Corrientes en Chorro

En los últimos años he tenido que cruzar el charco muchas veces y he podido observar que los vuelos de ida, Europa–América, no tienen la misma duración que los de vuelta, América–Europa.

¿Es que van por un atajo? Algunos amigos me ofrecían una explicación sencilla: la rotación de la Tierra.

Falsa creencia. Los vuelos de este a oeste duran más que sus inversos por la rotación de la Tierra.

Según esta explicación, cuando un avión vuela pierde el contacto con el suelo y, por tanto, la Tierra “se mueve bajo sus pies”. Así, cuando volamos en el sentido contrario al giro de la Tierra, el aeropuerto de destino se acerca hacia nosotros y el vuelo dura menos.

Esta bonita explicación presenta algunos problemillas sin importancia. El primero es que la Tierra gira de oeste a este (por eso el Sol parece moverse en sentido opuesto) y cuando volamos de Europa a América, nos movemos en el sentido contrario al giro de la Tierra, por lo que el aeropuerto de destino se acercaría; sin embargo, el vuelo de ida dura más (por ejemplo, Madrid–Bogotá son unas 10 horas) que el de vuelta (unas 9:30 h). Es decir, la explicación suena bien, pero explica las cosas justo al revés.

El segundo problemilla es que, cuando un avión despega del suelo, sigue siendo un objeto ligado a la Tierra y, por tanto, gira con ella (Principio de Relatividad de Galileo, 1638); por lo que no se adelanta ni se retrasa respecto de ella, si no es por la acción de sus motores o los vientos.Un globo aerostático, al ascender desde Sigüenza en un día calmado, volverá a descender en las cercanías del mismo lugar; si no fuera así, sería un chollo: un turista japonés se elevaría en un globo sobre Tokio y siete horas después descendería en Sigüenza para ver la Catedral.

Lo que realmente causa esta diferencia es el fenómeno meteorológico de las Corrientes en Chorro. Los pilotos se meten en ellas para impulsar el avión en los viajes de oeste a este (de América a Europa, en nuestro caso).

Se trata de corrientes rápidas de aire (entre 100 y 400 km/h) que circulan de oeste a este en ambos hemisferios, una cerca de cada Polo (a una altura entre 7 y 12 km) y otra en cada hemisferio a latitud media (a una altura entre 10 y 16 km); hay una quinta corriente más lenta que va en sentido contrario sobre el Ecuador.

Se producen por la confluencia de las corrientes ecuatoriales (ascendentes en el Ecuador y descendentes a latitudes centrales) con las corrientes tropicales, y éstas últimas con las polares.

No son exclusivas de la Tierra, también existen en planetas como Júpiter o Saturno.

Estas corrientes fueron descubiertas por los japoneses en la década de 1920; aunque sus investigaciones no fueron conocidas entonces en occidente. Durante la Segunda Guerra Mundial las declararon secreto militar: los japoneses pensaron en un programa de globos incendiarios que viajarían desde Japón a EE.UU.; aunque solo llegaron a hacer pruebas.

El estudio profundo de estas corrientes se realizó ya en la paz, al finalizar la guerra.

De modo que en los vuelos de oeste a este no hay un camino más corto, pero sí uno más breve. 

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