Vituperio (y algún elogio) de la errata

José Esteban. Ediciones Espuela de Plata.

Si hay algo que produce auténtico terror a periodistas y escritores es la errata en la impresión del texto. Auténtico pánico ha hecho padecer siempre a las más famosos glorias de nuestra literatura es el pensamiento en que una puntuación mal colocada, una acentuación errónea, una interpretación defectuosa o una variación en una vocal trastoque el texto de tal forma que el resultado sea completamente diferente a una brillante idea o una exposición lingüística de primera magnitud. Si por ejemplo, ocurre como le paso a aquél poeta que vio como su expresión lírica “yo siento un fuego atroz que me consume”,   quedaba trastocada en “yo siento un fuego atrás que me consume”, reconoceremos que la catástrofe puede ser de una magnitud inimaginable, como así le ocurrió al pobre escritor, que se vio persiguiendo por toda la isla de Cuba en los años cuarenta al editor para conseguir la retirada de la edición. José Esteban (Sigüenza, 1936) apenas necesita presentación. Su trayectoria como escritor, crítico y editor es bien conocida en los medios seguntinos nacionales, y especialmente en los seguntinos. Su afición por lo literario le ha animado a ofrecer este entretenidísimo y aclaratorio texto, cuya reedición en bolsillo acaba de aparecer en las librerías, y se antoja de lo más apropiado para el goce de unas vacaciones tan torpedeadas como las que han lugar por estos tiempos. El libro nos da una vuelta por la variedad de estilos en las erratas, desde las más inocentes (“ha fallecido en Cuba defendiendo el horno español…”, en lugar de honor), hasta las más imperdonables (en una edición de Arroz y Tartana, de Blasco,  leemos “aquella mañana, Doña Manuela se levantó con el coño fruncido…” Pies para qué os quiero… Pocos son los que se libran de este vicio invencible, que ha hecho proclamar a alguno que “la errata de imprenta es la amante fiel del escritor infiel”. Ataca hasta a la Santa Madre Iglesia: “El Arzobispo de Pamplona ordeñó ayer a treinta nuevos sacerdotes”. Sin comentarios. No digamos a la Historia: “Los Reyes Católicos despidieron a Colón a palos” (en lugar de en Palos). Las secciones de anuncios: “Necesito secretaria con ingles” (con inglés). La alta diplomacia: “Sus majestades el Emperador y la Emperatriz de Japón acaban de llegar a París. Estos animales han sido inmediatamente conducidos al Jardín zoológico”.  Los ecos de sociedad: “Asistieron el Capitán General y Señora, el Gobernador Civil y Señora, el Arzobispo y Señora…”  Claro que en ocasiones lo que viene a significar no es tanto una errata sino una muy siu generis forma de entender los hechos; así, en un célebre y antiguo diario madrileño, se pudo leer, acerca del descarrilamiento del tren Vigo-Madrid: “Por fortuna, todas las víctimas viajaban en tercera”.  Y por supuesto, algunas son de los más oportunos, de tal forma que en una crónica de un naufragio, se termina sentenciado: perecieron ahogadas 34 personas. Descansen en pez.  En fin, no lo duden, disfrútenlo.

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