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Entrevista

Entrevista a José Luis Romanillos

José Luis Romanillos nació en 1932 en Madrid, en el seno de una familia humilde procedente de la provincia de Guadalajara: de Madrigal y de Torrelrrábano. Estuvieron evacuados un año y medio durante del guerra civil a un pueblecito cerca de Valencia llamado Almansa. Una vez acabada la guerra volvieron a Madrid. Solo pudo asistir al colegio cuatro años pero se formó de manera autodidacta, “desde muy pequeño empecé a leer libros que me regalaban los amigos. Leí mucha poesía, me sabía de memoria El Romancero Gitano de Lorca”. A los 18 años se juntó con un grupo de amigos con inquietudes culturales, “queríamos hacer cine, escribir, ser poetas. Llegué a publicar un poema en una revista de la época en 1954”. Nos habla de que tiene unas 100 poesías que, sin falsa modestia, considera que no están mal.

En 1956 un amigo le dijo que se necesitaban trabajadores en Inglaterra. “Me arregló los papeles y me marché con un contrato de trabajo a trabajar a un hospital, primero a Epson y luego a Londres”. En 1959 se casó con Marian Harris y estuvo en Londres trabajando en un hospital cuatro años y pico.

Sus comienzos con la guitarra son azarosos, echaba de menos a España y se propuso aprender flamenco, para ello le pidió a sus padres que, cuando fueran a visitarlos, les trajera una guitarra española. “Mis padres no tenía suficiente dinero para comprarla y en vista de eso me propuse hacerla yo mismo”. A Romanillos se le daban bien las manos, sabía de ebanistería porque había entrado a trabajar en este oficio a los 13 años llegando a ser oficial. Fui a una biblioteca y lo primero que me encontré fue un libro que se titulaba Make Your own Spanish Guitar (Hágase usted mismo una guitarra española)”. Habilitó en la cocina de su casa una mesa sólida para trabajar y se puso manos a la obra. Al final consiguió hacer una guitarra que le llevó cuatro meses. “Me llevé un trozo de madera de caoba de una mesa de un pub inglés, que tenía más de 100 años. Y de eso hice la guitarra, aprendí a afinarla y vi que daba el sonido de guitarra. Eso cambió mi vida”.

Quiso aprender a tocarla pero no se podía costear las clases, “ya tenía dos hijos y muchos gastos. Traté de aprender por mi cuenta pero no me salía como yo quería”. Decidió poner la guitarra en venta en una tienda, donde se pasó varios meses, sin que nadie se interesaba por ella. Entonces, como dice a menudo Romanillos, se le apareció el hado: “Un día cuando llegué a casa, escuché un sonido de guitarra, era un profesor de una importante academia de música que se había establecido en Londres en el 54. El padre de uno de los guitarristas más importantes que existen hoy en día, John Williams, trabajaba en esa academia, vio la guitarra, la tocó, le gustó el sonido y la compró por más de lo que yo pedía por ella. “Me dijo que aunque la guitarra pesaba como un acorazado, se quedaba con ella. Luego me dijo que esas maderas no valían y me indicó las que había que comprar”.

Romanillos estuvo tres años trabajando en la mesa de la cocina e hizo trece guitarras más. Con el dinero que sacaron vinieron a España hacia 1964. “Nos compramos un pisito y aquí nació nuestro hijo menor, Liam, que ahora sigue el oficio de guitarrero. Estuve trabajando de intérprete pero llegaba muy tarde a casa, no podía hacer nada por mi cuenta, de manera que decidimos volvernos”.

En 1968 regresaron a Inglaterra y en Londres se puso a trabajar de carpintero. Otra vez se le apareció el hado, ya que se fueron a vivir a 20 kilómetros de donde vivía el guitarrista más conocido del mundo en aquella época: Julian Bream. “Un día Marian vio una fotografía en la prensa local sobre un constructor de laúdes que trabajaba en la zona, Marian me dijo que si habían sacado a esa persona también me tenían que sacar a mí porque ser guitarrero y español ya era un principio”. De esta manera tomaron contacto con Julian Bream. “Tocó una de las guitarras mías y le gustó. Había establecido en una antigua vaquería un taller en el que trabajaba un constructor de clavicémbalo y otro de arpa, y me preguntó a mí si quería ir a trabajar allí con ellos. No me ofreció dinero pero yo me dije que nada tenía que perder. Allí me hice profesional”. Una de las guitarras que construyó allí le gustó a Julian Bream y tocó con ella durante varios años. “Eso me abrió el camino. Me empecé a desarrollar profesionalmente y ya me pedían guitarras por todas partes”.

En 1973, en uno de sus viaje para comprar material fue a comprar madera de ciprés a Almería para hacer laúdes. “Estando allí se me ocurrió ir a buscar las huellas de Antonio de Torres, el impulsor de la guitarra española en el siglo XIX. Sabía que las mejores guitarras habían sido construidas por él. En Almería en  un encuentro con un guitarrero salió a relucir el nombre de Torres. Y nos dijo que había vivido a un kilómetro de allí.  “Fuimos allí y encontramos a una nieta suya, la hice una entrevista y tratamos de buscar su tumba allí, pero no la encontramos”. Romanillos volvió a Inglaterra pero cuando pudo se escapó para investigar sobre la vida y la obra de Torres.

En 1980 empezó a hacer una vihuela cuando Julian Bream le dijo que iba a hacer un trabajo sobre la música española. “Me pidió que le construyera unos instrumentos: le construí una vihuela, una guitarra barroca y una guitarra renacentista”.

Fruto de sus investigaciones fue el libro sobre el guitarrero que publicó en 1987 con la ayuda de su mujer Marian: Antonio de Torres: Guitar maker-His Life & Work. “Empecé desde cero y escribimos un libro que es reconocido en todo el mundo”, señala.

Estuvieron en Inglaterra hasta 1995 en que se jubiló como guitarrero dedicando gran parte de su tiempo a la investigación de la guitarra y los instrumentos que la precedieron. Fruto de ello fue la publicación de The vihuela de mano and the Spanish guitar: A Dictionary of the Makers of Plucked and Bowed Musical Instruments of Spain (1200-2002) (La vihuela de mano y la guitarra española. Un diccionario de violeros y de instrumentos musicales de España 1200-2002). “Hemos catalogado más de 700 instrumentos, vihuelas y guitarras españolas.

Necesitábamos tener información para tratar de ser un poco rigurosos porque aquí en lo que se ha escrito, va uno copiando a otro. Yo quería saber quiénes eran los violeros, lo qué habían hecho, hemos recorrido muchos archivos y así salió el Diccionario, un trabajo de 27 años”.

Una vez en España José Luis Romanillos y Marian Harris se asentaron en Guijosa, pedanía de Sigüenza como residencia. “Aquí venimos para trabajar sobre todo los libros y para investigar. Vivimos aquí cinco años casi escondidos, no nos conocía nadie. Entonces se planteó dar un curso de guitarra en Sigüenza para la gente del pueblo. Fue hace diez o doce años y tuvo mucha aceptación. Luego dimos unos diez cursos de construcción de guitarra, no se pudo continuar y fue una pena”.

José Luis Romanillos y Marian Harris acaban de publicar Making a Spanish guitar (Cómo construir una guitarra española), fruto de su trabajo en los últimos seis años, en él explica su técnica de construir guitarras. “Para mí la guitarra es el instrumento más humano y más perfecto en relación con su volumen, lo que puedes hacer con seis cuerdas es algo casi inigualable”, señala. Considera la construcción de guitarras un trabajo empírico porque todos los elementos que se utilizan son diferentes de una guitarra a otra. “Es la información, el conocer y el entusiasmo el que le pone el punto final, ayudado por la madera, un material que hay que saber, tanto escogerla como utilizarla”.

Romanillos lamenta que la crisis y la falta de dinero haya hecho que el Centro de la Guitarra de Sigüenza creado por él haya permanecido en los dos últimos años casi cerrado. “Este año hemos llegado a un acuerdo por el que la Asociación de Violería y Organología Romanillos-Harris va a pagar tres meses para que alguien pueda enseñar el centro y nos han dicho que a lo mejor luego la Diputación nos lo devuelve. Lo que ocurre es que el centro ahí solo, para mí no sirve para nada”. A la pregunta de si es posible que continúen los cursos de construcción de guitarra responde que de momento no han encontrado un local adecuado para hacerlos y que el alquiler les costaba un dineral. “No le echo la culpa al Ayuntamiento porque aquí de Castilla-La Mancha no llega nada”.

Respecto a los conciertos organizados por la Asociación, hay programado uno a principios de agosto pero lamenta que a menudo haya problemas con la programación por cuestiones de fechas. De momento parece que la actividad de la Asociación en Sigüenza se centrará en el futuro en impartir conferencias y charlas de divulgación sobre el instrumento.

José Luis Romanillos recibió el pasado día 30 de junio el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Alicante

¿A qué se debe esta distinción?
“Mi relación con Alicante en cuanto a la guitarra no es de ahora, tiene ya un cuarto de siglo. En el 1990 organizamos la exposición de guitarras españolas más grande que se ha hecho en los últimos cien años en este país, trajimos instrumentos de varias partes del mundo. La relación había empezado antes porque en Inglaterra conocí a Ignacio Rodes, un buen guitarrista de Alicante, que es el de que ha partido todo esto. Hace unos cinco o seis años a alguien se le ocurrió formar un grupo de personas con el objetivo de llevar la guitarra española a Alicante. Como yo era conocido como constructor de guitarras me arrimaron ahí y yo, encantado. Así se originó esto, luego creo que el “honoris causa” viene de mi obra como violero, de los instrumentos que he construido y también de los libros que hemos publicado: tres libros que han sido los primeros que se han hecho sobre la tecnología de los instrumentos.

Nuestro propósito es hacer en Alicante un centro dedicado a la guitarra española. Se trata de que la guitarra entre en la Universidad como un estudio acústico desarrollado con la construcción de instrumentos, análisis de los instrumentos, conocimiento de las maderas, continuar con restauración. Eso es lo que propusimos y por lo menos el rector de la Universidad de Alicante ha abierto una cuña. También están implicados la Diputación y el Ayuntamiento. Está previsto arreglar un palacete del siglo XVII como sede del centro. El hecho de que yo haya sido el primero en recibir la distinción a un violero, es decir a un constructor de instrumentos, para mí es una gran satisfacción porque no soy yo solo, hay 500 años de violeros y es importante el hecho de que reconozcan a la vihuela como parte de esa historia.

Domingo Bartolomé / Felipe Sanz / José Mª Cañadas