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El Parte

En busca del circo mediático

¿Cómo pasar a formar parte del circo mediático? Es fundamental que se encuentre, o que se cree de la nada, algún hecho que consiga atraer la atención. En un primer momento acuden las televisiones y las redes sociales, aunque al final todos los medios se apuntan al festín. Un acontecimiento, por absurdo que parezca, se puede viralizar hasta convertirse en trending topic (o tendencia del momento, como se diría en nuestro cada vez más, idioma auxiliar) y por tanto, susceptible de ser monetizado.

En el circo mediático no se trata de informar sino de entretener. No es noticia por ejemplo que los tres últimos años hayan sido los más calurosos desde que existe un registro de temperaturas; lo noticioso, es que a resulta de una de las cada vez más escasas nevadas, varios coches queden atrapados en una carretera. Esta es una noticia jugosa ya que puede estirarse en el tiempo y no perder actualidad, al convertirse en una arma política arrojadiza para dilucidar quienes son los responsables de que unos copos de más arruinaran el fin de semana de unos (ingenuos o temerarios, según las versiones), automovilistas. Tampoco es noticia que estemos poco a poco acabando con la biodiversidad y que cada vez haya menos seres vivos debido a la utilización de pesticidas en la agricultura; del mundo rural solo se hará eco el circo mediático si algún crédulo paisano asegura haber visto en el campo una pantera negra.

Lo que se trata es de buscar a la mujer barbuda, a un cocodrilo en el Henares o al enano más grande del mundo. Siempre he sospechado que algunos pueblos de Asturias recurren a la nieve artificial para lograr que sus aldeas queden aisladas y así aparecer todos los inviernos en las inevitables noticias sobre el temporal del siglo o la ciclogénesis explosiva de turno.

En ocasiones, no es necesario buscar un acontecimiento especialmente insólito, basta atraer a un famoso, o influencer (es bien sabido que escrito en inglés un famoso, siempre resulta más influyente) que lleve a cabo la tarea más anodina en algún lugar para que esa localidad pase a formar parte del espectáculo mediático.

Se trata de la conocida estrategia de poner un famoso en su mesa. Un ejemplo de esto es como se ha conseguido convertir el simple hecho de que nuestro preparado monarca se tome una sopa con su familia el día de su cumpleaños en algo tan trascendental que, reproducido hasta la saciedad en todos los medios, acabe hasta en la sopa de sus sufridos súbditos. Otro ejemplo de circo mediático, en este caso con la colaboración entusiasta del sector judicial, es el seguimiento obsesivo de los intentos de impedir que un dirigente, guste o no guste, elegido democráticamente por una Comunidad Autónoma, tome posesión de su cargo.

Por no hablar del circo mediático-deportivo enfocado en esas luminarias del balón que, tras hipnotizar con el juego a sus adeptos que les siguen enfervorizados cada semana, contribuyen luego de manera altruista al desarrollo sostenible de los paraísos fiscales.

Además, los circos mediáticos, siempre conllevan cierta rentabilidad política, sirven para entretener a la ciudadanía y para ocultar, por ejemplo, la utilización del dinero de la hucha de las pensiones en esas infraestructuras, tan vistosas de inaugurar, pero que solo unos pocos aprovechan:  AVEs depredadoras del medio ambiente, aeropuertos fantasmagóricos o autovías a ninguna parte.

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