las encinas y robles fueron acciones de un Guarda, el señor Miguel Vera, que con bellotas compradas en el pueblo del Atance las iba sembrando en agujeros que hacía con su garrota; la idea era traer el pinar hasta la población; en el Cerro de los Chiflaos las reforestaciones no prosperaban, pues terminaban comidas por los ganados, aparte de ser un suelo poco apto para ese tipo de pinos.

- Fue un compromiso del ayuntamiento el hacer una fuente nueva en la fuente de las nogueras, si una vez regalado el terreno se hacían más de ocho hoteles o casitas entre el paseo de los ojos y el paseo de las nogueras (paseo de los hoteles), después siguieron vendiendo terrenos a particulares para urbanizar la zona con hoteles.

- Se construye el cementerio nuevo, una vez que la riada de San Agustín de 1880 se llevara el de Santa Maria de los Huertos.

- Realizó a petición del entonces presidente del consejo de ministros, el Conde de Romanones “la carreterilla del Conde” para que la mujer de éste, fuera en el vehículo recién comprado matrícula M-192 a tomar el aire al pinar, aunque fue en la república cuando se convirtió en una carreterilla algo mas adecentada, para acercar el pinar a la colonia veraniega.

- En la Republica también se hacen los colegios públicos de “los Hoteles”,
- Se extrae de las canteras de la Viuda, la Portuguesa y la Capitana piedra rodena para la restauración de la catedral después de la guerra civil y canteras de piedra de la lastra, junto a la fuente nueva, para pavimentación y empedrado de las calles.

-Más recientemente los tres distintos depósitos para el abastecimiento de agua potable, viviendas protegidas como “las casas de los labradores” y la urbanización de “las Malvinas”.

-Acciones todas, realizadas en terreno público, terreno de todos, encaminadas al beneficio público, beneficio de todos.

La-lastra

La urbanización "La Lastra" enmedio del pinar.

La lastra y el Cerro Lotero los compró un particular en la década de los 70 (no todos los propietarios llegaron a vender) a razón de 1 peseta, aproximadamente, el metro cuadrado, el cerro Lotero se reforesta en 1984 con pinos silvestres y larícios. Con la aprobación en 1990 del planeamiento urbanístico de Sigüenza, toda la lastra hasta el límite con Alcuneza, se incluye como suelo urbanizable; en el 94, parte del baldío se reforesta con fondos públicos, poniendo pinos carrascos, resineros y encinas; entrado el nuevo milenio empiezan “las casas de la lastra”, principio de una macro urbanización, para muchos felizmente no completada, pero dejando una huella, un “pegote” en el pinar.

Los Altos de las paredes o Llanillos comprado, en parte por el mismo particular de la Lastra, fue vendido posteriormente a la empresa que realizó el gran Polígono Industrial de Sigüenza.

En los baldíos de la Cuerda, Molino de viento y Ontaza se estaba gestando otra gran urbanización con campos de golf y bla, bla, bla… con el pinar también a sus pies.

Pero el culmen de todas ellas fue El Montecillo, Segontia-golf, 2.800 viviendas llenas de praderas verdes con no sé cuantos agujeros, para meter pelotas o pelotazos.

Con la todavía vigente ley del suelo, un particular, el agente urbanizador, es el que decide en los terrenos de los demás. Los propietarios, si no entran a formar parte de su negocio aportando el montante económico que diga el Agente, son expropiados.

De aquellos polvos, estos lodos, fruto, en parte, de privatizaciones de lo público que se iniciaron hace 153 años.

Bibliografía:
-González Marzo, Felix: La desamortización de Madoz en la Provincia de Guadalajara 2008.
-Los montes de España en la Historia. Baver Manderscheid, tercera edición 2003.
Biblioteca virtual de prensa histórica: boletín oficial de la provincia de Guadalajara,
Archivo Histórico provincial de Guadalajara: boletín de ventas de bienes nacionales,
Archivo Histórico municipal de Sigüenza.
Personas de Sigüenza que me han ido dejando documentación y contando historias y anécdotas, con la que realizar el articulo. Gracias a todas.

Diego Moreno Roquez

Los montes y baldíos de Sigüenza y la desamortización de Madoz (1)

El pinar de Sigüenza, al fondo el castillo.


Acontecimientos como la guerra de la independencia, el trienio liberal, las tres guerras carlistas, la revolución industrial, las desamortizaciones, crisis, revolución y república, tuvieron grandes repercusiones en España, pero en Sigüenza el siglo XIX es un gran desconocido.

La desamortización de Mendizábal (1835) afectó fundamentalmente a la Iglesia, que vedió predios tanto rústicos como urbanos. En Sigüenza se desamortizaron multitud de casas repartidas por todo el casco y grandes fincas rústicas, como El Henazar en Huérmeces o el Coto Redondo de Cirueches. Pero la mayor repercusión fue debida a la desamortización de Madoz (ley del 1 de Mayo 1855), mucho más intensa y con efectos hasta el siglo XX. Obligó a vender, además de más patrimonio de la Iglesia, bienes del Estado, de Instrucción Pública, de la Beneficencia y todos los Propios y Comunes, propiedades de los ayuntamientos y los vecinos en comunidad, como molinos, batanes, hornos, pozos de nieve, casas, tierras de cultivo, montes, dehesas, baldíos, etc. Según González Marzo (2008), en Sigüenza se vendieron 300 casas (la mayoría del Cabildo y del Hospital de San Mateo), 6.000 fanegas de tierra y 23 edificios , con argumentos como preservar la hacienda para el pago de la deuda mientras, se decía, se salvaguardaban los derechos de los campesinos. Sobre el papel no era una expropiación de los bienes del municipio, sino un cambio en la forma de la propiedad ya que los ayuntamientos seguirían cobrando indirectamente de esos bienes: del producto obtenido de las ventas, el 80% se destinó a títulos de deuda pública fija e intransferible, con beneficio del 3% a favor de los antiguos propietarios; el 20 % restante era para el estado. Sin embargo, pronto se manifestaron las dificultades para cobrar.

Sobre el grado de aceptación de estas medidas, sabemos que se hizo una consulta a 2000 ayuntamientos, mostrándose sólo 20 a favor (González Marzo, 2008). Por el contrario, ningún partido se opuso a las mismas excepto dos diputados que salieron predicando en balde en contra de las doctrinas que dictaban sus propios partidos. Según Manderscheid (2003), fueron multitud los artículos periodísticos que aparecieron en contra de tales expropiaciones masivas, pero Hacienda, con incansable codicia, destituía a todos los que se oponían. El propio Madoz, en sesión de 20 de Abril 1855, dijo que ni ahora ni en ningún tiempo debían venderse los bienes del común aprovechamiento porque no podía caber en la mente de ningún gobierno, ni de las cortes, desposeer a los pueblos de unos bienes que disfrutaban principalmente las clases pobres. Pero el afán privatizador no reparaba en modificar leyes, a menudo por decreto, o incluso realizar operaciones vía simple circular, llegando hasta el falseo sin reparos de datos y nombres. Las grandes fincas de los montes de Toledo y Ciudad Real y la pérdida de dehesas boyales y montes públicos en muchos pueblos se originan en aquellos trapicheos. Una vez privatizados, muchos montes de la comarca fueron talados para carbón vegetal, en demanda creciente para la industria de la capital aprovechando para su traslado el ferrocarril recién inaugurado. Aunque de esas talas a mata rasa, con el tiempo, no se libró ningún tipo de monte alto.

En junio de 1855 se suspende la venta de los montes de cualquier clase y propiedad hasta que los ingenieros de montes emitan informes y se determine lo más acertado. Fue la primera promoción (1851) de España de Ingenieros de Montes de la escuela de Villaviciosa de Odón a la que hay que agradecer los actuales Montes de Utilidad Pública, pues en tres meses recorrieron España haciendo un catalogo pueblo por pueblo con los montes, extensión y especies que los cubren. Resultado de su trabajo es el primer Catálogo de Montes de Utilidad Pública, de 1877, que pasaron a ser considerados no enajenables, conscientes de que con la desamortización se eliminaban elementos estructurales de las economías locales durante siglos, como las dehesas boyales, necesarias para mantener los ganados de tiro y por tanto esenciales para la agricultura y transporte; o los montes altos, cuyos beneficios económicos son a largo plazo para la sociedad y que tienen multitud de aprovechamientos (caza, maderas, colmenas, pastos, carbón, hongos, sujección de suelos, evitar inundaciones, etc.). En 1859 quedaron también suspendidos de la venta terrenos que, aún desnudos de árboles, formaban territorios naturales poco aptos para cultivos agrícolas, como montañas, riberas escarpadas, costas acantiladas, dunas y arenales, los últimos hoy día, en buena parte, terrenos de cultivo... del ladrillo (más con la reciente ley de costas, que no es otra cosa que una desamortización del siglo XXI).

Con la declaración de Montes de Utilidad Pública se libraron de la venta nuestros dos montes principales, El Pinar y El Rebollar, que han sido —y seguirán siendo, esperemos—, posesiones del Ayuntamiento, con los mismos nombres y las mismas especies que lo pueblan, desde más allá del siglo XVI, como atestiguan las primeras actas municipales conservadas en el Archivo Histórico Municipal. Pero a lo que el ayuntamiento de Sigüenza no pudo o no se quiso oponer fue a la venta de los prados comunales y baldíos, tierra inculta donde pasteaban los ganados y obtenían leña sus vecinos con carácter comunal y gratuito, tierra que, según la ley, no podía ser privatizada. De ellos, y de cómo afectaron las desamortizaciones a la estructura de la propiedad de la tierra en el municipio de Sigüenza, hablaremos en el siguiente número.

Por: Diego Moreno Roquez

Fuentes:
González Marzo, F. (2008). La desamortización de Madoz en la provincia de Guadalajara (1855-1896). Caja de Ahorros Provincial de Guadalajara. 452 pp.
Manderscheid, E. B. (2003). Los montes de España en la Historia. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. 612 pp.
Archivos históricos municipal de Sigüenza y provincial de Guadalajara

Los montes y baldíos de Sigüenza y la desamortización de Madoz (2)

baldios

Un siglo antes de que la desamortización de Madoz llegase a Sigüenza, el Catastro del Marqués de la Ensenada (1753) recogía los cinco predios rústicos que tenia la ciudad, infravalorando la superficie y la utilidad de estos, posiblemente porque era un catastro recaudador de impuestos:

Mapa de los terrenos propiedad del Ayuntamiento de Sigüenza, privatizados en la Desamortización de Madoz. Baldíos (rojo, se desamortizan)

1. Valderramón, Solana de Viana y Cerro de la Cabaña
2.- Cerro Villavieja y Mirón
3.- Cerro San Cristobal
4.- Cerro El Otero
5.- Llanos de los Nacimientos
6.- Lastra, Fuente de las Nogueras y Raposera
7.- Cuestas del Huesario, Molino de Viento y Ontaza
8.- Altos del Rebollar
9.- Alto de las Paredes (actuales Llanillos)
10.- Cerro del Espino
11.- La Quebrada
 12.- Cerro de los Chorrones y Montecillo
 Montes públicos (azul, se conservan)
 - El Pinar
 - El Rebollar
 Linea azul: límites del término municipal de Sigüenza antes de la fusión de pedanías

- Un bosque de pinos llamado el pinar, de caber 1.000 fanegas, sirven para que logren en tiempo de nieves, los vecinos pobres, el beneficio de sus leñas y es abierto a sus pastos a los pueblos de la comunidad. En realidad hay un uso más sustancioso: el ayuntamiento recaudaba de la madera de los pinos y de la pinocha y pinochos que se recogía y usaba en los distintos hornos de la ciudad, ya fueran para yeso, pan, cal, tejares, alfares, etc. La superficie real rondaría las 1.500 fanegas.
- Una dehesa carnicera llamada el Rebollar, cabe 300 fanegas, tiene algunos robles que solo sirven para el albergue del ganado, cede el Concejo los pastos al abastecedor de carnes para el macelo de la ciudad. En deslindes del año 1.862 cubican 1.580 fanegas
- Tierras de cultivo y prados, declara 47 fincas con un total de 96 fanegas; pero en la desamortización se ponen a la venta 214 fincas repartidas por todas las vegas del municipio, a falta de las tierras vendidas en el transcurso del siglo entre 1753 y 1859.
- Varias praderas comunes a los pueblos de esta comunidad, dehesas, dehesillas y prados del Séñigo, Charcón, Santa Librada, Juara, San pedro etc. 80 fanegas.
- Baldíos y yermos, 970 fanegas en varios pedazos que solo sirven para pastos comunes a los pueblos de la comunidad. Pero en la desamortización se pusieron en venta 4.921 fanegas de estas tierras. Haciendo una medición aproximada sobre los mapas actuales y siguiendo la descripción de las lindes publicadas en el boletín, sale un total de 1.730 hectáreas desamortizadas, solo de baldíos.

Con la ley de Madoz, hasta 1858 se habían vendido predios del ayuntamiento por valor de 43.694 reales (rs); En 1859 fueron 246.000 rs, que se pagaron por las 214 fincas puestas a subasta, fincas más pequeñas que los baldíos, pero de mejor calidad como: huertos, prados, dehesas, tierras de cereal etc., compradas en su mayoría, casi la mitad en cuanto al montante económico, por Pedro Monteliu, el resto por Santos Cardenal, Camilo Pérez, Juan Zúñiga, Jose Zúñiga, Santiago gil, Juan Francisco Sánchez

La venta de baldíos
El 1 de febrero de 1860, salen a la venta anunciados en el Boletín Oficial de la Provincia, dentro del proceso de desamortización de Madoz, como bienes de propios, los doce baldíos que disponía el ayuntamiento de Sigüenza y decían ser: rústicos, de pastos y no producir renta alguna. La venta no daba derecho sobre las fuentes, eras de pan trillar, tainas, propiedades particulares, ni a impedir el uso por los caminos que hoy tienen, debiéndose conservar estos. No se admitiría postura por debajo del precio de subasta. La superficie se da en fanegas de 400 estadales cada una y nombra y describe el recorrido de las lindes con una toponimia casi olvidada, resultando de gran valor como documento histórico. A partir del mes de abril se anuncian las adjudicaciones y compradores de estos baldíos:

Lastras, Fuente de las Nogueras y raposera, con 920 fanegas, se saca a subasta en 30.000 reales comprados por Dionisio Carretero, vecino de Madrid en 14.000 reales (rs).
Altos del Rebollar, con 1.300 fanegas, salen en venta por 40.000 rs y vendidas al mismo en 23.500 rs.
Valderramón, Solana de Viana, y Cerro de la Cabaña con 945 fanegas, puesto en venta por 28.000 rs y comprados por el mismo en 7.025 rs.

Cerro Lotero, con 40 fanegas.

Cerro Villavieja y Mirón, con 215 fanegas junto con el Cerro Lotero, comprados por Jerónimo Monge, vecino de Guadalajara, en 5.867 rs. salieron a la venta en 5.600 rs. los dos baldíos.

Cerro San Cristóbal, con 40 fanegas.

La Quebrada, con 260 fanegas.

Cerro del Espino con 50 fanegas, los tres últimos comprados en 8.000 rs. por Antonio Santander vecino de Guadalajara, salen a subasta en 6.800 rs.

Alto de las Paredes (actuales Llanillos) con 130 fanegas, vendido a Jose Zúñiga Andrés, vecino de Sigüenza, en 1.223 rs. sale a subasta en 3.500 rs.

Cerro de los Chorrones y Montecillo de caber 490 fanegas, sale a la venta en 16.000 rs. y comprado por Jose Benito en 9.360 rs.

Cuestas del Huesario, Molino de Viento hasta la Ontaza, con 500 fanegas, se saca a subasta por 16.000 rs. y son compradas en 3.286 rs. por Jose Benito, de Sigüenza.

Los Llanos de los Nacimientos, de caber 31 fanegas sale en venta en 800 rs. y son compradas por Vicente Gordo en 460 rs Por todos ellos se pagaron 71.254 rs.

Las condiciones de pago eran del 10% a los 15 días de la notificación y el resto en 9 plazos de un año; el 20% de lo recaudado se lo reservaba el estado, del 80% restante, un tercio, fue para la caja de depósitos y que podía ser utilizado por los ayuntamientos para obras del municipio, previo expediente de la Diputación y aprobada y motivado por el Gobierno, los dos tercios restantes se les entregaba a los municipios en inscripciones intransferibles de deuda inferior al 3%.

Los mayores compradores de haciendas rusticas y urbanas en este proceso desamortizador, tanto de la iglesia como de los ayuntamientos en la comarca, fueron: Antonio Gaviña Aguiñiga, alcalde de Sigüenza, compró y compartió entre ricos seguntinos por valor de 500.000 rs.; Inocencia de Diego Algora, agricultora compró solo en Sigüenza tierras por valor de 147.000 rs.; Ángel Relaño García, comerciante seguntino compró por valor de 515.000 rs.; Santiago Gil alcalde de Sigüenza compró por valor 730.000 rs.; Ceferino Garcés Lozano compró en la zona de Atienza por valor de 193.000 rs., afincándose después en Sigüenza; Santos Cardenal, notario y secretario del juzgado compró por valor de 421.000; Joaquín Atance compró en Juara 52 fincas por valor de 61.657 rs; Ignacio Pascual Vela, notario, compró por valor de 334.000 rs.; Asociación de compradores de Sigüenza, compran 94 fanegas por 96.280. y seis personas de la Familia Gamboa (uno de ellos alcalde de Sigüenza) que compraron por valor de 2.327.000 rs (González Marzo 2008).

Gran parte de los vecinos que vivían directamente de aquellos terrenos comunales y que les aportaba algo a su mísera economía se vieron sin su medio de subsistencia, otros, los más pudientes, tuvieron que endeudarse para comprar y poder seguir realizando las mismas actividades por las que antes no pagaban o tenían arrendado al ayuntamiento o al clero por un precio muy inferior al que luego les impusieron los nuevos propietarios.

A los ayuntamientos, en situación de quiebra, les quitaron el modo de financiarse dejándolos para siempre sin la independencia económica que hasta ahora habían disfrutado. (González Marzo 2008)

Se vendieron también los bienes de instrucción pública, que proporcionaban rentas para el mantenimiento de los colegios y que los ayuntamientos tuvieron que seguir sustentando, a pesar de sus quiebras económicas.

Otros bienes vendidos fueron los de las beneficencias, (hospicios y hospitales) lugares donde daban atención, alojamiento y comida a pobres, huérfanos y enfermos), como el Hospital de San Mateo que gestionaba el Cabildo, muchas de las casas puestas en venta pertenecían al Hospital entre ellas la mayoría de la calle de San Roque y la fábrica de papel en Gárgoles, así como una ingente cantidad de fincas rusticas y urbanas, repartidas por las dos provincias (Soria y Guadalajara). El ayuntamiento criticó la medida, pues dejaba a la ciudad y comarca sin un servicio fundamental.

Una crisis y caída de los precios de las fincas compradas (el 148% en 1865 y el 116% en 1869) desembocó en la Revolución del 68. (González Marzo 2008).

Una mala gestión de los políticos de entonces con Isabel II a la cabeza, endeudados por grandes proyectos de infraestructuras, las guerras carlistas y sobre todo por una burguesía política con un afán de beneficios económicos, como se demostró posteriormente, pues fueron ellos los grandes beneficiarios de las privatizaciones, (González Marzo 2008), personas adineradas y políticos locales, provinciales y nacionales, llevaron al saqueo de lo público, una buena forma de hacer dinero.

  

 

Diego Moreno Roquez

Los obispos en la ciudad del Doncel

libro peces rata2Los obispos en la ciudad del Doncel

Extraordinario el libro que, bajo el título del epígrafe acaba de sacar a la luz pública mi amigo Felipe-Gil Peces Rata, cuyo primer ejemplar ha tenido la gentileza de dedicarme, recién salido de las rotativas, por ser amante y defensor de todo lo concerniente a Sigüenza.
Pues, para halagar mi estímulo (o petulancia) lo recibí precisamente, el día 30 de mayo, festividad de San Fernando y 82º aniversario de mi nacimiento: el mejor presente que, con tal motivo, me han hecho en mi vida.
Circunstancias ajenas a mi voluntad impidieron dar cumplida satisfacción al autor y al libro, a su debido tiempo; pero nunca es tarde si la decisión es firme.
Se trata de la nómina exhaustiva de los obispos que han episcopado nuestra Diócesis antigua, adaptada, desde 1955, a los límites administrativos de la provincia de Guadalajara, cuyo comienzo está documentado en el año 589 de nuestra era y concluye con el último titular, Don Atilano Rodríguez Martínez, a quien corresponde el ordinal nonagésimo quinto de la nómina.
Libro que hace tiempo deseaba escribir, a fin de ponerlo al alcance de los amantes de la Iglesia multisecular de Sigüenza, que apreciarán la emoción de la misma, dice el intelectual autor, Felipe-Gil Peces Rata.
Casi un centenar de pastores, en 1423 años (casi un milenio y medio) que han apacentado la grey religiosa de la Diócesis, con amor y acierto.
Este libro, amigo seguntino, no tiene desperdicio porque está editado con el primor que Gráficas Carpintero, S. L., pone en sus publicaciones, avalado por la firma de un escritor consagrado.
Mi amigo Felipe-Gil Peces Rata es un intelectual de pro, a quien los temas que atañen a la Iglesia seguntina no le dejan indiferente y, dándole vueltas a la cabeza, durante días y días, hace lo que puede (que es bastante). Pero posee la santa delicadeza de legarlo a la posteridad, para que mentes superiores las mejoren (si es posible).
Este bello libro, compendio de la Historia de los obispos de Sigüenza, que es también la de la Ciudad y Diócesis y, por ende, la de los orígenes seguntinos, debe ser primordial para los naturales que se precien de serlo. Pues, como dice el erudito prologuista, nuestro paisano, Jesús de las Heras Muela, hacer Historia del episcopologio de una diócesis no es sólo un ejercicio de erudición, no es sólo una aventura museística (por decirlo de un modo coloquial)... Es también la inmersión en una Historia sagrada -en este caso, la iglesia local o diocesana- es misterio, comunión y misión.
Yo conocí esta colección de prelados, cuando estaba ubicada en el claustro del palacio episcopal y, tanta impresión me hizo, que me suscitó un artículo, que publiqué en “Nueva Alcarria”, el 16 de septiembre de 1994, bajo el título “La genial fantasía de un canónigo seguntino.”
Pues, después de 18 años, me sorprende el autor con la interpolación de mi artículo en su libro, alegando que contemplar el elenco episcopal de Sigüenza es todo un gozo para los enamorados de Sigüenza, uno de los cuales es el asturiano-seguntino, Fernando Sotodosos Ramos que, en una de sus visitas a la Ciudad de sus amores, dejó escrita, en la prensa provincial, su impresión, después de visitar la exposición de los cuadros de los Obispo de Sigüenza.
Así es y me congratulo de ello, porque escribir acerca de Sigüenza es escribir de mis orígenes y éstos son mis datos personales, como los de cualquier seguntino. ¡Compruébalo por ti mismo, paisano!
Gracias, Felipe, por darme la oportunidad de  iniciarme en mi procedencia.
Fernando Sotodosos Ramos