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La letra violeta

Historia del Feminismo IV

No podemos pasar a la tercera ola del feminismo sin antes hablar de Simone de Beauvoir. Fue filósofa, escritora y profesora francesa y una de las referentes de la corriente filosófica del existencialismo junto con Jean-Paul Sartre y Albert Camus entre otros.

Simone de Beauvoir

En 1949 publica su libro “El segundo sexo” que sigue siendo uno de los textos clásicos del feminismo. En su libro, Beauvoir expone la idea de que “No se nace mujer, se llega a serlo” según la cual, las mujeres y los hombres nacen como iguales y son las distintas sociedades y culturas las que establecen las diferencias y las bases de la discriminación a las mujeres. En esta idea se fundamentará también la Teoría de Género.

Con su libro, Simone de Beauvoir reactivo el feminismo y abrió nuevos frentes de pensamiento y crítica social en una época en la que, tras haber conseguido el derecho al voto, el feminismo había quedado como aletargado.

La Tercera Ola del feminismo se inicia en los años sesenta y llega hasta la actualidad.

En la Segunda Guerra Mundial, con la retirada de los hombres al frente, las mujeres de nuevo tuvieron que hacerse cargo de las tareas de la administración del estado y de la industria bélica. Acabada la guerra y con el regreso de los hombres, se pretendía que las mujeres volvieran a ocupar sus lugares en el ámbito domestico, pero demasiadas mujeres no estaban dispuestas a ese retroceso.

Se rediseñó entonces el hogar como un espacio bello y deseable, lleno de modernos electrodomésticos en el que las mujeres pudieran sentirse felices y realizarse. Obviamente, no funcionó. Esa renovada imagen de un hogar que seguía siendo tan limitante y opresivo como lo había sido siempre, llevo a las mujeres a problemas generalizados de depresión, alcoholismo y ansiedad. Parecía inexplicable: los ámbitos domésticos eran bellos y modernos, se bombardeaba a las mujeres con anuncios en los que se les mostraba cómo de felices tenían que ser dedicándose a sus casas, maridos, hijos e hijas como si fueran robots sin personalidad, sin alma, sin iniciativa ni deseos propios y “curiosamente” las mujeres, lejos de ser felices, caían enfermas.

Fue Betty Friedan quien identifico este ”problema que no tiene nombre” en su libro “Mística de la feminidad” publicado en 1963. El libro fue un éxito y, al leerlo, miles de mujeres identificaron sus malestares que habían sido incapaces de identificar tras el precioso envoltorio de modernidad y diseño que escondía una vida en la que seguían sin poder tener proyectos propios ni opciones de realización que no fuera exclusivamente como madres y esposas.

Como vemos, tanto el pensamiento feminista como sus demandas en la Tercera Ola se van sofisticando. Nacen distintas corrientes dentro del feminismo como el Feminismo de la Igualdad, que se fundamenta en la idea de democracia y de la conquista de los derechos civiles que muchas veces se contrapone al Feminismo de la Diferencia, que se centra en una nueva construcción de un “orden simbólico” que trascienda las ideas clásicas de sexo y género. También tenemos el Feminismo Radical que se centra en la lucha contra el patriarcado considerándolo el germen y la raíz del sistema estructurado de opresión a las mujeres.

El Feminismo Radical supone la gran revolución de la Tercera Ola porque pondrá su foco en el ámbito privado que hasta entonces no se había tocado. Pese a las grandes conquistas en la esfera pública, dentro de los muros del hogar las mujeres podían estar sufriendo malos tratos físicos, psicológicos y sexuales sin que el conjunto de la sociedad entendiera que esto fuera asunto suyo. El Feminismo Radical lucha por los derechos humanos de las mujeres en todos los ámbitos sin límites y haciendo especial hincapié en que el ámbito domestico no podía ser un refugio para el abuso contra las mujeres. Su ideología se manifiesta en la máxima: “lo personal es político”. Dicho de otro modo, lo que le pase a una mujer, ya sea en un ámbito público o privado, por el hecho de ser mujer es problema de todas las mujeres y por tanto es problema de toda la sociedad.

Todas estas corrientes de pensamiento feminista y las que van surgiendo, como el ecofeminismo o el ciberfeminismo, entran a debate para conseguir un mundo más plural y más justo y, pese a las intensas diferencias que pueden generarse en ocasiones, saben unirse en una agenda feminista común que reivindique el fin de la violencia machista.