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Salud

El sol y la vida

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La mayoría de los seres vivos necesitan la luz solar para poder realizar sus funciones fisiológicas de forma correcta. Entre ellos, quizás sea el ser humano el que más necesite el sol para mantener una buena salud física y emocional. Nuestros hábitos de vida e incluso nuestro humor cambian según el tiempo y la cantidad de luz que recibimos. La exposición diaria a la luz solar es esencial para ayudar a mantener el ciclo sueño-vigilia, activar la circulación, favorecer la síntesis de vitamina D3, reforzar el sistema inmunitario y mantener el equilibrio del sistema nervioso.

La vitamina D3 es la única que los seres humanos podemos sintetizar mediante la luz solar y también obtenerla mediante la alimentación. La mayoría de las personas podrían cubrir hasta un 90 % de sus necesidades con una exposición solar adecuada a lo largo del año. Sin embargo, la exposición inadecuada y excesiva a los rayos solares (ultravioleta e infrarrojos) también puede producir daños importantes en nuestra salud. Los rayos ultravioleta de tipo A (UVA) penetran profundamente en nuestra piel, siendo los  principales responsables del envejecimiento y las arrugas prematuras de la piel. Los rayos ultravioleta de tipo B (UVB) llegan únicamente a la capa superficial de la piel, siendo los principales responsables de las quemaduras solares y del cáncer de piel. El 45% de la radiación solar está formada por rayos infrarrojos, que son capaces de penetrar hasta 10 milímetros a través de la piel produciendo pérdida de firmeza y elasticidad.

La costumbre del bronceado ha sido una moda que ha crecido de forma desmesurada durante el siglo XX en nuestro país, concentrando en unos pocos días el tiempo de exposición solar que deberíamos haber recibido a lo largo de todo el año. Es importante conocer que el bronceado es un mecanismo de defensa de nuestra piel para protegerse frente a los rayos solares. Las radiaciones UVA actúan y oxidan la melanina (pigmento que da color a la piel) y provocan un bronceado que desaparece muy rápido, mientras que las UVB lo hacen sobre las células productoras de melanina (melanocitos), activan su producción y ocasionando un bronceado más duradero. Las personas con piel muy blanca es posible que nunca consigan ponerse morenos y en cambio puedan sufrir importantes quemaduras (ponerse rojo no es una fase previa del bronceado). Asimismo, las horas de mayor riesgo de quemaduras son aquellas en las que el sol incide perpendicularmente sobre la superficie de la Tierra, es decir las horas del mediodía. Las horas más seguras son las de la mañana y las del atardecer.

Y llega la pregunta: ¿cuánto tiempo debemos tomar el sol cada día para obtener sus beneficios sin correr riesgos?

Un estudio de la Universidad de Valencia establece que en los meses de invierno de nuestra zona geográfica, se necesitan cerca de 130 minutos al sol para que la piel genere las dosis necesarias de vitamina D3, y gran cantidad de ese tiempo está condicionado por la vestimenta, que solo deja de media un 10% de la piel al descubierto. En los meses más luminosos como abril y julio bastaría con estar al sol unos diez minutos, pues el cuerpo está descubierto aproximadamente un 25%. En los meses cuyo tiempo es estable como octubre, sería necesaria una media hora para obtener nuestra dosis de sol necesaria. Los niños y ancianos tienen menor capacidad para generar vitamina D3, por lo que en muchas ocasiones será necesario administrarla de forma farmacológica.

Debemos tomar el sol cada día y aunque en Sigüenza es difícil en invierno, deberíamos aprovechar cada rayo, sobre todo cuando lleguen marzo, abril y mayo, en los cuales el sol no es tan perjudicial y nuestra piel se irá preparando para cuando llegue la radiación intensa del verano. No se trata de tomar el sol 2-3 horas diarias de forma continuada, basta con salir a pasear al sol o hacer deporte el exterior con brazos y piernas descubiertas a la menor oportunidad. Una vez que llegue el pleno verano con un sol intenso, nuestra piel agradecerá estar bronceada, protegida así de radiaciones y del riesgo de quemaduras solares. ¡Acuérdense cuando eran chicos y a partir de marzo sus brazos y piernas ya lucían el moreno que habían adquirido correteando por la calle!

Pero como casi todos los años, acabó la primavera y no pudimos tomar los saludables aires de marzo y abril. Pues evite los baños de sol de gran intensidad, con diez o quince minutos al día será más que suficiente, y haga uso de cremas de protección solar, gorras sombreros y sombrillas. Los paraguas son un excelente método barrera para protegernos, ya que son capaces de evitar hasta tres cuartas partes de la radiación ultravioleta durante un día soleado. También debemos proteger nuestros ojos con gafas con filtro de protección UVA-B desde la infancia, ya que estas radiaciones son posiblemente la causa principal de la aparición precoz de cataratas en nuestros ojos y el 80% de la absorción de rayos ultravioleta en los ojos se produce antes de los 18 años siendo sus efectos acumulativos.

Una exposición inadecuada y excesiva a la radiación solar también puede alterar la función de los glóbulos blancos y debilitar el sistema inmunitario. Es importante tener en cuenta que a pesar de la gran capacidad regeneradora que tiene nuestra piel, en ocasiones algunas de las células dañadas por la exposición al sol permanecen en nuestra dermis y con el tiempo pueden convertirse lesiones cancerosas, tema que trataremos en el próximo artículo. Durante este verano recuerde: 

“El bronceado es pasajero, el envejecimiento de la piel es para siempre”