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La letra violeta

Historia del Feminismo III

En el anterior artículo vimos que la Declaración de Sentimientos de Séneca Falls promovida por Lucretia Mott y Elizabeth Cady Stanton desencadenó el movimiento sufragista en Estados Unidos, que tuvo su reflejo en Inglaterra y que se iría expandiendo por Europa y el resto del mundo. En Estados Unidos las mujeres se organizaron y reclamaron en masa sus derechos de forma pacífica, con manifestaciones, conferencias, panfletos, etc. pero durante décadas recibieron desprecio y humillación.

Sojourner Truth

En Inglaterra la primera petición del voto para las mujeres al Parlamento data de 1832. En 1866 presentaran otra nueva petición firmada por 1.499 mujeres, a través de los diputados John Stuart Mill y Henry Fawcett. Al ser de nuevo rechazada, se creó un movimiento sufragista permanente y organizado. Harriet Taylor y John Stuart Mill desarrollaron la ideología política en la que se basó el sufragismo. Stuart Mill fue uno de los grandes aliados del movimiento sufragista que defendió incansablemente sus demandas en el Parlamento. En 1869 publicó el libro “La sujeción de la mujer” en el que denunciaba la ausencia de derechos de las mujeres y que fue muy valorado por el movimiento feminista. En palabras de Emilia Pardo Bazán: “Libro extraño, radical, fresco y ardoroso, que en nombre del individualismo reclama la igualdad de los sexos y que con el más exacto raciocinio y la más apretada dialéctica pulveriza los argumentos y objeciones que pudiesen oponerse a la tesis”.

Otro de los grandes aliados de las sufragistas fue el parlamentario Jacob Brigt, que defendía infatigablemente sus reivindicaciones y que advertía sobre el constante desprecio con que se trataba su lucha: “Si los mítines carecen de efecto, si la expresión precisa y casi universal de la opinión no tiene influencia ni en la Administración ni en el Parlamento, inevitablemente las mujeres buscarán otros sistemas para asegurarse estos derechos que les son constantemente rehusados”. Y así fue, tras casi medio siglo de lucha, a las sufragistas inglesas se les acabó la paciencia y empezaron una fase de la lucha más dura con acciones como huelgas de hambre, encadenamientos, sabotajes a líderes políticos, incluso bombas e incendios. Pese al uso de estas acciones violentas, el feminismo es un movimiento que puede enorgullecerse de ser un movimiento pacifista que nunca ha causado bajas en el bando contra el que lucha, pese a haber sufrido todo tipo de violencia, agresiones y humillaciones.

Durante la I Guerra Mundial, tras el desplazamiento de los hombres al frente de batalla, las mujeres tienen que hacerse cargo de mantener en funcionamiento los países, realizando trabajos profesionalizados y tareas reservadas hasta entonces a los hombres. Esto hace que se rebaje el rechazo hacia ellas y al finalizar la I Guerra Mundial se empieza o obtener el voto en varios países. En Inglaterra se obtiene en 1918, pero solo para mujeres mayores de 30 años. En Estados Unidos se consigue en 1920, pero solo para mujeres blancas y 80 años después de iniciar la lucha en Séneca Falls. En España se conseguiría en 1931.

Pero no podemos olvidar que las sufragistas eran un movimiento de mujeres burguesas blancas. En este contexto es importante recordar a mujeres como Sojourner Truth y Flora Tristán. Sojourner Truth fue esclava negra y no sabía leer ni escribir ya que estaba castigado con la muerte para los esclavos. Aún así, logró asistir a la Primera Convención de los Derechos de la Mujer donde tomó conciencia de la doble exclusión que sufrían las mujeres negras: por ser mujeres y por ser negras. El discurso sufragista se centraba en los derechos de las mujeres blancas de clase media-alta sin tener en cuenta las realidades de otras mujeres como las negras o las obreras. Ante esto, Sojourner Truth decía: “Ese hombre de allí dice que las mujeres necesitan ayuda al subirse a carruajes, al cruzar las zanjas y que deben tener el mejor sitio en todas partes. ¡Pero a mí nadie me ayuda con los carruajes, ni a pasar sobre los charcos, ni me dejan el mejor sitio! ¿Y acaso no soy yo una mujer? ¡Miradme! ¡Mirad mi brazo! He arado y plantado y cosechado, y ningún hombre podía superarme. ¿Y acaso no soy o una mujer?”. Las aportaciones de Sojourner Truth fueron importantes, no sólo porque hicieron ampliar el foco de las mujeres blancas ricas a todas las mujeres, sino también porque tiraban por tierra todos los estereotipos femeninos sobre la debilidad, delicadeza, etc., de las mujeres.

Del mismo modo, Flora Tristán puso el foco en las mujeres obreras, denunciando la doble discriminación: de género y de clase. Flora Tristán sufrió las discriminaciones y humillaciones que su época reservaba a las mujeres pobres: la obligaron a casarse con un hombre, que la maltrató psíquica, física y sexualmente, para escapar de la pobreza extrema; finalmente huyó de su marido que la intentó matar y violar a su propia hija. Sufrió el desprecio por ser una mujer separada allá donde fuese pero, lejos de amilanarse, se hizo consciente de su realidad y se volcó en la actividad política y en su compromiso con el movimiento obrero y feminista que reflejó en su libro “Unión Obrera” publicado en 1843. Sobre la situación de la mujer en su época, Flora Tristán declaraba: “La mujer es la proletaria del proletariado”.

El movimiento sufragista se centró en conseguir el derecho al voto, pero las reivindicaciones de la segunda ola del movimiento feminista eran más amplias. Seguiremos hablando de ellas.